En contra de lo que suele ser habitual con las bandas que despuntan en un chispazo, el paso del tiempo ha jugado a favor de la popularidad de Royal Blood, sobre todo en las audiencias más jóvenes. El tiempo transcurrido entre el anuncio de su primer concierto en Barcelona y el momento en el que, cancelación de por medio, se ha celebrado ha servido para que incrementase el número de fieles rendidos a su propuesta y para que un concierto inicialmente previsto en la sala pequeña de la barcelonesa Apolo acabase colgando el sold out en la grande. Y es que los chicos de Royal Blood han venido, de algún modo, a llenar un vacío, el que dejó la desaparición de The White Stripes (con Jack White sonando más clásico y menos bruto) y la deriva más psicodélica de Josh Homme y sus Queens Of The Stone Age (algo que les ha despegado del público menos curtido). Mike Kerr y Ben Thatcher se han quedado con la fórmula más evidente y al mismo tiempo más efectiva de ambos, componiendo canciones que buscan la eficacia desde el primer segundo y evitan las complicaciones. Vamos, que Royal Blood saben que “Feel Good Hit The Summer” esconde las claves del camino a seguir: el riff pesado, los parones, la voz crispada y las notas agudas encajadas en el momento exacto. Y ahí han acertado plenamente.

No me cabe la más mínima duda de que saben cómo sacarle partido a lo aprendido de unos padres que les han dejado el camino abierto. Por eso, sus conciertos se vienen totalmente arriba cuando interpretan “Figure It Out”, “Little Monster”, “Come On Over” o “Out Of The Black”, sus canciones más rotundas y que sobre el escenario defienden con un sonido certero y francamente sólido. Por eso, el inicio y el final de su primera actuación en Barcelona tuvieron como respuesta una excitación que merecían. Ahí no hubo peros posibles: Royal Blood funcionan y son mucho mejores en concierto que buena parte de las bandas de pop británico de ahora mismo. Ahora bien, esa procedencia esconde también parte de las carencias del grupo. A Kerr y Thatcher se les ve algo encorsetados a la hora de comportarse, les falta espontaneidad (sobre todo a Thatcher a quien alguien habrá aconsejado mal como desenvolverse en escena cuando no está golpeando su batería) y dejarse llevar como su música requeriría. Las bandas de rock británicas no son las estadounidenses y pocos son los casos que se convierten en excepción. Incluso así, Royal Blood dejaron claro a su paso por Barcelona que son un dúo sólido sobre un escenario, aunque en realidad el peso caiga en casi todo momento en Mike Kerr, el clarísimo líder de Royal Blood. El tipo sabe cómo sacarle el máximo rendimiento a su bajo y a su pedalera, combinando sonido agudo y grave a toda velocidad, bajando y subiendo por el mástil a la búsqueda de una única nota chillona que contrapunte la línea de bajo que dirige una canción, pulsando una única cuerda cuando es necesario o maniobrando con fluidez entre las cuatro para enriquecer su sonido. A falta de que se demuestre lo contrario, Kerr es la mayor baza de Royal Blood y Royal Blood es una banda de rock para público pop que cumple con solvencia el papel que juegan en el momento actual.

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