De la mano de artistas icónicos de la talla de Ziggy Marley y Marcia Griffiths haciendo bandera del reggae más clásico, pasando por el reggae moderno con pinceladas dancehall de Chronixx, Busy Signal y Green Valley y por los vientos energizantes del sonido reggae y hip-hop de los franceses L’Entourloop, la 26ª edición del Rototom nos ha transportado a un universo reggae marcado por experiencias musicales que fluctúan entre el afro, soul, dub y rocksteady pero también por las ganas de construir un grito colectivo contra el cambio climático y de reflexionar sobre la diversidad del continente africano con estrenos como el espacio de diálogo Ataya del African Village.

El evento de reggae más multitudinario de Europa ha demostrado un año más su buena salud. En esta 26ª edición (la décima en territorio castellonense), ha conseguido congregar a más de 202.000 asistentes de 76 nacionalidades distintas y registrar 7 millones de reproducciones de streaming.

Este año el Rototom ha puesto su mirada en la defensa y el cuidado del planeta bajo el lema “Stand up for Earth”, que ha vertebrado una de las ediciones más reivindicativas caracterizada por una fuerte presencia de movimientos sociales. Esta cita llega en el momento climático más histórico y alarmante de las últimas décadas, en el que hemos podido observar cantidades desorbitadas de plásticos inundando océanos y mares, el ascenso de la temperatura global de La Tierra o el agotamiento de recursos naturales, pero también hemos vivido la irrupción con fuerza del movimiento estudiantil Fridays for Future en pos de la justicia climática. Desde la organización del festival se han eliminado por completo las botellas y los envases de plástico de un solo uso, se ha incrementado el número de casetas de recarga de agua, las pajitas convencionales han sido sustituidas por unas biodegradables de almidón de maíz y se han instalado hasta 40 contenedores para colillas. En resumen, diferentes acciones destinadas a un mismo objetivo final: el de reforzar la filosofía “greensplash” de un Rototom más verde que nunca.

El Main Stage capitaneado por su estela reggae

Con la percusión y los cantos de la incansable batucada, el Main Stage despertaba cada jornada a ritmo de un buen cóctel de géneros capaz de abarcar desde el reggae clásico, pasando por el sonido ska y el rocksteady, hasta el rap y alguna que otra visita a paisajes más electrónicos.

Constituyendo la cuna de los espectáculos más destacados de una edición marcada por los aniversarios de veteranos grupos como The Abyssinians, Misty in Roots, The Selecter o Third World, algunos de ellos celebrando más de cuatro décadas en la industria, el escenario principal ha dado con la receta ideal de una programación que ha sabido conjugar estas voces experimentadas con el infatigable flujo de artistas que comienzan a abrirse paso en la escena.

Marcia Griffiths, una de las soberanas del festival con 55 años de trayectoria a sus espaldas, fue pieza clave y conquistó con creces el escenario principal una vez más. Aglutinando un sinfín de temas icónicos rindió homenaje a aquellos artistas que han dejado huella en su carrera. De los éxitos de Bob Marley, al que acompañaba en sus tiempos como integrante de las I Threes, dio también un repaso a parte de lo nuevo con su último lanzamiento, Timeless”.

Sevana

En clave femenina también, pero desde una perspectiva joven, la jamaicana Sevana (arriba en la foto) demostró una calidad vocal y presencia bajo los focos como nadie en esta edición. De un lado para otro en el escenario, quien fuera la primera en firmar con el colectivo Protoje, cabeza de cartel del Rototom 2018, supo mantener la atención de una asistencia respetable. De mismo modo, Lila Iké, estrella emergente descubierta también por Protoje, protagonizó un espectáculo a la altura de la anterior. Enfundada en un traje verde lima, puso todo de sí misma para hacer bailar a su público y transmitir el buen rollo que le caracteriza a ritmo de sus temas más pegadizos, como “Second Chance” o la versión de “Mama Africa” de Garnett Silk. Continuando con los nuevos talentos femeninos, esta vez del panorama nacional, Iseo & Dodosound (foto de abajo) fue otra de las citas imprescindibles con el Main. El dúo estaba de vuelta por el festival dos años después de su última visita, sin embargo su crecimiento desde entonces ha sido exponencial gracias a una visión original e intimista del reggae, como han reflejado desde su último álbum Roots In The Air”. Ya en la recta final del festival, la jamaicana Jah9 tampoco decepcionó. La poeta y cantautora era carisma en estado puro. Una voz potente y una puesta en escena brutal fueron los componentes perfectos para un espectáculo incisivo y crudo como ninguno. No faltaron las referencias a “su cosa verde favorita”, con la interpretación de “The Marijuana”, y al amor con sus temas más candentes.

