Lo zarandearás de un lado a otro de la boca –más de lo deseable– y el gusto será… El gusto, definitivamente, será mejorable. Pero qué coño, es tu primer pastel (fuera de esas mierdas de Royal); sólo por eso, lo recordarás. El símil podría funcionar con la puesta de largo de lo nuevo de María Arnal y Marcel Bagés: no fue su concierto más preciso pero tuvo todos los ingredientes para alojarse en las seseras (las suyas y las de los asistentes). Tras dos años orbitando en un cohete que ha volado por encima de cualquier expectativa, sus temas son capaces de elaborar un surco profundo en las mentes. Una hendidura por donde las emociones se filtran a borbotones. En vivo, más si cabe.

Pero para María Arnal y Marcel Bagés, ayer en Apolo hubo muchas primeras veces: el dúo catalán pasó, como gran novedad, a trío (David Soler, su productor, se incorporó a los ruiditos); “45 cerebros y un corazón” (Fina Estampa, 17) entró en escena en una sala llena (aunque de relativo sold out; hubo sillas, lo que reduce la capacidad de la sala); y también se produjo el previsto cambio escénico… ¡Se levantaron de sus taburetes!

Ése fue precisamente uno de los momentos donde más lució la nueva idea de directo de María y Marcel. Como en el disco, más vestido que sus anteriores EP’s, la producción se sumó a su concepto de base (trabajo exhaustivo en pro de la canción): hacia la mitad del concierto, espalda erguida para entonar un “La gent” (la gente) más cercano a Niño de Elche o Arca, con María bramando en loop, que a la propuesta desnuda que hasta ahora habían practicado.

“La gent no s’adona del poder que té” (la gente no se da cuenta del poder que tiene). Un precioso puente entre los dos mundos que plantean. De un lado, la canción que lo apuesta todo a la belleza de lo simple. Del otro, una deconstrucción más vanguardista que también se explora en los rincones del nuevo largo.

El ahora trío pareció más cómodo en esta segunda parte, donde hubo más vahído, más experimentación orgánica. Por contra, el inicio del concierto acusó la imponencia de un estreno, y resultó más parco. Mate. La voz de María temblaba incluso en las explicaciones de los temas, y fue de poco que no quebrara en la hipersensible “45 cerebros y un corazón”.

Sea como sea, el tiempo pulirá las transiciones entre los diversos paisajes que ambicionan. Habrá multitud de simulacros: están confirmados para un porrón de salas y festivales. Lo único claro es que este 25 de abril, día de la Revolución de los Claveles (cuyo himno, “Grândola, Vila Morena”, arrancó de forma improvisada entre el público), no lo olvidarán. Porque las primeras veces trascienden por las personas con las que las compartes. Y ellos, personas, tienen muchas; cómo no, si les han regalado canciones tan insustituibles como “Tú que vienes a rondarme”.