Hablamos con ella antes de publicar “Juan Antonio”, su más reciente single, y adentrarse en una nueva etapa.
Laura estudió piano en el conservatorio, producción musical en la ESMUC, y aunque lleve cantando toda la vida es ahora cuando da el paso de convertirse en la Laaza que canta entre la ciudad y el pueblo. “Yo nunca me había considerado una cantante como Dios manda. Siempre me había considerado más una compositora, pero ponerme el reto de subirme a un escenario e incluir jotas, cantos tradicionales y cosas más de cantautora me ha hecho entrenarme y de repente me estoy encontrando muy cómoda con esa etiqueta de cantante. Me desnudo, me desarmo totalmente, y cualquier persona que quiera formar parte de eso y escuchar mi historia puede venir a hacerlo”.
Una de sus señas de identidad es cantar bajito, algo que contradice a un imaginario que nos dice que la jota sale arrollada del pecho. “Cuando eres adolescente y estás formando tu identidad te imaginas a ti mismo en una posición en la que todos te van a querer, pero de momento no estás lista para dar ese paso. Lo de cantar bajito es como voy a hacerme pequeña, voy a hacerlo de una manera que no moleste hasta que tenga claro qué es lo que quiero hacer, entonces sentiré que puedo permitirme a mí misma hacer ruido. Eso tiene muchas capas que no acaban de ser muy sanas mentalmente, pero siento que es un proceso muy común de cómo maduras desde la adolescencia hasta tener algo lo suficientemente bueno como para permitirme a mí misma hacer esto”.
“No puedes hacer que una cosa siga viva si la juventud no se la puede reapropiar”
Su forma de cantar no es lo único que se aleja de la identidad que asumimos en el folclore contemporáneo. “No puedes hacer que una cosa siga viva si la juventud no se la puede reapropiar. El canto de la jota se ha metido en un cajetín y se ha empezado a trabajar como si fuese música clásica o una teatralización de lo que es aquello. Para mí es más importante que cantarla de la manera tradicional o más fiel posible de la forma más honesta. Puedes cantar la jota de muchas maneras, pero debes cantar de corazón y mi manera de cantar de corazón está muy condicionada por cómo yo he crecido en la ciudad. Entonces no va a sonar igual y eso está bien. Creo que vale la pena y es interesante aun así cantarla porque entonces haces que sea diversa y demuestras a la gente que hay cosas de valor allí que se pueden apropiar y pueden ser suyas. Aunque no sean perfectas, aunque no sean tradicionales”.
Aunque siempre asociemos a Laaza a la jota, no es el único registro folclórico en el que hemos podido escucharla. También en rumbas como “Pisaflores” o “TU FINA ESTAMPA” junto a Paco Pecado o nanas como “Nana de las estrellas”. “Los distintos folclores viven en total armonía dentro de mí. Creo que, con todas las migraciones, somos todos hijos de muchos lugares diferentes y tenemos el alma muy mezclada, con muchísima riqueza cultural diferente. Además, la raíz de todas partes es una cosa que no solo hay que atesorar en una vitrina y no tocar, si no que realmente intentar tocar y abrazar con amor y dejar que te penetre. Yo he pasado por tantas etapas de interesarme por folclores diferentes que todos me parecen un regalo y no vivo en ningún tipo de contradicción con ninguno de ellos. Creo que ha de ser simultáneo y las identidades son complejas”.
El último tipo de folclore tocado por la cantante se acerca a la tradición astur gracias a su colaboración con Rodrigo Cuevas. “El día que Rodrigo Cuevas entró en mis DM’s de Instagram y me dijo ‘Me encanta lo que haces, hagamos algo juntos’, me caí de culo. Me preguntó si tenía alguna canción pensada y le dije que sí. Era mentira, no la tenía. Estuve cuarenta y ocho horas encerrada en el estudio y pensé en ‘Camino Verde’ porque para mí Rodrigo Cuevas también es toda esa simbología del prado. Era una copla que yo quería cantar y agarré la historia de la mujer que llora de soledad para hablar desde su perspectiva y que fuese una fortaleza de decir ‘Si no me quieres bien, me voy con la virgen por el Camino Verde’”.
Más allá de su discografía, podemos encontrar muchas de sus canciones inéditas en redes sociales. Allí no se la conoce como Laaza, la de las jotas; si no como la chica de presencia hipnótica que canta en virales a sus cotidianidades. “Yo inicié todo esto como una especie de diario digital. Lo que no podía tolerar era tener tantísimas canciones en un cajón guardadas al fondo. Era como que no estoy compartiendo lo que siento que soy y creo que a mucha gente le podría interesar, pero sin pasar por el proceso de sacar una canción, que si lo quieres hacer bien es largo. Luego cuando ya llegas ahí es un poco pocho, un poco mustio. Entonces es un proceso muy necesario que ocurre y del que hay muchas canciones que empecé a compartir en redes que estamos acabando y definitivamente van a salir”.

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