Iseo & Dodosound

El triplete jamaicano de Chronixx, Busy Signal y Bushman también merece un tratamiento especial. Ya desde la primera jornada, el jovencísimo Chronixx desplegó su show frente a una pista predispuesta a pasárselo bien. El espectáculo más discreto de los siete cierres del Main se caracterizó por un Jamar McNaughton reservado y no demasiado dinámico, que abarcó una extensa variedad de estilos siempre unidos a la rama del reggae y el dancehall dejando constancia de su intachable versatilidad. Por su parte, la densa voz de barítono Bushman fue elemento principal de un directo vital. Dwight Duncan hizo a todos partícipe de su preocupación por mantener la pura esencia rastafari desde las letras de sus canciones root reggae. No obstante, no sería hasta Busy Signal cuando la 26ª edición viviría su cierre más potente. Constituyendo uno de los máximos reclamos del cartel, su show estuvo a la altura de las expectativas. En un espectáculo dictado por las ocurrentes versiones reggae de artistas como Phil Collins y Lionel Richie, no pudieron faltar las sorpresas como la aparición de la catalana Bad Gyal, quien subió a cantar su última colaboración, “Santa Maria”, o la emocionante “Jamaica Love” para cerrar un concierto por todo lo alto.

Mención aparte merece la aparición de la gran estrella Marley de la jornada del miércoles. Ziggy Marley (foto de abajo y principal) saltó al escenario para brindar a los más fieles del reggae una exhibición del gran legado de los clásicos de su padre. En un repertorio caracterizado por el mestizaje rock, dance y pop, Ziggy exhibió una capacidad todoterreno en el ámbito rastafari. Sin olvidar los temas de su último álbum, “Rebellion Rises”, el hijo de Bob Marley se dejó la piel ante una pista entregada que coreó “We Are The People” y “Love Is My Religion” hasta dejarse la garganta.

Ziggy Marley

La interpretación de bandas sonoras de clásicos del reggae cinematográfico fue también parte sobresaliente del programa. El creador de la banda sonora de Babylon, Dennis Bovell, y el actor protagonista Birnsley Forde fueron los encargados de dar vida a la música de la película desde las tablas. Junto a ellos apareció, asimismo, el trombón de las grabaciones originales. Otro de los films obligatorios, Rockers, fue materializado sobre el escenario a manos del batería y actor principal Leroy Horsemouth Wallace, el cantante Kiddus I y el bajista Lloyd Parks acompañados de la banda Kushart.

La representación nacional en el escenario Main Stage fue equilibrada y, sin lugar a dudas, estuvo más que equiparada en términos de asistencia a la programación internacional. Desde Macaco, en la primera jornada, el llenazo fue una evidencia. La banda de Barcelona sorprendió con un concierto que no solo se centró en el mix de reggae, rap y rumba, sino que aprovechó también para reivindicar el amor, la igualdad y la necesidad de tomar conciencia por el planeta en el que vivimos. El estallido de aplausos llegó cuando el cantante manifestó la urgencia de cambiar las cosas dando un mensaje de sincero apoyo a los compañeros del Open Arms. Se disfrutó también del trío armónico reggae de los madrileños Emeterians. A caballo entre lo clásico y lo contemporáneo, el grupo contó con algunos invitados especiales en su concierto como el chileno Thiano Bless y la australiana Saritah. Otra de las actuaciones estrella del marco nacional fue la de Green Valley & Friends (foto de abajo). Asiduos a lo largo de numerosas ediciones del festival, la formación álavo-barcelonesa ofreció un concierto especial en celebración de los diez años del Rototom en España con uno de los shows más extensos de las siete jornadas de la mano de diez intensas colaboraciones de artistas de renombre como Morodo, Rayden, Swan Fyahbwoy y Macaco, entre otros. Un cierre de Main Stage emocionante y único.

