El Pirineos Sur es otra cosa
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El Pirineos Sur es otra cosa

8 / 10
Don Disturbios — 27-07-2026
Fecha — 26 julio, 2026
Sala — Auditorio Natural de Lanuza
Fotografía — Foto de portada por Jaime Oriz (Cedidas por la organización)

Cualquiera que haya subido hasta este pequeño rincón del Pirineo Aragonés, sabe que el Festival Pirineos Sur es un evento con una personalidad tan arraigada que lo diferencia de cualquier otro ciclo de conciertos. Y no solo me refiero al emblemático escenario flotante sobre las aguas del pantano de Lanuza, también al ambiente desinhibido y festivo del precioso pueblo de Sallent, con su feria artesanal, sus puestos de comida y las actividades musicales gratuitas que se desarrollan fuera de cartel.

Además, el regalo térmico que supone pasar de los más de treinta grados del resto de la península, a tenerlo crudo como te dejes la sudadera en casa, es otro de los grandes alicientes para subir hasta aquí. Pasar algo de frío en pleno mes de julio, es un regalo inesperado que vale la pena destacar. Y, máxime, cuando uno viene de experimentar conciertos con temperaturas tórridas que no invitan precisamente al baile y mucho menos al desenfreno.

Pirineos Sur es por esas, y muchas otras cosas, un ciclo con el suficiente bagaje y carisma a sus espaldas, como para tener un futuro esperanzador dentro de la feroz competencia estival. Y lo tiene, a pesar de los diferentes ciclos por los que atraviesa al entrar en concurso público cada cuatro años, e incorporar de forma cíclica una nueva empresa que se haga cargo de la programación del evento. Diferentes formas de hacer las cosas que generan distintas etapas, pero cuyo reto debe consistir  en mantener la propuesta de diversidad y calidad que ha caracterizado al festival. Sin olvidar tampoco que es un ciclo que por historia y por carácter, ha estado desde sus inicios vinculado a la world music y al mestizaje. Un evento que, con el paso del tiempo, ha ido abriendo su mirilla hacia otras músicas, sin perder por ello toda su idiosincracia. Y es que al fin y al cabo de eso se trata: de mantener el espíritu, adaptándose a los tiempos y a los diversos gustos de los aficionados.

Y si hablamos de diversidad el último fin de semana del festival es un magnífico ejemplo de ello. Si el jueves el poderoso power-folk de Carlos Ares y el delicado cantar de Valeria Castro eran los protagonistas, el viernes la cosa se ponía todavía más variada al juntar en una misma noche el friki-folk de Lorena Álvarez, con la madurez melódica de Jorge Drexler y el alegato post-flamenco que supuso el treinta aniversario de “Omega”. Sin embargo, el sábado fue de las mujeres con la inclusión de tres poderosas artistas con una propuesta de lo más dispar que, aún así, acabó por funcionar a las mil maravillas. Abría la siempre inclasificable Jimena Amarillo para dejar paso al pop aflamencado, vital y dulce de Chambao, para finalizar con el correoso urban-rap de Lia Kali. Y ya llegados al domingo, qué mejor que cerrar con dos propuestas que nos recuerdan y reivindican nuestra rica diversidad cultural y lingüística con la propuesta festiva de los vascos En Tol Sarmiento y la orgía bomba negra de los valencianos La Fúmiga. Lo dicho, variedad, diversidad, riqueza estilística, concesiones para todos los públicos y una mezcla de underground y mainstream que no todo el mundo es capaz de aceptar, pero que en Pirineos Sur se logra demostrar que, en determinadas circunstancias, fusionar funciona.

Y así con la mente abierta, y muchas ganas de disfrute, Mondo Sonoro se dejó caer por este último fin de semana de la cita pirenaica y dejar constancia de lo acontecido. Y no solo eso, también para dejar constancia que, en ocasiones, la música no lo es todo y que el enclave, la idiosincracia y la personalidad de un evento es, como mínimo, igual de importante.

