Parando el tiempo
Conciertos / José González

Parando el tiempo

9 / 10
Tomás Crespo — 11-02-2015
Empresa — Miles Away
Sala — La Riviera, Madrid
Fotógrafo — Alfredo Arias

La música de José González es un poco como su nombre: a primera vista resulta de lo más común, pero si nos acercamos un poco más comenzamos a percibir todo tipo de matices que lo separan inmediatamente del montón. Nacido en la fría Suecia de padres argentinos, su carrera parecía destinada a quedar anclada en un titular. Una curiosidad. Un capricho para ser devorado por hordas de nueva sensiblería hipster.

Tras ocho años de silencio discográfico ayer se publicaba en medio mundo “Vestiges and Claws” (vestigios y garras). Ayer también ofrecía en Madrid un recital para el recuerdo. Con la sencillez y armonía que le caracterizan, José González se acercó al micrófono y preguntó “¿Qué tal, Madrid?”.

A partir de ahí, un deliciosa ceremonia de emotividad pura; ese lugar común entre lo liviano y lo profundo, desde Calgary hasta Gottenburgo, donde la línea que separa el gozo del quebranto se vuelve etérea, intangible.”Killing For Love”, “In Our Nature”; una a una fueron pasando las canciones más celebradas de su repertorio como en un ritual cíclico, creando una atmósfera cada vez más envolvente; entre otras cosas por el perfecto engranaje rítmico de su banda de acompañamiento, incluidas ocasionales palmas (juro que cada vez que miraba al teclista estaba chocando las manos).

A mitad del set, los músicos se dieron un descanso y José se plantó sólo con su guitarra Alhambra. Y con su voz. Esa voz que parece un murmullo creciente. A media luz, se lanzó primero con “Crossess” y luego con su versión de “Heartbeats” de sus compatriotas The Knife, que debe cantar ya casi como si fuera suya. La forma en que dice “We were in love” es sencillamente devastadora.

Para entonces la audiencia estaba ya totalmente entregada en devoción y la banda volvió a escena para, ahora sí, desgranar el grueso de su nuevo álbum. Aún quedaba tiempo para más versiones, como la archiconocida “Teardrop” (Massive Attack) y una sorprendente “This Is How We Walk On The Moon” del malogrado compositor experimental Arthur Russell. Para el bis se guardó la pastoral “Leaf Off /The Cave” (primer single de “Vestiges & Claws”) y “Always” de su grupo paralelo Junip.

Y de pronto el concierto se terminó; así, sigilosamente. Como esos bellos momentos que se desvanecen casi sin darte cuenta. José González se despidió con un sincero “¡Grácias!” y se fue por donde había venido. Sin estridencias. Eso sí, dejando un poso de satisfacción en los allí presentes. Que tanta paz lleve como nos deja. Pero de verdad.

Un comentario
  1. Precioso concierto y la crítica muy acertada.

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