Trincheras infinitas
Conciertos / Gasteiz Calling

Trincheras infinitas

7 / 10
Sergio Amor Herrero — hace 4 semanas
Empresa — HFMN / Gasteiz Calling
Fecha — 08 noviembre, 2019
Sala — Jimmy Jazz Gasteiz, Vitoria-Gasteiz
Fotógrafo — Stuart MacDonald

Nueva edición del Gasteiz Calling, esta vez en formato reducido y con el apellido Weekender. Veremos si el año que viene vuelve a desplazarse a la plaza de toros, estaremos atentos.

El primer día, viernes, estuvo dedicado a grupos hardcore. A los vitorianos Fears Away  les correspondió el honor de abrir el festival. A pesar de jugar en casa, el ambiente no les ayudó demasiado (eran las 19:30). La gente que estuvo delante de ellos, recién aterrizada, no aportó demasiado calor. Fue interesante la combinación de la voz gutural del cantante con la más melódica del guitarrista, hábil a los coros y en algunas estrofas, por ejemplo en “Hygge”. El conjunto resultó un tanto plano y lineal, aunque la agresividad de “No Pain No Gain” y la velocidad de “Never Surrender” mejoraron algo la sensación final. Casi profetas en su tierra.

Personalmente, el grupo que más me aportó musicalmente fue el formado por los californianos Death By Stereo. Poseen muchas canciones chulas y no se limitan a un estilo concreto. El vocalista Efrem Schultz es un torbellino y se complementa a la perfección con el bigotudo guitarrista, el inglés Dan Palmer, quien parece salido de un episodio de Peaky Blinders. Los de Orange County le dieron al thrash, al punk, al hardcore y a lo que les dio la gana, con la voz de Schultz cabalgando a galope tendido y sin caerse sobre las enrevesadas líneas de guitarra que le proponía el virtuoso Palmer. Junto al resto de músicos, dieron forma a temazos como “The Plague”, “Growing Numb” o “Lookin’ Out For Number #1”, coreando estribillos de batalla melódicos al amparo de ritmos contundentes. Nos obsequiaron con una composición nueva (“California Addiction”), y concluyeron a todo trapo con “Wasted “Words”. Líderes en la sombra.

Con los lisboetas Devil In Me la sala Jimmy Jazz empezó a caldearse y a coger color de festival. Los fans de las primeras filas conocían cada palabra berreada por Poli, cantante de gran presencia escénica. Entre ‘carallo’ y ‘carallo’, el corpulento Poli tiró de pulmones y alardeó de garganta privilegiada. Especialmente celebradas fueron la apisonadora titulada “On My Own”, y la militante “Soul Rebel”, convertida ya en himno total de la escena old school hardcore. Anunciaron nuevo disco para el año que viene, que incluirá el adelanto “Celebration”, y terminaron su descarga granítica con la certera “Knowledge Is Power”, artefacto dirigido contra los discursos prefabricados y de una sola dirección. Batalla ganada.

Si echarse a la cara por estas tierras a una banda portuguesa resulta una experiencia exótica, qué decir de la sorpresa que provoca la irrupción de una banda belga. Los noventeros Nations On Fire caen simpáticos. El cantante Edward, con su aura naif, proclamó a los cuatro vientos su discurso libertario, ecologista e intregador, muy straight edge. Nos animó a comer menos carne, a no emplear plástico y a ser mejores seres humanos. “Flag Song” funcionó como arenga antifascista y encendió la mecha de un concierto intenso, que continuó con otros clásicos como “On And On” y “Strong Song”, con la aguda voz del chillón Edward presidiendo la función. Una de las mayores muestras de energía llegó con la unión de las siamesas “New Hope For A Dead Scene”, que dedicaron a las nuevas generaciones de luchadores y “The Line”, un minuto de caña espídica y enloquecida. El fin de fiesta corrió a cargo de mi favorita, el hit (si se puede definir así) “Dedication”, enorme y apoteósica, durante la que se pudo observar bailando como un poseso a nuestro amigo Poli, de Devil In Me. Como bonus track, hicieron una versión de una banda surcoreana de nombre Flush y se quedaron tan anchos. La fuerza de la palabra.

De cabeza de cartel ejercieron los neoyorquinos Shelter. Dejando a un lado lo cansino de su letanía hare krishna, la actuación estuvo a la altura, a pesar de que la voz de Ray Cappo no se encontraba en su mejor momento. Pepinazos hardcoretas como “Message Of The Bhagavat” y “Civilized Man”, con sus fraseos melódicos y sus ritmos poderosos, crearon una atmósfera buenrrollista que Ray potenció entre canción y canción aconsejándonos desterrar de nuestras vidas las críticas negativas hacia los demás así como dar amor a nuestros seres queridos. Con “Appreciation” llegaron la locura y los bailes salvajes, la peña estaba a tope y con ganas de darlo todo. Tras unos minutos de bajada de pistón, la maquinaria volvió a engrasarse con “Mantra”, atronadora con sus subidas y bajadas de tensión, y con “Quest For Certainty” (una pena que problemas técnicos con una de las guitarras la desluciese un poco). El estacazo final nos lo propinaron “Here We Go” y “Shelter”, esta última enriquecida con ese espectacular riff emulando una sirena. Refugio para pasar un invierno hostil.