Green Valley

 Los rugidos salvajes del Lion Stage

Mientras tanto, en las actuaciones del escenario vecino Lion Stage también aguardaban un buen número de sorpresas. Abrió con el show especial a cargo de Mad Professor que, bajo el nombre de The Next Generation of dub, reunió a artistas como Lady Marga, Zeena o Redhed. Dinámico y sin pausa, fue un espectáculo enérgico en el que todos los invitados dieron la talla para dar por inaugurado el león del festival.

Si por algo se caracterizaron las intervenciones del Lion fue por la grandísima variedad de nacionalidades que se mostraron sobre las tablas. Desde Puerto Rico sorprendieron International Dub Ambassadors, con un sonido casi cercano a la psicodelia. Por su parte, el reggae norteamericano estuvo defendido con creces por artistas como Aaron Nigel Smith, conjugando su roots reggae con un tono reivindicativo que llegó a oídos de todos con los temas de su álbum Our America”. Continuando en EE.UU, la New York Ska-Jazz Ensemble dio una lección de ritmo y reggae mestizo entre las bandas jamaicanas de hace medio siglo y el sonido jazz, con versión reggae de la composición de Paul Desmond “Take Five” incluida.

Inglaterra fue representada por la brillante Eva Lazarus, procedente de Bristol. Escoltada por los miembros de la banda Royal Sounds, desplegó su chorro de voz ante el respetable para presentar los últimos temas de “More Fyah”. La joven banda inglesa Gentleman’s Dub Club, quizá obteniendo un éxito más reducido, combinó una elegante puesta en escena en la que todos los músicos se mostraban uniformados al compás del salvaje sonido de su roots reggae.

Desde Francia, Taïro lideró una actuación capitaneada por el género dancehall. Consolidado como uno de los artistas más destacados de su región, el francés brindó un show digno y concurrido a pesar de solaparse con uno de los máximos reclamos de la jornada en el Main Stage. Por su parte Naâman constituyó otra de las propuestas más interesantes del escenario secundario. Quien ya había visitado el festival en anteriores ediciones fue testigo de un llenazo considerable entonando los éxitos de su álbum Beyond”.

Otro de los shows imprescindibles de esta edición corrió a cargo de Brusco & Roots In The Sky. El deejay reafirmó su trono como rey del reggae italiano congregando a una pista abarrotada de dicha nacionalidad dándolo todo en sus primeras filas.

La sección nacional en Lion Stage quedó bien representada con grupos como Jamaleònics, que fueron protagonistas de uno de los cierres más adictivos e intensos de la presente edición, así como los también valencianos The Dance Crashers, una de las bandas marca de la casa año tras año, o la banda reggae de la nueva ola procedente de Lleida, Koers. Enlazando España con Italia, el proyecto Women Soldier ofreció un directo especial organizado por el barcelonés Chalart58 y dedicado a cuatro artistas de influencias muy dispersas entre sí: Belén Natalí, Awa Fall, Matah y High Paw. Para cerrar, la voz de la sevillana Alba RJ, sobre el escenario como All B & Dub Troubles, puso patas arriba a los que todavía tenían fuerzas para bailar su atractivo estilo de DJ y dub digital.

La madrugada más frenética al mando de Dance Hall y Dub Academy

Las notas sobresalientes del escenario Dance Hall estuvieron protagonizadas por grupos de renombre como los músicos y productores jamaicanos Ward 21, quienes, con algo más de 20 años en la industria, ofrecieron un buen espectáculo combinando técnicas beatbox y alentando la participación de un público decidido a no dejar de mover los pies.

