Exhibición en la Ciudadela
Conciertos / El Drogas

Exhibición en la Ciudadela

9 / 10
Javier Escorzo — 04-07-2016
Empresa — Black Izar
Fecha — 02 julio, 2016
Sala — Varios espacios Pamplona
Fotógrafo — Javier Escorzo

Nueve de cada diez psiquiatras coinciden en su diagnóstico: El Drogas sufre un trastorno crónico de incontinencia creativa. Así lo demuestra la infinidad de proyectos en los que se embarca, ya sean discos triples, libros de poemas o una maratoniana gira de conciertos de duración springsteeniana. El pasado sábado, para terminar la etapa de “Demasiado tonto en la corteza”, El Drogas y su banda (o mejor dicho, sus bandas) quisieron poner el colofón con un cuádruple salto mortal. El más difícil todavía: un macroconcierto de más de cinco horas en tres escenarios diferentes, con tres formatos y dieciocho invitados. Ahí es nada.

Ya desde la mañana del sábado se notaba un ambiente especial en Pamplona; mucha gente venida de otras ciudades paseaba por las calles con camisetas de El Drogas o de su antigua banda, Barricada. Media hora antes de que se abriesen las puertas de la Ciudadela, las colas para acceder al recinto ocupaban ya toda la Avenida del Ejército. Cuando por fin llegó la hora, El Drogas esperaba en el césped interpretando canciones en solitario, con su guitarra y su piano. La gente se arremolinó a su alrededor, sentada sobre la hierba a un metro de distancia del artista.

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Tras este aperitivo, El Drogas se dirigió hacia el segundo escenario cual flautista de Hamelín, con cientos de personas siguiéndole. Allí le esperaba su banda (Brigi Duke en la batería, Txus Maraví en la guitarra y El Flako Txarrena en el bajo), para revisitar los temas de “La tierra está sorda”, el último álbum de Barricada con Enrique en el grupo. Este espectáculo, que han bautizado como “Sombras que la luz grita”, es el granito de arena de El Drogas para recuperar la memoria histórica. Como bien dijo, el lugar era de lo más apropiado, pues en la Ciudadela se practicaron ejecuciones durante la Guerra Civil. Pudo verse alguna bandera republicana entre el público, que seguía accediendo al recinto mientras sonaban ‘La estancia’, ‘22 de mayo’, ‘Por la libertad’ o ‘Una lágrima en la arena’.

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Tras un receso de veinte minutos dio comienzo la actuación de la Rythm & Blues Band. Eran las 21:30 y ahora sí, seis mil personas abarrotaban el mismo escenario en el que semanas atrás se celebró el Festival Tres Sesenta. Como ha sucedido durante el resto de la gira en este formato, a la banda habitual de El Drogas le acompañaron dos coristas y un teclista. Juntos dibujaron con nuevos colores canciones como la folky ‘Debajo de aquel árbol’, ‘Todo lo enamora’, ‘Sin reverencias’ o ‘Todos los gatos’. Fue en este tramo del concierto en el que empezaron a desfilar por el escenario los invitados: Iván Ferreiro, Ara Malikian y su violín, Quique González, Los Zigarros, Leiva, Carlos Tarque (M Clan), Fito y Luz Casal. Pero la mayor ovación se la llevó, sin lugar a dudas, Rosendo. No en vano El Drogas suele recordar que uno de los mayores impulsos que tuvo para montar una banda fue ver a Leño en Estella a principios de los 80. Y como a un patriarca le recibió también el resto de artistas, antes de interpretar al alimón ‘Otros tragos’, con la que pusieron fin a este tercer concierto.

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Pero nadie se movió, o al menos no más lejos de las barras, pues a las 0:30 de la madrugada daba comienzo el cuarto y último concierto de la noche, titulado “Los disparos del Dr. Gas”. Aquí tuvieron cabida los temas más enérgicos del repertorio, y contaron con los invitados más cercanos al rock urbano y reivindicativo: Vito de Sínkope, La Chula Potra y Brick Paco de Benation (la versión que hicieron de ‘Víctima’ fue uno de los mejores momentos de la velada), Carlos Escobedo (Sober), Yosi (Los Suaves), para terminar con los locales Kutxi Romero (Marea) y Gorka Urbizu (Berri Txarrak). Este último interpretó ‘Bahía de Pasaia’, traduciendo al euskera la última estrofa, y ‘No hay tregua’.

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Con semejante clásico ya podía intuirse que el concierto estaba tocando a su fin, y el reloj así lo confirmaba. Eran casi las 2 de la madrugada y la primera canción había sonado a las 19:30. ‘Azulejo frío’ y ‘En blanco y negro’ pusieron fin a cinco horas y media de música. Un repaso exhaustivo a la carrera musical de una de las principales figuras de nuestro rock, que sigue mostrando su poderío cuantitativa y cualitativamente.

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