A diferencia de las personas, los cuadros pueden ser inmortales, eternos. A menos que alguien los queme, claro. Es lo que pasó durante el régimen nazi de Adolf Hitler, que miles de obras acabaron en la hoguera por ser consideradas arte degenerado. Por suerte, “Dos mujeres desnudas” de Otto Mueller se salvó de las llamas; Luz nos cuenta la historia de este cuadro eterno.
En este cómic lo más rompedor es la perspectiva de las viñetas planteada por Luz: el cuadro del título se sitúa en el mismo plano que el lector y parece que los personajes nos miren directamente a los ojos cuando, en realidad, lo que hacen es contemplar la obra pintada por Mueller. Este enfoque tan peculiar permite que nosotros los lectores (y el cuadro) seamos testigos de excepción del auge del nazismo en Alemania y de la confiscación de bienes artísticos a los judíos.
El artista francés Luz, que por cierto se salvó por poco de la masacre en la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo, representa incluso una visita personal del Führer a una exposición sobre el “Entartete kunst” (arte degenerado) en la que declara: “Hay que acelerar la arianización de los museos, sin dilación. Tendríamos que llegar a limpiar nuestros museos de degenerados del pasado como Rembrandt y sus cuadros del barrio judío de Ámsterdam”.
Pero lo más grave es que todo lo representado en las magistrales páginas de este cómic ocurrió de verdad, ya que el artista ha realizado una grandiosa labor de documentación previa. “Dos mujeres desnudas”, el álbum, ha recibido ya varios premios importantes mientras que el cuadro, por fin, se puede contemplar en la última página y en el Museo Ludwig de Colonia. Ambas obras se erigen pues como un alegato precioso en defensa del arte y de la memoria.

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