La tercera edición del Gasteiz Calling arrancó con el punk antisistema de los bilbaínos Radiocrimen. Contestatarios, y liderados por el todoterreno Txarly Usher, dejaron claro que aborrecen el mundo basura en el que vivimos y que están dispuestos a dejar de lamentarse y pasar a la acción.

Booze And Glory aterrizaron desde Londres y nos invitaron a su fiesta hooligan y borrachuza, celebrada en un pub abarrotado de skinheads futboleros, deseosos de escuchar arengas como “London Skinhead Crew”. Fue muy celebrada su referencia a Kortatu.

Duncan Redmons dirigió desde la retaguardia la desenfadada actuación de otra banda londinense, Snuff. El batería de Toy Dolls infló sus pulmones y tiró de voz aguardentosa para dar forma a canciones de aire festivo, que ganaron enteros las veces que entró en acción ese trombón tan juguetón.

La salida de Parabellum comenzó a calentar el ambiente. Los de Barakaldo desgranaron varios de sus temas más populares, desde “Una Canción De Amor” hasta “Envenenado”, coreado con ganas por la afición. Más rockeros que punks, terminaron su actuación con su archiconocida versión de Parálisis Permanente, “Un Día En Texas”. Margen izquierda, sitio distinto.

La primera representación norteamericana del festival corrió a cargo de The Briefs, llegados desde Seattle. Nada que ver con sus paisanos grunges, se mostraron dinámicos y ejecutaron sin prejuicios su punk acelerado y divertido. También tuvieron tiempo de ponerse serios y criticar a su gobierno en “Destroy The USA”, y concluyeron con uno de sus mayores hits, “Poor And Weird”.

La angustia y la depresión vinieron de la mano de Discharge. Los ingleses, creadores en su día del D-beat, no abandonaron en ningún momento esa atmósfera densa y claustrofóbica, basada en ritmos machacones de batería y pesadas guitarras. Atormentados y anarquistas, se emplearon con ganas y reivindicaron la monotonía existencial. No escuches nada, no veas nada y no digas nada, protesta para sobrevivir.

Los suecos Satanic Surfers engrasaron las ruedas de su tabla de skate y se lanzaron cuesta abajo con sus rápidas melodías y sus constantes cambios de ritmo. Varias veces estuvieron a punto de estamparse contra la pared, pero a última hora conseguían salvarse con algún truco vistoso. Patineteros sincopados.

Con Sick Of It All, la cosa empezó a ponerse seria. Los reyes del New York Hardcore sonaron contundentes y agresivos, y se convirtieron en los triunfadores de la noche. Fueron los responsables de que se formara el primer circle pit de grandes dimensiones, que bien podría haberse tragado el Titanic, y aunque pecaron de cierta linealidad, el apoteósico final compensó cualquier posible reproche. La amenazante “Scratch The Surface” dio paso al desparrame total y a la locura colectiva que provocó el megahit “Step Down”. True.

Los imprescindibles Buzzcocks (foto superior) no estuvieron tan finos como en otras ocasiones. Los años no pasan en balde, aunque no sé si la edad supuso el principal hándicap. El sonido, sucio y deslavazado, no les ayudó demasiado, pero dio la impresión de que afrontaban el concierto como un día más en la oficina. Sin embargo, siempre es un placer bailar y corear sus estribillos punk pop. “I Don´t Mind”, “Autonomy”, “Fast Cars” y una interminable lista de canciones imperecederas fueron caminando en fila india, hasta la inevitable “Ever Fallen In Love”, el himno al desamor por antonomasia.

Sham 69 (foto inferior) protagonizaron el epílogo ideal de la primera jornada, descargando con gran convicción sus andanadas de punk 77 reivindicativo y obrero, entonadas de manera descreída por el malencarado Jimmy Pursey. “Borstal Breakout” o “Questions And Answers” nos hicieron entrar en calor progresivamente, dentro de un set que fue ganando en intensidad con el paso de los minutos. La clashiana “White Riot” y, sobre todo, la juvenil “If The Kids Are United” desataron la euforia, antes de que los chicos de Hersham finiquitaran su bis por todo lo alto con “Hurry Up Harry”. Espíritu de barrio.

Con más público que el viernes a la misma hora, la jornada del sábado quedó inaugurada por los badaloneses Crim. Jaleados por gran cantidad de seguidores, dieron rienda suelta a su punk rock melódico y a sus proclamas libertarias, provocando la aparición en las primeras filas de las primeras banderas esteladas.

