Una nueva edición del festival otoñal Gasteiz Calling encargado de juntar en un mismo recinto a punks, hardcoretas y gente de todo pelaje y condición, unidos todos por su amor y pasión por la música y por una manera común de ver y afrontar la Vida.

Viernes 9 Noviembre

Rat-Zinger abrieron el Gasteiz Calling 2018 con rabia indisimulada, disparando a discreción su punkrock and roll para hijos de la gran perra. “Santa Calavera” o “Ya no quedan días de gloria” repartieron metralla y remataron a los supervivientes. Macarras anónimos.

Hizo especial ilusión escuchar de nuevo en directo a los skaters de Mungia XXL. Los vizcaínos disponen de una buena cantidad de himnos, canciones melódicas y desenfadadas que llegan al cerebro por el atajo más corto. “Atomic Voices”, Depression”, “Day By Day”… Todas ellas sobrevolaron el half pipe y aterrizaron en el suelo sin ningún rasguño. Trucos vintage sin fecha de caducidad.

Not On Tour, con la poderosa garganta de la cantante Sima Brami al frente, tuvo tiempo, en apenas unos cuarenta minutos de acometer una veintena de temas. Pildoritas de hardcore acelerado con estribillos casi pop de, a lo sumo, minuto y medio de duración que hicieron las delicias de la muchachada de las primeras filas. “Gut Feeling” o “I Wanna Be Like You” subieron las pulsaciones de un público que aplaudió con ganas la crítica de la banda al gobierno de su país. El muro de la esperanza.

Desde Bélgica regresaron, más de veinte años después, los ecologistas y buenrrollistas Nations On Fire. Su chillón cantante Edward desarrolló un discurso integrador, antifascista y libertario, se acordó de Kortatu y Negu Gorriak, y dedicó de corazón la reivindicativa “Nations On Fire” al icono internacional Fermín Muguruza. Comenzaron con “Flags”, continuaron con la luchadora “On And On” y terminaron con la militante “Dedication”. Planteamiento, nudo y desenlace para mantener encendida la mecha.

GBH (foto inferior)no se casaron con nadie. La voz rasgada del licántropo Colin Abrahall y los coros de ultratumba de sus secuaces crearon una atmósfera oscura, por momentos siniestra, desgranando un hardcore punk de aires opresivos e industriales que pareció querer homenajear a su Birmingham natal. “Sick Boy” y la incendiaria “Give Me Fire”, que dedicaron a unas chicas mexicanas, fueron dignas representantes de su buen hacer, y acabaron sembrando el pánico con la traca cercana al final dedicada al bebé urbanita y formada por “City Baby Attacked By Rats” y “City Baby’s Revenge”, Maníacos depresivos.

Un grupo que tiene conexiones con los míticos Minor Threat y Bad Religion merece una atención especial. Dag Nasty vinieron con la formación original, capitaneada por el bajista Brian Baker, y salvo por los problemas de sonido que tuvieron que padecer al principio, durante la interpretación de “Never Go Back”, ofrecieron una actuación muy sólida, saltando con soltura de los sonidos más pop a los del hardcore más agresivo. “Under Your Influence”, “The Godfather”, o la peterpanesca y desprejuiciada “All Ages Show”, dieron paso al desparrame culminado con la versión de Minor Threat “I Don’t Wanna hear it”. Washington, capital del imperio hardcoriano.

Stinky Turner, vocalista de Cockney Rejects, no paró de exhibir poses boxeadoras (movía los puños con soltura, se nota que durante su vida ha participado en más de una pelea). Los hooligans proletarios londinenses empezaron la trifulca con “War On The Terraces”. Orgullosos de sus orígenes, dedicaron “East End” a su barrio de procedencia y “I’m Forever Blowing Bubbles”, convertida en 1920 en uno de los himnos del West Ham, al club de fútbol de sus amores. Se cachondearon de las estrellas del rock y de la policía, y el partido concluyó sin heridos de consideración con la coreable “Oi! Oi! Oi!. Golazo por la escuadra.

Refused es una máquina de precisión sueca. A pesar de que el inicio con “Servants Of Death” precedió a un rato de bola sonora que hizo strike con la banda, consiguieron salir airosos con pelotazos de la talla de “Rather Be Dead” o la más reciente “Dawkins Christ”. El concierto fue de menos a mucho más y no faltaron las palabras de Dennis Lyxzen a favor de una mayor presencia femenina en el ámbito musical. El guión político y anticapitalista transcurrió según lo previsto, la puesta en escena fue sobria, y la banda se mostró concreta y marcial, consiguiendo llegar al punto de ebullición con “Summer Holidays Vs. Punkroutine” y con la causante de episodios de locura colectiva, la tremenda “New Noise”. Los putos Refused están jodidamente vivos.