Viernes, 24 de julio

La noche del viernes se complicó un poco desde el principio, por culpa de una inesperada tormenta de granizo - ¡es el Pirineo baby! - que, pese a durar unos pocos minutos, empapó todo el equipo y acabó por provocar un lastre en el horario que se acumuló a lo largo de la jornada. Pese a ello, Lorena Álvarez salió a capear el temporal con una contagiosa sonrisa, sabedora de que, su peculiar propuesta, es capaz de generar el buen rollo suficiente como para hacer olvidar la espera e involucrar al respetable en su juego. Y todo gracias a canciones de simples tonadas como “Los pensamientos” o “El poder sobre una misma”. De esa guisa nos puso a bailar a todos o, al menos a todos los que olvidaron por un instante ese ancla de seriedad que a veces nos atenaza. Y es que, al igual que Daniel Johnston o Jonatahn Richman, el universo naïf de Lorena no es para todos los públicos.

Tras la actuación de la asturiana, le tocó el turno a un Jorge Drexler, que se mostró encantado de iniciar la gira española de presentación de su nuevo álbum “Taracá” en el marco del Pirineos Sur. Y lo hizo desplegando ese carisma tan uruguayo que practica la milonga y una lírica arrebatadora a la par que densa que ya son marca de la casa. Muy bien arropado por una fantástica banda, tuvo a bien contarnos, antes de entonar “Cuando cantaba Morente”, uno de esos hilos invisibles que traza el azar, al compartir escenario con el espectáculo del treinta aniversario aniversario de ‘Omega’. Anécdota que nos traslado tres décadas atrás, justo cuando Jorge aterrizaba con su “Vaivén” en España para compartir gira con Joaquín Sabina. Fue en uno de los primeros conciertos de la gira en Granada, cuando ambos compartieron una velada única en las cuevas de Sacromonte junto a Enrique Morente, en una de esas míticas juegas flamencas que tienen inicio, pero nunca sabes cuándo finalizan. Además, quiso el destino que pocos días después, ya en Madrid, el propio Sabina le regalara el disco que iba a cambiar el devenir del flamenco. Un flamante “Omega” que iba a ser, pese a la más que solvente actuación del uruguayo, el gran protagonista de la velada. Lindas casualidades que le dieron más sentido a un cartel que parecía dispar, pero que resultó no serlo en absoluto. Además,  Drexler demostró, pese a no necesitarlo, porqué su saber estar y cantar le han valido un inefable respeto incluso entre aquellos que prefieren propuestas menos melódicas a la par que azucaradas. Canciones que son ya clásicos como “Tocarte” o “Todo se transforma”, combinaron a las mil maravillas con temas nuevos con un futuro importante como “¿Cómo se ama?” o “Ante la duda, baila”.

Fue ya muy entrada la noche, casi a tocar de la una de la madrugada, esa hora donde los astros convergen y las brujas despliegan su magia, cuando se materializó ese conjuro llamado “Omega”. Y es que, si el reto de llevar a buen puerto un aniversario como este era mayúsculo, cabe decir que la disposición en diferentes bloques, muy bien basculados y medidos, de un set-list de ensueño, provocó un salir del envite por la puerta grande. Todo funcionó en su justo engranaje. Pero si hubiera que destacar algo, más allá dela pericia de los Lagartija Nick para lograr ese sólido empaque en un envolvente y monumental sonido, es la figura de Kiki Morente. El cantaor parece entrar en un evocador y emocionante trance en el que procesa todo el peso que conlleva enfrentarse a un reto tan mayúsculo como este. Y diría que lo hace con personalidad propia, sin intentar emular lo inimitable. Con respeto, pero también con el suficiente desparpajo para quitarse todos los lastres. Además, y pese a la diferencia de edad, se vislumbró una complicidad que quedó reflejada en otra de esas anécdotas que solo pueden contarse desde el escenario del Pirineos Sur. Y es que fue el propio Kiki quien recordó que, cuando apenas era un renacuajo de seis o siete años, estuvo correteando por ese mismo escenario el día que su padre y Lagartija Nick presentaron ese mismo disco. Actuación que… “finalizó con ese batería que tengo ahí detrás tirándose al agua”. Cabe decir que el chapuzón de Eric no se repitió en esta ocasión. La fría noche tampoco invitaba a hacerlo. Pero lo mejor que se puede afirmar es que, con clásicos de la altura de “Manhattan”, “La aurora de Nueva York” o “Aleluya”, nadie quedó descontento.

