Noche fría en Málaga y luz de luna azul neón en la sala Velvet. Noche de lobos. Conforme sonaban los compases de “Days Become Age”, la sala aullaba a estos dos músicos esteparios que tomaban posición entre el despliegue de cacharrería con una sonrisa en el semblante. Tres de tres. Tres llenos seguidos, Madrid, Sevilla y Málaga, confirman que “Wolves”, su brillante tercer álbum, les está repercutiendo un crecimiento exponencial. “Llevamos desde el 97 en la brecha, ya es hora” me confiesa Esteban entre bastidores. El tiempo de I Am Dive ha llegado.

Las luces multicolor de ese muestrario de secuenciadores, teclados y demás hardware iluminan el páramo característico de sus canciones con un pulso constante, un beat con el que hipnotizar al bullicioso público, revuelto en algunos momentos de la noche. Visto lo visto la banda decide aparcar la acústica para esta ocasión y escalan “Mount Eerv” por su cara más vertical. A medida que avanza el concierto consiguen expandir ese estrecho tubo de la Velvet y convertirlo en un amplio valle desde el que proyectar temas de estribillos gigantes como “Falling”. Sobre el escenario no hay un minuto de descanso. Dirigir con precisión la salida y entrada de loops debe alternar con un acto menos mecánico, transmitir esa fuerza animal que desprende “Wolves” y que en determinados momentos pide desatarse de tanto cable.
Un cruce de miradas basta para reconducir el repertorio, para que Jose module la señal de su orquesta química. El público no aplaude, se queda atrapado en el riff de “The Lower You Fall”, no hay hueco para aspavientos así que mejor dejarse llevar por el mantra que transmite la música de I Am Dive. Aprovechan el ritmo palpitante de “Backwards” para dar las gracias a los fieles y la bienvenida a todos aquellos, eran bastantes, que no estuvieron hace un par de años en la antigua Velvet. Se cierra el círculo y se cierra el tercer concierto de una gira que acaba de empezar. Como epílogo “Summer Camp”, una alusión a ese verano que después de tantos inviernos seguramente les será provechoso.

No puede terminar esta crónica sin volver al principio de la noche y hacer mención de White Deers. Estreno de un proyecto que si bien se inspira en esa belleza oscura de bandas como Cocteau Twins, está encabezado por la voz exultante y radiante simpatía de Ani Ruíz. La malagueña se ha rodeado de músicos experimentados llegados de formaciones como Atención Tsunami o Autumn Comets. Sobre el papel hacen dream pop entre lo divino y lo humano, entre alas y cuernos. Para ser su primer concierto cuentan con numerosos fieles. Igual estos no tiene que esperar tanto.