Los miembros de Joyce Manor llevan media vida haciendo música juntos, pero nunca antes su nombre había sonado con tanta fuerza. Numerosas portadas e incontables entrevistas precedieron el lanzamiento de su nuevo largo, “I Used To Go To This Bar”, posiblemente su disco con más potencial comercial hasta la fecha.
Cuando empezaron emulando a sus bandas de punk rock favoritas nunca habían imaginado llegar a este punto, el de publicar hasta siete discos y vivir de su música. Ni en sus mejores sueños de adolescencia. “Definitivamente no esperaba que a la gente le siguiera importando nuestra ‘carrera’ casi veinte años después. Ha sido un proceso lento todo el tiempo, ¡pero no ha parado! Y espero seguir haciéndolo al menos otros veinte años más”, asegura Barry Johnson.
"Me motiva escuchar grandes canciones que todavía no he escuchado"
El núcleo duro de la banda que completan el guitarrista Chase Knobbe y el bajista Matt Ebert se mantiene unido e inalterable desde 2008, a pesar de los cambios constantes detrás de la batería y de una popularidad creciente que no les ha hecho perder el norte. ¿Sintieron en algún momento la presión después de la buena acogida de discos tan queridos como “Never Hungover Again” (14) y “Cody” (16)? “Ninguna, simplemente hacemos lo nuestro e intentamos que siga siendo divertido”, asegura el también letrista principal, un consumado maestro en el arte de hacer canciones breves y directas al corazón. En “I Used To Go To This Bar”, despachado en apenas veinte minutos, encontramos otra tanda de canciones certeras e ingeniosas, todas ellas inspiradas de alguna manera en sus vidas corrientes. Sin ir más lejos, el bar de la canción que da título al disco se refiere, según explicaron en algunas entrevistas, al mítico Fern’s de Long Beach, un garito punk en el que tomaron sus primeras cervezas y descubrieron mucha música gracias a su “jukebox” o tocadiscos tragamonedas. En realidad, aclara Johnson, “ese bar podría ser cualquier bar que no te encanta especialmente, pero al que vas por cercanía”. Vas por proximidad, porque van tus amigos, porque quieres formar parte de algo. ¿Será ese bar desaparecido del título una metáfora del paso del tiempo? “El tiempo pasa lento, todavía soy un niño”, bromea un músico curioso, con una dieta musical rica y libre de prejuicios y algoritmos. “Me motiva escuchar grandes canciones que todavía no he escuchado. Por eso cancelé recientemente mi suscripción de Spotify, porque siempre intenta que escuches la misma música que ya conoces. Hay que seguir buscando cosas nuevas para mantenerse inspirado”.
Aunque es evidente que mamaron mucho Descendents, Jawbreaker, Blink 182 y Weezer en sus años formativos, su nuevo trabajo desborda las etiquetas punk pop y el emo punk sin traicionarlas. Y si le preguntas a Johnson por las referencias sonoras a la hora de grabar el nuevo álbum, las primeras que le vienen a la cabeza son la canción “Toothless” del dúo de hyperpop 100 Gecs y “Feeling Like I Do” de la prolífica e intermitente banda de rock alternativo Superdrag. “Escuchamos muchísima música diferente”, subraya el cantante.
El punk pop se les quedó pequeño. Y eso mismo entendió su amigo Brett Gurewitz (Bad Religion), quien se ofreció para producir su nuevo largo si realmente tenían ganas de dar un paso adelante y dejar fuera de juego sus pedales de distorsión, siempre activos en su zona de confort. Así, su nuevo disco destaca, entre otras cosas, por el tono de sus guitarras, muy limpias, por momentos cristalinas. Su primera vez en el estudio de grabación con el también jefe de su sello, Epitaph Records, productor de incontables discos de su banda y también de otras como NOFX, Pennywise y Rancid no podía ser mejor. “Siempre está bromeando y pensando qué podemos pedir para comer. Musicalmente es un genio, sobre todo cuando se trata de escribir armonías y coros. También es genial sacando tu mejor versión en el estudio y tiene una visión muy clara de cómo quiere que suene la canción”.
En los créditos del disco encontramos a dos baterías invitados de la talla de David Hidalgo Jr. (Social Distortion) y Joey Waronker (R.E.M., Oasis), repartiéndose los nueve cortes con el batería de gira, Jared Shavelson (Ways Away, BoySetsFire, None More Black), otro gran músico. “Brett es amigo de ellos y sugirió contratarlos. Me alegro mucho de que lo hiciera porque los dos son increíbles a la batería y fue un placer tocar música con ellos. Además, son tíos muy majos”, cuenta Johnson, quien resta importancia a la ausencia de un batería fijo. “No estamos buscando batería. Escribo en casa y uso la batería de Logic. La mayoría de nuestras canciones funcionan con guitarra acústica, así que normalmente empiezo por ahí. Pero escribimos ‘I Know Where Mark Chen Lies’ en el local de ensayo con Jared y fue muy divertido y diferente, con lo que podría verme haciendo más temas de esta manera en el próximo disco”.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.