Sábado, 25 de julio

El sábado fue de forma rotunda la noche de las mujeres. De tres poderosas mujeres que defienden su feminidad y su música de forma distinta, pero totalmente complementaria. Abrió Jimena Amarillo con un concierto sutil, pero desenfadado en el que destacaron temas como “Cafeliko”, “Cuando ya no me quieras” o “Flow deskiciada”. Sin embargo, se notaba que la mayoría de los allí congregados estaban a la espera de la celebración de los 25 años de carrera de Chambao. Y lo cierto es que la actuación de La Mari cerró otro de esos círculos de vida, ya que era la primera vez que actuaba en el festival, pese a haberlo deseado durante muchos años. Fue el destino el que se conjugó para hacerle ese regalo de aniversario a una artista que ha sabido captar como nadie la esencia del pop sureño. Y además lo ha hecho con unas letras de carácter vital, universal y humano, desarrollando una de esas fórmulas que, pese a calar entre el gran público gracias a canciones como “Playas de Barbate” o la inefable “Ahí estás tú”, tienen la personalidad suficiente como para destacar más allá de la fórmula. Veinticinco años lo avalan. Y, claro, tal era el entusiasmo de la artista que fue la única valiente que se atrevió a lanzarse a las gélidas aguas del pantano. ¡Ole tú!

Lia Kali - Foto de Pilar Villuendas

Lia Kali debía empezar a balbucear justo cuando Chambao empezaron su carrera en la música. Por eso resulta normal que los separe todo un mundo estilístico forjado a través del pop urbano, el R’N’B y el rap más callejero. Y, aunque personalmente conjugo mucho más con el estilo de la catalana, tengo que decir que no tuvo su noche pese a estar celebrando su cumpleaños. Y es que a Júlia le costó bastante modular su voz para bajar el tono y no desgañitarse en cada tema. De hecho, no fue hasta bien entrada su actuación que aquello no empezó a sonar como merece. Además, su show tiene un hándicap de difícil solución. Y es que tanta colaboración pre-grabada a lo largo del set, acaba por provocar una sensación de irrealidad que no juega a favor de su causa. Pese a todo, lo intentó con creces y poco a poco acabó por entrar en cauce para finalizar bien arriba gracias a temas como “Volvernos a amar” o esa “Cantaré” que ya es todo un clásico.

Domingo, 26 de julio

Cambio total de tercio y de público en el festival oscense. Si en el primer día  la media de edad se situaba por encima de los treinta y cinco y más años, para en la segunda jornada movilizar a un público sobre todo femenino y de edades muy diversas, el tercer día empezó siendo una propuesta muy familiar, para acabar en una "rave" destinada al público más joven y entusiasta. Y es que no voy a descubrir la sopa de ajo si afirmo que gran cantidad de padres y madres con entregados ‘peques’ de Euskal Herria, se había desplazado hasta el escenario de Lanuza para ver a sus ídolos.

En Tol Sarmiento se han convertido en todo un fenómeno social que solo se entiende en su justa medida cuando haces acto de presencia a una de sus actuaciones. El grado de entrega y conocimiento de su propuesta entre sus seguidores es tal, que los profanos quedamos retratados con esa cara de aquí hay algo que se me escapa, más allá de la invitación festiva de su música. Pero para festivos La Fúmiga. Y es que los de Alzira son toda una orgía de la bomba negra elevada al cubo de forma exponencial. Y lo hacen en una suerte de concierto non-stop que otorga muy poco cuartelillo. Además., resulta de lo más relevante que, justo ahora que lo dejan, ofrezcan una gira de despedida con una espectacular puesta en escena. Solo había que ver a sus once integrantes desplegados en los diferentes cajones piramidales de su escenario, dispuestos a una entrega total para ofrecer un show tan inflamado como dinámico. De acuerdo que su propuesta se desarrolla todo el rato en un registro único y machacón, pero eso no les resta méritos a la hora de hacer las delicias de los presentes en una danza sin interrupción.

Y así se despidió un año más un Pirineos Sur por el que han pasado propuestas internacionales de calado como Rubén Blades, Suede, Bomba Estéreo o Rufus Wainwright, combinadas con otras de estables de peso como La MODA, Nacho Vegas, Sanguijuelas del Guadiana o Los Planetas, junto a propuestas algo desentonadas para lo que representa el festival como Dani Fernández o Judeline. Un de todo como en botica que ha funcionado mejor cuando más se ha acercado a la filosofas y al bagaje de lo que es y, sobre todo, ha sido Pirineos Sur. A ver qué futuro le depara, porque muy mal habría que hacer las cosas para que no fuera como hemos afirmado al principio: esperanzador.

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