Por primera vez Fitur tuvo un espacio único y exclusivo dedicado a la música. Y lo hizo sirviéndose de una apuesta novedosa y vanguardista, optando por grupos de corte independiente, grupos procedentes de la llamada música urbana que tuvieron su oportunidad el día 25 en una jornada donde el rap, el trap y la electrónica se alzaron como los primeros protagonistas.

Y dentro de este marco, donde la música independiente demuestra que vive un vive un gran momento en cuanto a creatividad se refiere, Ojo Último fue el grupo encargado de dar el pistoletazo de salida . El proyecto liderado por el polifacético Sergio de Pablo ofreció un directo en el que el psico-dance de su trilogía Núcleo duro compartió protagonismo con la performance del colectivo escénico SUGA. Una puesta en escena novedosa, innovadora, donde el músico madrileño probó que la canción de autor y a cumbia-electrónica de baile pueden convivir, más aún si lo hacen sobre una gran puesta en escena visual como la suya.

Ojo Último

Tras él, salió a la tarima Albany, una de las mayores promesas del trap nacional actual. Su música nace de un rap electrónico y melancólico, pero rápidamente gira hacia un estilo desenfadado que se alimenta de sus raíces andaluzas, sin huir de otros sonidos que incluso se aproximan al reggaeton. Pero su figura nos recuerda a otras grandes artistas femeninas que han dominado la escena con una presencia imponente sobre el escenario, gracias a canciones como Se lo dedico a mi máma y Una menos. Y aunque su carrera aún esté comenzando parece destinada a ocupar un hueco importante dentro del trap en no mucho tiempo.

Y cerca de las 9 de la noche le tocó el turno a One Path, habitual de la escena madrileña cuya trayectoria ha ido evolucionando del rap a una propuesta más cercana al R&B, el trap y el pop urbano. Desde que comenzase con Vinz Monk e Infinitvm su música cada vez es más sencilla y cercana, con un mensaje alejado de poses y sin huir del autotune u otros elementos de la música moderna. Y así lo demostró en Ifema, con uno de las actuaciones más íntimas de la noche que sin embargo consiguió enganchar al público.

Albany

Tras la calma siempre viene la tormenta, y en esta ocasión la trajo Cruz Cafuné. Sus ritmos tropicales nos recuerdan a LocoPlaya y se alternan con un sonido southside en un rap cargado de vaivenes cuya cotización está en alza. El tinerfeño, miembro del colectivo Broke Niños Make Pesos, ofrece energía y momentos relajantes a partes iguales, sirviéndose para ello de varios géneros y optando con fuerza a ocupar un lugar de privilegio en la música urbana actual.

Los canarios fueron el anticipo de cómo el sonido de la noche iría abandonando lo electrónico para acercarse al rap, llegando definitivamente a ese punto con la aparición en escena de Denom. Jugaba en casa y lo disfrutó, entregándose ante un público que le respondió y demostró que el MC ya está más que asentado en el panorama actual. De entre su repertorio destacaron Cuando no estás tú y Sólo pienso en ti, dos canciones que ponen a prueba la rasgada voz del madrileño, quien finalizó su actuación con una espectacular Por ti que puso patas arriba el Ifema cerca ya de la medianoche.

Fue el preludio del momento más esperado de la noche. Natos y Waor, cabezas de cartel, demostraron porqué son lo que son y están donde están. Su directo es una explosión de energía y entrega con canciones como Elegante o Terciopelo que lo demuestran desde los primeros beats. Alternaron canciones antiguas, nuevas, Barras Bravas y colaboraciones durante una hora y media para el deleite de un público apasionado ante la gran puesta en escena del dúo madrileño. Destacar ese momento en el que Recycled J volvió al escenario para acompañarles con algunas de sus canciones de Hijos de La Ruina. El cantante está a punto de publicar su nuevo álbum City Pop, pero es innegable que su aportación al directo (especialmente a los estribillos) de Natos y Waor ofrece un gran salto de calidad. Juntos, demostraron el porqué de la expectación que generan sus conciertos.

Natos & Waor

Y así llegamos al final de la noche, con un público generoso en aplausos hacia Natos y Waor y con ganas de coger el último metro, aunque muchos se quedaron por curiosidad para ver lo que nos tenían preparado los Zombie Kids. Y, como casi siempre, no defraudaron. Acompañados del omnipresente Mbaka (ex Sólo Los Solo y Chacho Brodas entre otros) regalaron un show donde la electrónica se alternaba con ritmos de rap, latinos, reggaeton o lo primero que se les pasase por los platos. Lo mismo sonaba Sean Paul, que C.Tangana, Costa, temas de cumbia e incluso alguna ranchera, ofreciendo un final de fiesta a la altura de las circunstancias. Tal como se veía venir.

Fueron en total 10 horas de música, donde diferentes géneros que proceden de una misma raíz convivieron para darnos momentos de buena música para todos los gustos. Con un espacio bien acomodado para el festival y una única pega: la huelga de taxis que finalmente no afectó tanto como se esperaba. Y que no impidió que la música de hoy, esa que evoluciona y cambia cada día en busca de romper barreras y clichés, se hiciese sentir en Madrid. Alfonso Gil Royo


La segunda jornada de Fitur Es Música, con Mando Diao como principal reclamo, se presentaba como un evento atractivo no solo para los adeptos al indie y la electrónica. Delaporte, Mueveloreina, Cariño, Miqui Brightside, Cheries DJs, Volver, Ganges y los inclasificables Mastodonte (quienes componen toda una amalgama de géneros musicales) daban sentido un cartel marcado por el eclecticismo y la paridad.

