Cataluña en general, y Barcelona en particular, se han ganado a pulso ser plazas complicadas para los grupos que practican esa suerte de pop-rock en castellano con cierta tendencia al himno coreable, así que el caso de Miss Caffeina no iba a ser una excepción. Una banda que en Madrid es capaz de llenar dos noches consecutivas la Joy Eslava se las veía y deseaba para alcanzar una buena entrada en la pequeña, pero elegante, sala Music Hall de Barcelona. Hay quién lo achacará al mayor interés que en la actualidad desprenden las bandas de folk-pop en catalán, aunque yo opino que tiene mucho que ver con ese tradicional cosmopolismo barcelonés más volcado en seguir la actualidad de Londres o Nueva York, con esa vista siempre puesta en lo que sucede más allá de las azules aguas del mediterráneo. Una tradicional puerta de entrada de múltiples tendencias y estilos que provoca cierta sensación de haberlo visto todo, creando cierta exigencia y atemperando el entusiasmo. Por eso es tan difícil provocar la misma entrega en estas latitudes, más allá del carácter de los catalanes. Para enfrentarse a ello solamente existe una posibilidad: ofrecer un gran concierto, dejarse la piel y comerse el escenario. Y eso es algo que Miss Caffeina no hicieron tanto como deberían. Protagonizaron un concierto bien tramado, ejecutado de forma sincera, pero que pecó de corrección y no tuvo esa mordiente que se le supone a cualquier grupo que quiera dejar huella en el público, que busque provocar el efecto bola de nieve que te haga crecer en el futuro. Y eso que canciones como la coreada “Ley de gravitación universal”, la intensa “Gigantes” o la trepidante “Cabaret”, ya en los bises, merecían una mayor respuesta. La reacción del público fue tan contenida como la del grupo, atenazada por un exceso de profesionalidad y un control excesivo. Faltó desenfreno, quitar el piloto automático y lanzarse sin frenos al abismo de la locura. Si aquello era una fiesta no me dí por enterado, y es una lástima, pues si Miss Caffeina son capaces de sacarse de encima una serie de tics melódicos algo evidentes, podrán reclamar su parte del pastel con todo el derecho del mundo. Su parte de un pastel del que comen glotones como Vetusta Morla o Supersubmarina.