“Hola Madrid, mucho gusto, mucho amor. Gracias por venir, gracias por follar”. No hay duda de que Flea sabe como dar una buena bienvenida. Con estos buenos propósitos iniciaron Red Hot Chili Peppers el primero de sus dos conciertos en el Barclaycard Center de Madrid. Un evento en el que los más noveles de la pista disfrutaron como solo se hace besando en una primera cita, y donde los puretas no dejábamos de recordar anteriores revolcones mucho más intensos.

Tuvieron un inicio de show demoledor: “Can’t Stop”, “Dani California” y “Scar Tissue”. Si en la primera mano llevas estos tres ases, es difícil perder la partida. El espectáculo era abrumador, una escenografía de primera división con lámparas de colores móviles, que subían y bajaban bailando hasta la mitad del techo del palacio. Chad vestido de púrpura Laker rompiendo el bombo, Anthony como recién salido del paseo de Venice Beach, Flea meneando su mística entrepierna multicolor. Y Josh… La sombra de Frusciante no es alargada, es aplastante. Sin duda el amigo Klinghoffer no es un mal guitarrista, pero tampoco es uno excepcional y en muchos momentos se le vieron las costuras: mucha pose y poco amor por los detalles. Frusciante era el mejor haciendo justo todo lo contrario. Hay que ser muy bueno para no hundir un show con este peso atado a las piernas. Pero si tienes al bajista más carismático de las tres últimas décadas, a Kiedis cantando y excitando como el súper frontman que es, y al doble de Will Ferrell lanzando baquetas desde la batería como un animal, te encuentras con un muro de sonido que sujeta montañas: podrías poner de guitarrista a tu cuñado pasado de copas jugando a “Guitar Hero”. Sí, Josh Klinghoffer puede que tenga el trabajo más divertido del mundo.

Tras este comienzo apabullante el repertorio fue de más a menos, repartiendo cinco canciones de su último trabajo en el set list: “The Getaway”, “Dark Necessities”, “Sick Love”, “Go Robot”… De todas ellas tan solo “Goodbye Angels” mantuvo el tipo en directo. Su nuevo disco no está a la altura del ritmo que imprimen los Peppers a sus conciertos. “By The Way” y “Californication” como hits de este siglo, y “Suck My Kiss” y “Give It Away” por parte de los noventa fueron los mejores momentos en una lista de canciones que se quedó muy escasa. Hora y media de bolo. Ninguna referencia de álbumes como “Mother’s Milk” o “One Hot Minute” es mucho lastre, pero irse de un concierto de Los Pimientos sin escuchar “Otherside” o “Under The Bridge” es como para enfadarse un poco. Si le sumas que en septiembre de 2016 deberíamos estar celebrando por todo lo alto el veinticinco aniversario de su mejor trabalenguas, “Blood Sugar Sex Magik”, el resultado es un buen chili pero poco picante.

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