Le das al play y un tono clásico de llamada rompe el silencio. Todavía no lo sabes, pero Maria y Sara nos están invitando y, sinceramente, estaría feo no acudir a su “TERTULIA”. Mucha tertulia. Así que no nos lo pensemos demasiado; hagamos un corro con las doce sillas que integran el disco y sentémonos a la fresca porque hay mucho de qué hablar.
Cabe decir, por ejemplo, que “Tertulia” es mucho más que un disco. Es un proyecto multidisciplinar y coral que ha derivado en una instalación artística en la que todo tiene cabida. Miento. No todo. Si tienes ideas totalitarias y excluyentes de mierda, no tienes encaje en este ruedo. Aquí se viene a echar unas risas; a olvidarse del jodido móvil y, porque no, cuchichear un ratito. Eso, sí, siempre con la mejor de las intenciones. Un dialogo intergeneracional que bebe por igual de la tradición oral y de esa modernidad representada por una electrónica festiva que invita al baile.
Para hacerlo posible del todo, Fillas de Cassandra se encontraron por el camino con el trío Çantamarta, es decir, con los cómplices perfectos para tomar dos derivadas muy importantes: darle otras texturas sonoras al disco que lo llevaran más allá de su amada ‘terriña”, y trazar un hilo conductor, que le diera una cohesión basada en las voces.
De esta guisa las gallegas han logrado un álbum tan dinámico como variado. Un trabajo que ofrece diversidad, no solo en sus doce cortes, sino también en el interior de cada uno de ellos. Del bolero melancólico de “Verbena”, a las múltiples capas y texturas de “Alboroto”. De la sinuosidad melódica de “déixate ver” al rotundo hit con deriva pistera de “Insolación”... Y es que tanta “Tertulia” dará mucho de que hablar durante los próximos meses, al representar un importante salto en su trayectoria.
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