Antes de adentrarnos de lleno en describir el espectáculo musculoso y rockero de los Red Hot Chili Peppers, toca citar a Foals, teloneros de excepción. Quienes sin llevar esas pintas de machote, tampoco dejaron títere con cabeza. Punteos de guitarra frenéticos y loops en los que perder la cabeza, subidones grandilocuentes y la omnipresente voz de Yannis Philippakis (“Spanish Sahara” o “After Glow”). Su elección como uno de los mejores discos del 2010 no fue casualidad.
Puntual apareció Chad Smith tras la batería para llenar de sonido un Palau Sant Jordi que sabía a lo que venía, un karaoke intergeneracional con tintes épicos. Y si no, que se lo pregunten al quinceañero sin camiseta de al lado, con el logo de RHCP pintado a rotulador que ocupaba toda su espalda. Y así, poco a poco, apareció el resto de la banda –de momento todos vestidos- y sonaron los primeros acordes de “Monarchy Of Roses”, extraída de su nuevo disco, “I’m With You” y el Sant Jordi vibró con los brazos en alto. Poco le duró la camiseta a Flea, quien, junto a Anthony Kiedis, habrán hecho un pacto con el diablo; si no, no se explica su capacidad para no solo sobrevivir, sino estar mejor que más de uno a quien doblan la edad. Así lo demostraron los bailes (Kiedis es el auténtico hombre mono) en “Dani California” o “Can’t Stop”, por citar algunas. Como siempre, Flea acaparó la atención de muchos con su particular show. Hubo más lugar para los temas nuevos que en su última visita hace cinco años, momento en el que presentaron “Stadium Arcadium”. Quizás el parón les haya servido para gestar un álbum con el que se sienten mejor y que parece funcionar así entre el público (“Ethiopia”, “Look Around”), o la coreadísima “The Adventures of Rain Dance Maggie”, con potencial para convertirse en una nueva “By the Way”. Llegaron también momentos sublimes como presenciar la inusual “Other Side”, pero sin duda, hubo un pero gigante a la noche de ayer. Y es que Josh Klinghoffer, nuevo guitarrista de la banda, se presentaba en sociedad como sustituto de John Frusciante y a pesar de ser un músico sobresaliente, la sombra del guitar hero es alargadasíma y se notó en momentos como “Under The Bridge” (¿alguien recuerda ese momento en blanco y negro con Frusciante tumbado en ese mismo escenario años atrás?) o a la hora de encarar el micrófono. Seguramente, este concierto ostenta el récord mundial de “air bass”, ya que todos nos convertimos en el hiperactivo Flea por minutos, como cuando sonó “Higher Ground” o “Californication”, que junto a “By The Way” dejaron el Palau con los brazos al aire y expectantes ante el bis. Una jam con toques afrolatinos de la mano del nuevo refuerzo del grupo, Mauro, dio paso a “Around the World”. El despliegue de luces y sonido fue pura eficacia, con audiovisuales cegadores a momentos y minimalistas a otros (las gaviotas en la puesta de sol) y pantallas convertibles que cambiaban la fisonomía del escenario. Un escenario que por cierto se vino abajo con el –predecible- final de “Give It Away” que desembocó en otra jam con la que Red Hot Chili Peppers dijeron adiós (bueno, Kiedis se marchó sin decir nada, algo que no gustó demasiado). Puro músculo, despliegue de rock y adrenalina ensayado hasta la saciedad, que no por previsible impidió al público entregarse al cien por cien.