Por su parte, el soundsystem alemán Sentinel hizo vibrar a una pista sedienta de los ritmos dancehall que últimamente se han asomado en la escena comercial en forma de remixes como “Informer” de Snow o “Murder She Wrote” de Chaka Demus & Pliers. Los aniversarios no solo fueron en el Main Stage: Renaissance Disco también celebraban sus 30 años en el panorama. Festejaron su cumpleaños en el escenario más bailable del Rototom a manos del selector jamaicano Jazzy T y una buena combinación de los hits más sonados de ayer y hoy.

La fusión reggae del artista Stylo G tampoco pasó desapercibida. Esta estrella emergente del dancehall británico, que participó el año pasado en el single “Contigo” junto a la versátil Mala Rodríguez, encendió la llama acompañando con bailes y saltos un repertorio muy animado.

La cultura soundsystem de las vibraciones profundas y el deleite compartido se vivió en su máxima expresión una vez más en la Dub Academy. Sesiones interminables desde las diez de la noche hasta casi el amanecer cubrieron de ritmos lisérgicos el escenario que nunca duerme. El sistema de sonido francés Blackboard Jungle, de la mano de los pioneros del dub en Cataluña y España Green Light Sound System y 48 Roots en las últimas jornadas fueron buen ejemplo de ello.

Más vibraciones potentes corrieron a cuenta de Mad Professor. El reputado productor dub se encargó durante la primera jornada del festival de hacer entrar en trance a un público deseoso de más reverberaciones penetrantes en uno de los shows que más dieron que hablar.

Y por si no fuera suficiente, las carpas Caribbean Uptempo y Jumping custodiaron pinchadas que iban desde el mejor afro, soul, r&b y funk hasta lo último de la escena dubstep, drum&bass y trap. Unas creaciones sonoras adictivas en cada una de las maletas de los destacados dj’s que pasaron por allí como Natty Bo o Gladdy Wax, entre otros.

Mucho más que música: espacios de debate y reflexión para defender la Tierra

Pero lo que le hace verdaderamente singular al Rototom no son sus grandes cabezas de cartel ni su excepcional ambientación. A través de la cultura rastafari, este festival ha logrado construir una experiencia que traspasa los límites de lo estrictamente musical. Se ha erigido como un altavoz que difunde los valores de rebelión y convivencia de la música reggae. Con la música reggae como hilo conductor, el Rototom articula una narrativa conjugando elementos musicales, culturales y sociales. Un variado cóctel lleno de matices, colores y multiculturalidad donde es inevitable sentirse interpelado directamente a la reflexión.

La batuta de la programación del Reggae University la portaron las voces de Marcia Griffiths, Sister Maryjane, Lila Iké y Sevana. Estas últimas hicieron una lectura sobre la mujer en el reggae poniendo el acento en que en la música, como en cualquier vía de expresión, todo ser humano tiene la necesidad de manifestarse artísticamente, independientemente de su sexo. En sintonía con los coloquios protagonizados por los artistas, también se pudo disfrutar de las proyecciones de los clásicos Babylon, Reggae Boyz y Rude Boy, películas icónicas que permanecen en el imaginario colectivo por su mensaje transformador sobre la cuestión racial y la música jamaicana. Uno de los broches finales en la universidad del reggae lo puso el premio Africa Peace Award. El galardón, otorgado por el director regional de URI for Africa, Mussie Hailu, ha reforzado el liderazgo de un festival cada vez más diverso e inclusivo que apuesta por la paz y la convivencia.

