A Álvaro, el cantante, no dejan de temblarle las piernas. “Está siendo un parto difícil, teníamos unas ganas terribles ya por sacarlo”. Este es su segundo álbum, pero está cargado de primeras veces. Estrenan nueva formación, con José Guereñu a la batería, que sonríe de oreja a oreja cuando hablan de él. “Que José haya venido ha sido algo súper positivo para la banda: entró en un momento que era justo la composición del disco a saco”. Aunque el cambio, a principios de 2025, fue “bastante duro”, Luis, Laro y Álvaro tenían claro que “se venía una cosa muy grande con el segundo disco” y necesitaban estar to(l)dos en sintonía. Si no se hace así, pedalear se vuelve cuesta arriba. Que se lo digan si no a ese conejo de la portada que parece estar todavía aprendiendo a montar. Explican que querían “una estética como de DIY, un poco garabato” en la portada y se lo hicieron saber a María Pérez, la diseñadora (Jesse Baez, Pedro LaDroga, Festival Observatorio). Es, simplemente, “un conejo feliz en bicicleta que hacía tiempo que quería estar así”, apuntan. Y, en general, esa es la onda sincera y naíf que recorre este álbum. Quizá lo de rescatar referencias musicales de su adolescencia ha tenido algo que ver para moldear los temas de esa manera. Nombran a The Strokes y a Blur, pero Álvaro se queda algo desencajado. “Yo nunca fui tan guay, la verdad… No escuchaba eso de pequeño”, a lo que Laro le anima entre risas: “Bueno, nosotros hemos vuelto a la adolescencia, ¡y tú has entrado en la adolescencia!”.
“Estamos currando mucho en las transiciones entre canciones y en profesionalizar más el directo"
Hay algo tierno y divertido en ver a cuatro músicos de veintitantos relamiéndose con cada detallito de su disco mientras comen chocolate con churros. Toldos Verdes no dejan de ser un microbiólogo opositor, un panadero (“¡escultor de panes!”, se autodenomina Luis), un ex trabajador de Correos y un arquitecto. Por mucho que la experiencia de grabar este trabajo les hiciera sentir como artistas en Las Vegas. “Nos fuimos a grabar el disco una semana a Granada, a los Estudios La Mina, y fue como un campamento de verano con Diego Escriche [productor]”, recuerdan. Sus horas se llenaban con sesiones de grabación junto con Raúl Pérez y mucho, mucho ping pong. “Nos fuimos de paseo al pantano con unas latas y, de repente, acabamos todos borrachos en un club náutico. Luego nos engorilamos y, como somos muy fans del ping pong, pedimos tele-kebab al pantano”. El repartidor les llevó el manjar al mismísimo campo de juego. “Estuvimos jugando y comiendo kebab, en plan… la peor vida que puedes tener”. Pues yo me muero de envidia.
Además de Diego Escriche, quien os sonará por liderar La Plata y haber trabajado con Depresión Sonora, La Paloma o Rojuu entre otros, también encontramos la caligrafía de Maite Gallardo (ex integrante de Shego y pareja de Álvaro) en las letras de este nuevo álbum. “Es una letrista increíble”, señala él, “y no es que no me gusten las otras cosas de Toldos, pero las letras siempre fueron algo que me apetecía mejorar”. Muchas pistas surgen de la intimidad de ambos en su cuarto y del apoyo mutuo. “Es bastante fuerte que este disco esté fuera y que haya estado tan involucrada”, concluye.
En cualquier caso, el trabajo entre colegas sigue siendo necesario para mantener el equilibrio. Laro rememora cuando escribieron juntos “San Petersburgo”. “Es un tema que habla directamente de esos amigos con los que pierdes un poco la relación, pero que siempre tienes presentes, vayas a donde vayas”. Les pregunto por qué esa ciudad y se miran entre ellos buscando una explicación que no existe. Solo querían un lugar muy alejado y remoto. Aun así, la canción ha llegado hasta la ciudad rusa. “Una chica nos respondió a un comentario diciendo: ‘Soy de San Petersburgo y me gustaría saber por qué habéis dicho tal…’”. Lo dicho: vayas a donde vayas, Toldos Verdes están ahí.
Incluso en Vallecas (“Ascensión Bielsa” hace referencia a la calle por la que el vocalista paseaba con su abuela por el barrio), en medio del campo (“Me duele la cabeza” habla sobre ese deseo de pasar tiempo entre césped, aunque admiten que pronto se les pasa y quieren volver a por unas cañitas a Madrid) o en sus casi veinte citas por España los próximos meses. “Estamos currando mucho en las transiciones entre canciones y en profesionalizar más el directo: estamos dando mucho para que eso suene cañón, cañón”, aseguran entusiasmados. “Somos una banda de directos”, repiten en varias ocasiones. Les pido que, como tal, te convenzan a ti, que estás leyendo esto, para certificarlo. Estimado “Mondo entero”, proclaman, “nuestros conciertos son saltos y energía: te apetecerá un bailoteo, pero también abrazar a tu amigo o amiga. Venid tristes y saldréis contentos”. Firmado, Toldos Verdes.

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