La jornada del sábado, centrada en propuestas más punkis, atrajo mucho más público que el día anterior. Desde Bergara llegaron Brigade Loco. Futboleros y abertzales convencidos, desplegaron con eficacia su punk rock juvenil cantado en euskera. “Bultzada” y “Brigade Loco” delataron su pasión por el club de sus amores, la Real Sociedad, y cuando se encontraban en su mejor momento, la espada de Damocles con forma de hora de cierre les hizo terminar el set con su única canción en castellano, “Solo Pero En Control”, que dedicaron con rabia a todos los traidores. Tiempos de revolución.

Las chicas inglesas de Maid Of Ace comenzaron a trompicones y sin definir demasiado su sonido. “Stay Away” y “Hollywood Rain” sonaron atropelladas, y a las cuatro hermanas Elliott no se las veía muy cómodas sobre el escenario. A partir de la punzante y barriobajera “Disaster Of Noise” todo fluyó mucho mejor, y Alison Cara hizo mejor uso de su garganta cazallera para desgañitarse bien a gusto. El áspero y, al mismo tiempo, melódico punk rock alcanzó su clímax en temas como “Monster”, con ese magnífico riff de guitarra, en la agresiva y proletaria “Minimum Wage”, y en la sucia y musculosa “Bone Deth”, con la que se despidieron por todo lo alto. Un paso al frente.

Me atrevería a decir que los galeses The Partisans, liderados por el veterano y larguirucho cantante y guitarrista ‘Spike’ Harrington, ofrecieron el mejor concierto de la velada. Las canciones se sucedieron a velocidad de vértigo, ejecutadas por una banda perfectamente ensamblada y compacta como pocas. “17 Years Of Hell” abrió las hostilidades y se metió directamente en el bolsillo a gran parte de los que allí nos encontrábamos. El minuto y medio largo de “Killing Machine” nos despedazó con sus guitarras motosierra y su voz descreída, y la rítmica y coreable “So Neat” terminó de animar a casi todo el mundo. A partir de ahí, cuesta abajo y sin frenos, con instantes de calma relativa, como en el temazo con alma pop “Only 21”. La sombra de los Stooges de Iggy Pop irrumpió con fuerza desatada en la estupenda “Hysteria” (nunca un título fue tan apropiado y descriptivo). Por si todo lo demás no hubiese sido suficiente, lo mejor estaba aún por llegar con la irrupción de la rabiosa “Police Story”, que nos dejó para el arrastre y afónicos de tanto gritar ( ¡James Kelly, James Kelly! ). Guerreros y currelas del punk.

Cockney Rejects aparcaron en doble fila su autobús repleto de hooligans y pandilleros. El vocalista ‘Stinky’ Turner exhibió sus dotes de boxeador moviéndose continuamente a lo Cassius Clay y camufló algunos momentos de flojera en su voz con un gran derroche de energía. Las canciones de los londinenses parecen escritas para ser coreadas en los fondos de cualquier campo de fútbol. Su punk de la vieja escuela está dedicado en gran medida al balompié y al West Ham, club del que se declaran fervientes seguidores (“War On The Terraces”, “We Are The Firm”, o el himno “I’m Forever Blowing Bubbles”), y también les sirve para reivindicar su origen proletario (“East End”). Todas ellas sonaron rotundas, pero las mejores muescas en el bate de béisbol las dejaron con “The Power And The Glory” y “We Can Do Anything”, con toda la peña de las primeras filas entrando en éxtasis. Fue bonito el detalle de homenajear al difunto Lemmy Kilmister con “The Rocker” y esos toques de hard rock a lo Motorhead. Hat Trick.

The Exploited (foto encabezado) fueron los encargados de clausurar el festival por este año. Y lo hicieron a lo grande, mezclando con maestría una amalgama de punk, hardcore y metal que hizo temblar los cimientos de la sala. Ese fenomenal crossover fue capitaneado por el amenazante ‘Wattie’ Buchan, quien entre ‘fuck off’ y ‘fuck off’ cantó como un animal herido, con esa mala leche tan característica. La increiblemente acelerada “Fightback”, la urgente “Alternative” y su bajo denso y saltarín, y la gran versión que se marcaron del “Troops Of Tomorrow” de los Vibrators, no dejaron títere con cabeza. Más candidatas al primer premio del día fueron la afilada “Never Sell Out”, también poseedora de una demoledora línea de bajo, “Beat The Bastards” o “Fuck The Usa”, dedicada a ese innombrable señor de estrafalario tupé. Para el bis quedó una memorable “Sex And Violence”, no por la interpretación en sí, sino porque el escenario terminó invadido por decenas de fans que acompañaron a las Maid Of Ace, invitadas estelares de semejante aquelarre sónico. Caos en nuestras vidas.

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