A unos pocos metros de distancia llegan a nuestros oídos los característicos ritmos de percusión de la música africana. Es el African Village, que se abre paso con fuerza de la mano de sesiones de baile de la escena musical africana actual y de grupos como Ngomez Nokass, banda que hizo vibrar el ambiente a golpe de tambor. Sus danzas enérgicas no solo estuvieron protagonizadas por sus integrantes, sino también por gente del público que se entregaba en el escenario ante los vítores del resto de músicos. Sin embargo, la novedad a destacar del African Village ha sido Ataya, un espacio de encuentro de diferentes voces de la cultura africana que ha dejado muy buen sabor de boca. “No es suficiente con no ser racista, hay que ser antirracista”. Con esta contundencia arrancó #WeAreMore, campaña promovida en redes que pone el foco en mirar más allá de la categoría racial de los africanos y afrodescendientes. En este encuentro casi íntimo se compartieron experiencias que evidenciaron las discriminaciones todavía latentes contra la comunidad africana. A través de las palabras de uno de los presentes, pudimos conocer la retención policial en busca de drogas que había sufrido tan solo hace unos días cuando se disponía a volver a casa tras el término de una jornada del festival. Testimonios que ponen sobre la mesa cómo a tan solo unos pocos metros de un festival que lucha por la igualdad racial, ocurren actitudes racistas. Los activistas antirracistas Sani Ladan, Desirée Bela-Lobedde, Moha Gerehou y Yeison García también apuntaron soluciones de empoderamiento entre la comunidad negra como la unión de lazos para construir poder de cambio.

Ngomez Nokass

Un poder transformador que también se respiró en el Foro Social más reivindicativo de las últimas ediciones. Organizado por la ONG Asociación Cultural Exodus, se sentaron a debatir diversos representantes de movimientos sociales vinculados con la justicia climática y social. Uno de los llenos de esta edición lo logró el clip Dónde Irán, en el que Egoi Suso y los integrantes de la banda reggae Green Valley ponen la mirada en las miles de muertes de personas africanas en el mar. Siguiendo la estela del “Stand up for Earth”, Greenpeace y Extinction Rebellion alentaron a la rebelión civil por la defensa del planeta. Con un Greenpeace con un discurso más flojo tanto en forma como en contenido, ambas organizaciones ecologistas lanzaron un mensaje claro y contundente: la situación es más grave de lo que parece y hay que tomar medidas urgentes para combatir la crisis climática ya. En esta línea, animaron al público a participar en la Huelga Mundial por el Clima que se está organizando del 20 al 27 de septiembre y destacaron algunas herramientas para tomar partido en la lucha climática como el decrecimiento en lugar del desarrollo sostenible y las alternativas de energía ciudadana.

Con la llamada a la acción todavía en el cuerpo pasamos, con un tono mucho más sosegado, a analizar el insostenible modo de vida del sistema capitalista bajo la mirada de Frágil Equilibrio, obra ganadora del Goya al Mejor Documental 2017 que muestra tres escenarios de vidas atravesadas a través de una de las figuras más honradas de nuestro tiempo, Pepe Mujica. En este coloquio, su director Guillermo García y el actor que recrea su propia historia del salto a la valla de Melilla divagaron sobre aspectos de la condición humana reflejados en el documental, el cual nació debido a la emergencia humanitaria de temas que los medios de comunicación no estaban tratando. A pesar del tono crudo de estos problemas colectivos emergió una nota emotiva y esperanzadora cuando, al hacer un repaso de la vida actual de los actores del film, el protagonista del monte Gurugú comentó que actualmente la vida le estaba sonriendo con planes de futuro de estudio y con un trabajo en el que empezaría en una semana. Sin embargo, es consciente de que no todos los que llegan a España como él corren la misma suerte.

Punto y aparte se merece la intervención de una brillante Yayo Herrero que eclipsó el debate “Women for future” con su fuerza y determinación. Poniendo en valor el ecofeminismo y su reivindicación de colocar la vida en el centro, lanzó dardos contra las políticas europeas de migración de la socialdemocracia por “revestirse de derechos humanos pero ser igual de fascistas que las de Salvini”, apelando también a la necesidad de articular movimientos sociales fuertes para disputar la hegemonía cultural mientras los gobiernos no reaccionen. Un punto de inflexión marcado por la idea de sostenernos unos a otros, de construir comunidad y tejer lazos de solidaridad, de igual a igual y con el entorno que nos rodea. Enseñanzas que al mismo tiempo, comparten la filosofía reggae y un Rototom cada vez más humano.