Flotando en el espacio
Conciertos / Laetitia Sadier

Flotando en el espacio

8 / 10
JC Peña — 04-10-2021
Empresa — Mazo Madrid
Fecha — 03 octubre, 2021
Sala — El Sol, Madrid
Fotógrafo — Cedidas por la organización

Veintitantos años después de un concierto mítico de Stereolab al que hizo referencia, la francesa pisó el escenario de la acogedora sala madrileña en una velada deliciosa: fue como si un puñado de privilegiados se hubiera dado cita en un exclusivo club de un planeta exterior en el que cantara cada noche una artista dedicada al pop espacial más elegante.

En estos últimos años Madrid ha recibido la visita frecuente de artistas armados apenas con su guitarra y un amplificador. Son los peajes que imponen los rigores económicos de estos tiempos tan complejos en los que, si uno de trae a músicos de acompañamiento, no salen los números. Con este formato mínimo y exigente hemos visto de todo: del desastre sin paliativos de Evan Dando, a la profesionalidad de Lloyd Cole o la intensidad doliente de Dominique A o David Bazan. Le tocaba a Laetitia Sadier romper el hielo en esta lentísima recuperación post-Covid que vivimos con ansiedad. Veamos el vaso medio lleno, a lo Monty Python pero sin cinismo: de no haber sido por las medidas sanitarias, difícilmente habríamos disfrutado de la artista en una sala madrileña entre semejante silencio respetuoso.

Al ver su Fender Mustang negra y un solitario amplificador sobre el escenario, sinceramente, no sabía que esperar. ¿Sería capaz la francesa de transportarnos a esos mundos de ciencia ficción y emociones delicadas que lleva más de un cuarto de siglo cultivando en compañía de otros músicos?

Lo fue. Laetitia se multiplicó en el escenario a base de loops lanzados en tiempo real, una herramienta que puede ser peligrosa, contraproducente: no sólo por si uno mete la pata en los superpuestos, sino porque a menudo produce una sensación mecanizada enemiga de la orgánica propuesta de pop retro-futurista que íbamos a degustar. No obstante, esta vez funcionaron. Sin recurrir a su repertorio con Stereolab -que para eso el grupo está dando conciertos y ya tiene una respetable producción en solitario-, y presentando las canciones con comentarios simpáticos, Laetitia llenó el escenario: su capacidad para armar exquisitas piezas de un pop personal que no se parece a casi nada se benefició de un óptimo desempeño vocal (siempre ha sido una cantante infravalorada) y de su notable y original técnica guitarrística.

La actuación tuvo momentos sublimes, con piezas delicadas como “Reflectors” (que condensa las inquietudes políticas de la francesa) o “Dry Fruit”; esta última le sirvió de bis a la vieja usanza, ya que después de haber tocado algunas canciones nuevas, incluyendo una sin título y otra para una instalación artística, confesó con una radiante sonrisa no tener nada más preparado. Algo más de una hora que al selecto público le supo a gloria: en este formato esencial conviene no abusar de la capacidad de atención de un respetable que se mostró muy receptivo y atento al pop cerebral pero cálido de la francesa.

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