One Way System presumieron de cresta y soltaron unos cuantos pildorazos de punk inglés clásico, callejero, combativo y cervecero. Uno de sus mejores momentos llegó con la interpretación de “Jerusalem”.

Personalmente, tenía muchas ganas de ver al único representante de la escena local vitoriana. Quemando Ruedas basaron su repertorio en los temas de su ‘mítico’ álbum ochentero. “Aquí vale todo”. A medio camino entre Cicatriz y Barricada, sus letras han adquirido cierto poso naif, pero fue una gozada escuchar en directo canciones tan emblemáticas, de una época pasada pero siempre presente, como “Destruye La Máquina” o “Mi Navaja”.

La nueva visita a tierras vascas de los suecos The Baboom Show también se saldó con éxito. Desde el primer acorde involucraron y pusieron de acuerdo a casi todos los asistentes, a base de punk descarado con tintes de rock escandinavo y algún toque boogie a lo AC/DC. La cantante Cecilia, espectacular animal de escenario, bramó con su vozarrón privilegiado, especialmente en la incendiaria “The Shame”, y nos contagió su actitud macarra y su hedonismo desprejuiciado. Duro, rápido y sucio.

A continuación, turno para el bloque norteamericano de la velada, compuesto por cuatro menhires de hormigón armado. Municipal Waste se salieron un poco del guión del festival con su trepidante mezcla de trash, hardcore, punk y speed metal. Muy técnicos y efectivos, demostraron ser grandes instrumentistas y pusieron en marcha la centrifugadora para dejarnos sin aliento, con dedicatoria incluida a Donald Trump en “I Want To Kill The President”. Desde Virginia con amor.

No deja de resultar curioso que un grupo straight edge acepte tocar en una plaza de toros. Anécdotas al margen, Youth Of Today (foto superior) desplegó su catálogo de temas de menos de dos minutos de duración, llamando a la solidaridad y al buen rollo entre seres vivos de toda condición. Para muestra, dos botones: su clásico vegano “No More” y la integradora “Break Down The Walls”.

Los de Nueva York, y varias bandas más, fueron aniquilados y sepultados por una apisonadora californiana llamada RKALiENS. Su intención original era rendir tributo a Rich Kids On LSD, máximos exponentes de la corriente nardcore, pero consiguieron mucho más. Tocaron a toda pastilla, afilados y espitosos, sin apenas concesiones, y arrasaron con todo lo que se interpuso en su camino. “Think Positive” nos salpicó y nos llenó de metralla, y “Betrayed” no se quedó atrás. Máquinaria de precisión.

Vuelta a la costa este para presenciar la descarga de otros neoyorquinos, los musculosos Madball (foto superior), quienes contaron para la ocasión con la presencia de Matt Henderson, guitarrista de sus inicios. Desarrollaron un sonido pétreo y metálico, sin fisuras, apoyados en gran medida en el derroche físico de Freddy Cricien. El cantante, cercano y accesible, se dejó la piel sobre el escenario y convirtió trallazos tales como “Set It Off” en auténticos estruendos incontrolables. Encantados de ingresar en su Familia.

Stiff Little Fingers saltaron al ruedo dispuestos a salir por la puerta grande. Los norirlandeses tocaron a degüello desde el primer momento, empezando con la pacifista “Wasted Life”. Después incluso se pusieron tiernos con “Barbed Wire Love”, y a partir de ahí mantuvieron una línea ascendente que no llegó a tocar techo. La colección de joyas punk con alma pop pareció no tener fin: “Nobody’s Hero”, “Tin Soldier”, “Suspect Device”… Todas ellas ejecutadas con rabia y desparpajo ‘adolescente’. Para el bis guardaron dos de sus mayores tesoros, la rebelde “Gotta Gettaway” y, cómo no, la militante “Alternative Ulster”. Maestros.

Perkele clausuraron el festival y funcionó la conexión entre Gotemburgo y Vitoria-Gasteiz. Suecos nacionalistas y orgullosos de serlo, con ellos volvieron a aparecer las banderas esteladas, alguna ikurriña y alguna bandera galega. Su punk Oi! guitarrero y de coros masivos, con instantes más progresivos, hizo las delicias de muchos. Resultó curiosa la fusión de “No Shame” con el estribillo de Breaking The Law, de Judas Priest, y concluyeron con la emotiva y alargada en exceso “Heart Full Of Pride”.

La buena respuesta del público, el buen ambiente y el notable nivel musical deberían asegurar la continuidad del Gasteiz Calling en años venideros. Pasión por el ruido.