Lo de Soziedad Alkoholika (foto encabezado) fue espectacular, en el Iradier Arena no volverá a crecer la hierba. Hay quien podrá decir que su propuesta está gastada y que su discurso contestatario está más visto que el tebeo, pero eso, a mi entender, son aspectos secundarios. No dejaron títere con cabeza. La Iglesia, las fuerzas de seguridad, los políticos, los medios de comunicación… Todos fueron pasando por su guillotina despiadada de thrash, hardcore, punk y toneladas de mala baba. Atronadores como pocos, convirtieron su set en un desfile de grandes éxitos de la discordia, adornado por un efectista y efectivo juego de luces. “Ciencia Asesina”, “S.H.A.K.T.A.L.E”, “Ratas”, “Piedra Contra Tijera”, y la combativa y en euskera “Pauso Bat” aceptaron la invitación al akelarre marca SA, y prepararon el terreno para el aguijonazo postrero de “Nos Vimos En Berlín”. Atilas.

Había muchas ganas y mucha expectación por ver a los californianos Suicidal Tendencies. Cumplieron a medias. Ningún reproche a su nivel instrumental, su entrega, su implicación y su derroche físico, pero deslucieron su actuación con algunos episodios de dispersión. Alargaron en exceso y hasta la saciedad varios temazos como “You Can’t Bring Me Down” o “War Inside My Head”, y acabaron cansando con su empeño en dirigir los pasos de la audiencia (vamos, griten todos ST, ST, ST!!!). Hay que decir en su favor que la liaron parda con zambombazos del calibre de “Subliminal” y “Possessed To Skate”, y que el final del concierto, con decenas de fans poseídos invadiendo el escenario y llevando en volandas a los músicos, es de lo mejor y más divertido que he visto en mucho tiempo.

Sábado 10 Noviembre

Urgentes y veloces, los donostiarras Adrenalized le dieron con ganas al hardcore melódico de su flamante último disco ‘Tales From The Last Generation’. Demostraron gran destreza técnica y las guitarras se deslizaron por la pista de patinaje hasta caer rendidas. Penúltima generación.

Los parisinos Lion’s Law no sorprendieron demasiado con su punk callejero. Alardearon de antifascismo, y su rapado vocalista no pareció disfrutar demasiado de tocar a una hora tan temprana. Cuidaron las melodías vocales con coros a tres voces e hicieron disfrutar con algunas de sus canciones más emblemáticas. El alegato contra el consumo de heroína “In Your Veins” caló hondo y dijeron que defenderían lo suyo y morirían por su gente en “For My Clan”. Buscando pelea.

Sin ninguna duda, el concierto del cuarteto de San Francisco Dead To Me se merece el premio a la actuación más desangelada e intrascendente de todo el fin de semana. Antibelicistas y consumidores de marihuana, su punk rock melódico transmitió frialdad más que otra cosa y no conectó con el público en ningún momento. Helada al atardecer.

Bad Co. Project, nacidos en Berlín de las cenizas de Oxymoron, referentes del punk underground europeo, sí atacaron con fuerza sus temas peleones y con cresta de colores.”All U Kids” cabalgó dinámica y festiva al lado de compañeras de galope como “Ten Years On” y “Mission Mohawk”. Para el tramo final, Sucker y su manada de gatos negros salvajes dejaron la resurrección de Oxymoron, que volvió a caminar entre los vivos a través de las destacadas “Life’s A Bitch” y “Dead End Generation”. Crisis de identidad.

De los gatos pasamos a la jauría de perros rabiosos. Street Dogs, liderados por Mike McColgan, cantante original de Dropkick Murphys, recuperaron con garra y determinación ese aroma a taberna irlandesa tan característico de Boston. “Punk Rock & Roll” sonó a verdadero himno de sábado por la noche y nos llevaron de copas con “Toby Has A Drinking Problem”. Dedicaron la velada a Donald Trump y al resto del Grand Old Party, el partido republicano norteamericano (la letra de “GOP” dice: GOP GOP, GOP GOP, you’re full of shit!), y cerraron con la emotiva “Back To The World”, en la que se ponen en la piel de los soldados desplazados a todas esas guerras encerrona creadas por la clase política dominante. Una pinta doble, por favor.

