Nadie puede negar que Foals ha sido una banda que siempre ha ido de cara, sin empanadas mentales ni tapujos. Ellos mismos han sido los primeros en reconocer que su preocupación, a medida que han ido transcurriendo los años y los discos, ha sido la de ir simplificando cada vez más las estructuras de sus canciones para lograr que lleguen al público de forma directa. Hacer temas accesibles que provoquen una comunión con la banda para, en definitiva, liarla parda y que todo el mundo salga con el convencimiento de que ha pasado un buen rato y de que la banda se ha dejado la piel sobre el escenario. Pues bien, objetivo más que cumplido.

La que montaron Foals la pasada noche de domingo en una repleta sala Razzmatazz de Barcelona quedará grabado en el recuerdo de más de uno de los presentes. Lo único que se les puede echar en cara a los de Oxford es la duración del concierto que de tan intenso, rockero y sudoroso, se nos antojó corto, muy corto. Podrían haber seguido una hora más doblando los punteos de sus guitarras provocando el pasmo más absoluto de los presentes, pero no lo hicieron. Lástima. Aunque la hora y cuarto de actuación fue tan impecable como irreprochable, combinando con destreza temas de sus tres discos y demostrando, de paso, que hay más diferencia entre ellos en la calenturienta mente de la crítica que en su auténtico contenido. Cierto que mucho tuvo que ver el barniz de contundencia e intensidad con el que embadurnaron cada uno de los temas de su correoso directo. Solo hubo que comprobar de primera mano la intensidad que adquiría un tema como “Electric Bloom”, con un enloquecido Yannis Philippakis aporreando un tambor como si le fuera la vida en ello y que además acabó encaramándose hasta el segundo piso de la sala para lanzarse sobre el público como si de un joven Eddie Vedder se tratara. Una actitud de banda de rock de las de antes que se impulsó gracias a la intensidad rítmica y guitarrera de temas como “Milk & Black Spiders”, “Blue Blood”, “Red Socks Pugie” y, como no, una “Inhaler” en los bises que nos hicieron rememorar las antiguas visitas de RATM. Foals han sabido coger el camino más básico, el menos sesudo y elaborado, y aunque eso podrá provocar más de un rechazo, nadie les podrá negar que están consiguiendo una maquinaria rock mayúscula. Y eso, para los que estamos necesitados de conciertos de bandas que dejen de mirarse el ombligo y piensen en la celebración que un acto así conlleva, es una actitud digna de ser reivindicada.