La vida de Mark Oliver Everett se merece ese libro autobiográfico titulado “Cosas que los nietos deberían saber” (Blackie Books) y mucho más. En éste, dejando a un lado las alucinantes experiencias personales, también nos relata sin pelos en la lengua sus peripecias dentro del entramado de la industria musical. Tras la lectura del libro y escrutar su personalidad uno puede llegar a entender sus innumerables excentricidades. Como las que nos ha regalado a lo largo del concierto ofrecido en la sala Bikini de Barcelona. Sin ir más lejos no mostró ni un resquicio de su gesto gracias a un camuflaje facial compuesto por una abundante barba – como el resto de la banda-, unas gafas de sol y un pañuelo de motorista. Eels han vuelto a demostrar que las leyes de la industria están para saltárselas y por eso han publicado tres álbumes en apenas doce meses. El set de esta noche ha hecho alguna parada en todo este material, aunque también ha habido momentos para las sorpresas, como las versiones de “She Said Yeah” de The Rolling Stones, “Summer in the City” de The Lovin’ Spoonful o una versión pasada de vueltas de “Summertime” de George Gershwin. El planteamiento fue heterogéneo -lo cual se agradeció- yendo del recogimiento acústico en la primera parte, encabezado por “Grace Kelly Blues” y “Little Bird”, para acelerar luego el ritmo a base de rock supervitaminado –auténtica columna vertebral del set-, y de ahí fue virando a su antojo hacia terrenos más desenfadados, como “Jungle Telegraph”. En definitiva a uno se le quedó un buen sabor de boca tras una batería de más de veinticinco canciones y un cóctel sonoro a base de rock, folk, country, funk y blues.