Un amigo me comentó que The Boys es un grupo para otro tipo de festivales de rock más clásico, y puede que tenga razón. Además, los de Londres abrieron con una selección de temas de aire pop (“Terminal Love”, “Weekend”), medios tiempos con voces deliciosas que hicieron que el noventa por ciento de los seres humanos presentes les mirasen como las vacas al tren. A partir de “Cop Cars” cambiaron de tercio y la gente empezó a conectar con su propuesta. El power pop aspirante a punk hizo acto de presencia en “Soda Pressing” y “I Don’t Care”, caldeando por fin un ambiente que definitivamente ardió con “First Time”, en su día rebautizada por La Polla Records como ‘El Avestruz’, y que ese noventa por ciento antes mencionado entonó como si le fuera la vida en ello. Chicos malos.

Los Segis (Segismundo Toxicómano, foto superior), también jugaban en casa, pero así como SA goleó sin oposición por parte del rival, ellos ganaron por la mínima en el tiempo de descuento. La sintonía con el público fue total desde el primer minuto y se mantuvieron en su sitio, pero sus proclamas populistas fueron perdiendo fuelle. No por falta de veracidad, sino por su excesiva reiteración. Cantaron contra todas las injusticias sociales imaginables (“Podredumbre”, “En este infierno”), contra la policía y a favor de la gaupasa, y en conjunto la selección de temas fue buena, redondeada con ese temazo titulado “Último Asalto”. A las barricadas.

Los primeros acordes de “Failed Imagineer” ya presagiaban que Propagandhi iban a regalarnos algo especial, algo para el recuerdo. Finos estilistas, también demostraron que no han olvidado berrear como es debido ni hacer el salvaje con agresividad desatada (“Fuck The Border”). Los cambios constantes de ritmo se convirtieron en norma, y las andanadas repletas de adrenalina no tuvieron problema en cohabitar con pasajes más progresivos ( la fascinante “A Speculative Fiction”). Con una riqueza desbordante de arreglos y matices, rescataron gran parte de su mejor catálogo, con “Devil’s Creek” y “Back To The Motor League” entre las joyas más destacadas, y “Anti-Manifesto” puso el broche de oro a semejante despliegue de talento. Compitiendo en otra liga.

Agnostic Front (foto superior) venían a Vitoria-Gasteiz dispuestos a dejar bien alto el pabellón del New York Hardcore y lo dejaron en la punta del Empire State Building. Las guitarras escupieron fuego, los coros asomaron la cabeza desde las profundidades de Mordor (“My Life My Way”, “Old New York”), y la referencia a sus raíces estuvo siempre presente (“For My Family”). Roger Miret se animó a cantar en castellano la amenazante y desafiante ” A Mi Manera”, compuesta a medias con Freddy Cricien, cantante de sus colegas Madball, y se soltó la melena en la cabezona “Friend Or Foe”, corte frenético que bien podría haber compuesto el primer Ian Mackaye. Por si la tropa no estaba lo suficientemente caliente ya, “Gotta Go” se encargó de incendiar a golpe de lanzallamas todo el territorio comprendido entre el escenario y las gradas. La muerte del sueño americano.

El fin de fiesta, nunca mejor dicho, quedó en manos de NOFX (foto inferior). No lo pueden evitar. Si no hacen chistes entre ellos, o si no toman el pelo a la peña, les puede dar un mal. Quitando este problemilla de extrema verborrea, disfrutamos bastante de su presencia. Porque si en tu repertorio colocas “The Brews”, “Idiots Are Taking Over” o “Bob” y su trompetilla saltarina, tienes licencia para casi todo. Además, la cosa fue ganando con el paso del tiempo. Les quedó muy resultona la versión ska del ‘Radio’ de Rancid, y sonaron frenéticas la musculosa “I Don’t Like Me Anymore” y las imprescindibles “Leave It Alone” y “Linoleum”. En un extenso bis no podía faltar la esperadísima “Stickin In My Eye”, antecesora de los ritmos jamaicanos de “Kill All The White Man”, epílogo definitivo del Gasteiz Calling de este año.

En el 2019 volveremos a decir que el sonido es mejorable, que si patatín, que si patatán, pero seguramente nos volveremos a ver. Un festival que respira tan buen rollo y que es garantía segura de diversión, merece mil y una oportunidades.