A las 19:30 puntuales arrancaba el festival, con Ganges interpretando Fade (IN), la canción que da inicio a su disco debut. La claridad y calidad de la voz de Teresa Gutiérrez conseguía rebajar la estridencia de las bases, cuyo elevado volumen retumbaba en el Pabellón 1 de la Feria de Madrid. Sola con su teclado y un ordenador, marcaba el ritmo del viaje por el que te trasladan sus melodías en sintonía con los audiovisuales tras de sí. El foco de luz proyectado sobre el público entre cada canción rompía la buena atmósfera creada durante el concierto, como cuando de madrugada, las luces del bar insinúan que es hora de retirarse… La versión de Ain’t No Mountain High Enouh fue sin duda el clímax de la actuación. Ganges la hace suya, despojándola de todo ese edulcorante que le ha sido imprimido a través del cine.

Ganges

Tras la actuación de Ganges nuevamente el foco de luz le recordaba al público (escaso) su condición de humanos que acuden a un festival desde primera hora. Con cinco minutos de retraso según el horario marcado, era el turno de Volver. Luis y Miriam, ambos con el pelo rosa y jerséis fosforitos, presentaban en orden las canciones de su primer EP, Abril. Pop electrónico a dos voces que otra vez quedaban enterradas bajo el volumen excesivo de las bases. Los primeros acordes de Nadie más eran como vitaminas para los amantes de la guitarra, resignados hasta entonces a la doctrina de la electrónica. El dúo animaba al público a cantar y sus seguidores les acompañaron en los coros de Cenizas, que culminó con el lanzamiento de confeti.

Con Cariño llegó el bajo (para nada la “bajona, tal y como reza el título de su miniLP de debut). El trío compuesto por guitarra, bajo y caja de ritmos ) arrastró a buena parte del público a las primeras filas. De nuevo, el elevado nivel de las bases hizo que Mierda seca se quedara precisamente en eso. Afortunadamente, el público se sabía la letra y pudo disfrutarla de todas formas. En Nada sigue igual, todo cambió: el problema del volumen se solucionó. En Su portal rompió la distorsión y el tempo acelerado de la canción invitaba al público general a bailar. Cariño tiene una gran virtud, y es que son capaces de sacarle una sonrisa a quienes las escuchan por primera vez. Con Llorando en la limo, su versión del tema de C. Tangana, se ganaron a quienes no las habían escuchado hasta ese momento. En Bisexual, otro se sus indiscutibles hits, el público se vino arriba. “Esta es la que hicimos para Vox”, ironizaba María, cantante y teclista.

Después de Cariño, Cheries DJS caldearon el ambiente con canciones que van desde el rock de los setenta hasta el indie rock más contemporáneo: desde Billy Idol hasta The Hives. El tándem formado por Beatriz de la Guardia y Susana Campayo preparaba los oídos del público para lo que estaba a punto de acontecer.

Mastodonte

A las 22:20 aparecía Mastodonte en escena. El pabellón, que parecía excesivo, les ciñe tan bien como el atuendo extravagante con el que salen ataviados. La jornada, que desde Ganges hasta Cariño había ido creciendo tanto en número de artistas sobre el escenario como en instrumentos (de la voz casi desnuda de Ganges al power trío de Cariño) alcanzó su culmen con Mastodonte, que incluyeron hasta dos secciones rítmicas. El grupo combina a la perfección textos viscerales y melodías severas con matices tecno, dance y hasta funk, capaces de convertir lo intenso en liviano. Rompen el hielo con Glaciar, previa danza tribal en la que animaba al público con tambores. Asier Etxeandia, de un carisma apabullante y con una voz de una potencia dramática abismal, se erige en el maestro de ceremonias de un directo impecable. La complicidad con su compañero de escena, el multi-instrumentista Enrico Barbaro, y el resto de la banda, son una de las claves del gran directo. Como en una función teatral, los cambios de vestuario son frecuentes y en El Blues del Niño, Etxeandia aparece de repente con un gabardina: “Los niños me insultan pero las niñas no”. El público se mostró entregado desde el principio hasta el final, entusiasmado con las coreografías del frontman y la puesta en escena. Tras el último tema, Redención, uno de los más potentes, los fans en estado de catarsis abandonaban las primeras filas para cederle espacio a los nostálgicos del indie rock de los noventa.

Mando Diao

Poco antes de media noche, llegaba para muchos (varios recién llegados) la actuación más esperada. Mando Diao se presentaron sobre las tablas próximos entre sí, (a pesar de tener escenario de sobra) para desprender la cercanía característica de la banda de rock que toca apiñada en pequeños clubs. En las primeras filas convivían dos públicos bien diferenciados: los fans “de ayer” y los fans “de hoy”, que se daban réplica a la hora de botar y cantar. En Gloria Björn Dixgård -que en ocasiones pecó de necesidad de atención- rompía de lleno la cuarta pared. Los grandes éxitos se intercalaron con canciones de los últimos discos, y durante Down In The Past y Mrs. Moon, dos de las más conocidas, el público aprovechaba para capturar el momento en sus teléfonos móviles. Se percibían más pantallas encendidas que miradas atentas. Tras el bis, el broche de oro llegó con la archiconocida Dance With Somebody. Aquí no hubo concesión. Los fans de ayer y los de hoy la corearon al unísono, en un pabellón a menos de la mitad del aforo, pero muy contento. Ángela Álvarez