Cuando uno asiste a un concierto de Maria Arnal y Marcel Bagés muy pronto se da cuenta del duende que desprenden. No es un halo basado en la altivez, la soberbia y el poderío de los grandes artistas, al contrario, más bien es un hilo invisible de complicidad que tejen con el espectador basado en la fresca inocencia de ella y la taciturna y concentrada pose de él. Maria tiene una voz divina y sabe explotarla, pero a la vez tiene una sonrisa que desarma y una forma tan auténtica y veraz de sentir sus propias canciones que aniquila cualquier intento de impostura tan común en el mundo del espectáculo. Ellos son así. Lo tomas o lo dejas. Y el público, ese ente soberano que decide con su presencia y compra de entradas lo que es el éxito, los ha tomado sin reserva.

Llenar el Teatre Tívoli de Barcelona con tan solo un disco y un Ep no está al alcance de cualquiera. Y no cabe duda de que el plan no debía aparecer ni en el mejor de los sueños de estos dos artistas cuando empezaron su andadura en escenarios de otro calado. Está claro que el inesperado éxito de un tema ganador como es “Tú que vienes a rondarme” ha contribuido en buena medida a ello. Al igual que lo han hecho las excelentes críticas cosechadas en diferentes medios especializados. Pero luego hay que estar a la altura y ofrecer un concierto que mantenga el nivel y no desmerezca lo alcanzado. En eso están nuestros protagonistas y han mejorado mucho con respecto al primer gran show que ofrecieron en la sala Apolo de Barcelona hace casi un año. Sobre todo han logrado pulir las transiciones entre los temas, y han rebajado el nivel de miedo escénico que siempre acompaña a las grandes citas. La risa neviosa de Maria ha desaparecido por completo y ya no se extiende tanto ni tan a menudo a la hora de presentar los temas. Además, se supieron rodear de un elegante juego de luces que le da a la puesta en escena un toque de misterio basado en los contrastes y las sombras, del que aún podrían sacar mayor partido.

Por lo demás pocas novedades cabe añadir en cuanto al repertorio. Las más evidentes fueron la versión que se marcaron del “Miénteme” de Niño de Elche, ahondando todavía más en el lado reivindicativo de su propuesta. Sin embargo, lo que resultó mucho más esperanzador fue la presentación de un nuevo tema -con lapsus incluido- que no habían tocado nunca con anterioridad titulado “Big Data” y que nos dio pistas de por donde pueden ir los tiros en el futuro. Una letra divertida con cierto toque de cinismo, y un envoltorio con un punto más electrónico con la incorporación de un mini-sintetizador manipulado por Maria que marcó el inicio y el final de una melodía sintética y reiterada, aupada sobre un impulso rítmico algo más acelerado de lo que acostumbra su música. Promete.

Poco más que añadir. Público en pie y entregado, largos aplausos y vítores merecidos como culminación de un periplo vital, a la par que musical, de estos dos artistas que tienen el reto de mantener en el futuro el nivel alcanzado. Es fácil que lo logren pues como decía al principio tienen una baza importante a su favor y es que desprenden de forma natural una hipnótca magia que embelesa a la par que saben sumar el legado histórico y reivindicativo sin caer en el panfleto. Y claro, a todos nos gusta sentirnos bien en nuestra piel de ciudadanos concienciados, convencidos como estamos de que si el mundo funciona tan mal no es precisamente por nuestra culpa. Lástima que todo resulte tan falso como ingenuo. Pero esa ya es otra película.