Viaje al sol
Conciertos / Festival Interestelar

Viaje al sol

8 / 10
Beatriz Rodríguez — hace 2 años
Empresa — Global Music 360º
Fotógrafo — David Pérez Marín

Lo único que necesitaba Interestelar Sevilla para triunfar era buen tiempo. El sol brilló y de que manera en la capital andaluza y siete meses después de una edición cero truncada por la lluvia se pasó de un otoño invernal a una primavera veraniega. Más de veinte mil personas se esparcieron por esa pradera verde que hace del recinto de La Cartuja uno de los mejores del calendario festivalero y más medio centenar de actuaciones se fueron sucediendo en los tres escenarios ubicados con puntualidad durante las dos jornadas.

Dejando de lado los precios de las bebidas y comidas, que para más de uno pudo ser un inconveniente, es preciso recordar en contraposición que el abono salió a la venta con un precio irrisorio, amortizadísimo con la programación que había por delante.  Aprovechamos el dos por uno en cervezas  hasta las seis de la tarde, subimos al  autobús de Ron Negrita para otear el recinto desde las alturas e incluso echamos una partida de Guitar Hero.

Al igual que mucho del público allí congregado abandonó la ladera con “tuents” sobrantes, los redactores tampoco poseemos el poder de la teletransportación,  y, a pesar de que los dos escenarios principales no se solapaban, es entendible que lamentablemente quedaran en el tintero muchos grupos. Un festival donde se mezcla lo diurno con lo nocturno, la temática indie con el rock ´n´roll, los artistas noveles y algunos ya clásicos. Donde cobra la celebración de la música otro significado por el despliegue estético, donde se cuida hasta el más mínimo detalle y reina el buen ambiente. Un bien adicional que necesitaba la ciudad a nivel de escena. Una lástima que pesaran el calor, los horarios laborales del viernes para aquellos que se desplazaron hasta la capital hispalense, y la querencia por hacer botellonas a las afueras del recinto como en tiempos del desaparecido Territorios frente a bandas como Viva Suecia, Depedro o Mechanismo, ejemplos de cómo no tener el público merecido, aún sonando de maravilla.  Los primeros llenos del viernes fueron en Carlos Sadness.  A juzgar por las caras mientras sonaban “El gran momento”, “Groenlandia, “Miss Honolulu” ” y “Au revoir”, el chico happiness se metió en el bolsillo hasta a sus detractores.  Hasta pudimos vislumbrar a un peculiar Curro, mascota de la Expo92 que pobló estos lares hace 25 años. Sexy Zebras, con torsos desnudos y la convicción del que tiene un buen producto que ofrecer, fueron un descubrimiento de traca para muchos. Actitud y temas como “Quiero follar contigo” sumados a las altas temperaturas, les hicieron resultar vencedores con su savoire faire y una química inmediata que planeaba desde el minuto uno.

Loquillo, recién propuesto por el PSC como Medalla de Honor de Barcelona, sí que se ganó todos los honores de una multitud a la que causó furor, formada por diferentes generaciones ávidas de disfrutar de una figura de altura en cuerpo y alma. La cuadrilla que le acompaña (necesario mencionar a Raúl Bernal, Mario Cobo, Laurent Castagnet, Alfonso Alcalá, Josu García e Igor Paskual, una banda en estado de gracia continuo), también cuenta con un público a su favor, que cada vez que suena “El ritmo del garage”, “Feo, fuerte y formal”, “La mataré”, “Quiero un camión”,  y demás joyas de la historia del rock español, son sacudidos por “el hombre de negro”. Vorágine desenfrenada mientras el sol se escondía y se intuían los primeros acordes de “Cruzando el paraíso”. El Loco cerró con “Cadillac solitario”, tan mítica como su propia persona. Concierto premium de un artista etiqueta negra que lleva viviendo su edad dorada ininterrumpida desde los ochenta.

 

Mientras Loquillo demostraba que seguía siendo capaz de amotinar recuerdos en la memoria colectiva, los explosivos murcianos Varry Brava y su “Safari emocional” hacían gozar a los asistentes aglutinados en el escenario Coolway, el tercero en discordia. Sobre él tuvo lugar un dueto con un aún pletórico Carlos Sadness, una manifiesta rendición a la personalidad sevillana por excelencia, Silvio, al que dedicaron “Flow” e inflaron de descaro “La playa”, innegable temazo que rompe moldes.

Su presencia en la mayoría de los festivales no resta que sigan siendo de los más esperados. Unos entregados Love of Lesbian, hicieron gala de la frase que esconde “Los Toros en la Wii”, no es necesario tener principios, lo importante es tener finales, ya que, a pesar de los problemas iniciales de sonido ajenos al grupo durante los dos primeros temas, siguen siendo puro espectáculo sobre el escenario y supieron quitarse la espina del fastidioso error y de paso la de la cancelación en octubre de su concierto previsto en la primera edición. Y si seguimos citando frases de sus hipnóticas letras,  Santi Balmes a veces “se pasa”, y en “Incendios de nieve” se bajó hasta las primeras filas. También nos hizo bajar como ordena el ritual de “Algunas plantas”.  No pasó desapercibido  “Hombre lobo en París”, con el añadido anecdótico de que mientras, La Unión tocaba a pocos metros en una sala sevillana. Los catalanes lograron que simpatizáramos con “El poeta Halley” y que volviéramos a saboreabar “1999”  o “Cuentos chinos para niños del Japón” con la misma intensidad que lo hacíamos años atrás, donde ya disponían de esa licencia creativa que les caracteriza.

En la tercera base de operaciones, Los Tiki Phantoms y la incendiaria música surf que plantea el cuarteto, resolvían su show creando una conga y desparramando cienes de caretas de caninas entre el meollo al que aportaron un rato glorioso que sólo ellos saben construir simbolizando su propio universo. Poco antes Loquillo cantaba “Esto no es Hawaii”, pero lo cierto es que el escenario Coolway se asemejaba.

Luces y los primeros acordes de “Tipo D” en el stage de Cruzcampo como primera toma de contacto, y se empezó a sentir el fanatismo ante una explanada repleta y preparada para asumir lo que iba a suceder. Y ocurrió así. Y sentó muy bien. La súperbanda fetiche de cualquier festival que se precie, León Benavente,  rugió como nunca. Querían que fuera un hit, y así fue, un hit tras otro, de una forma animal y satisfactoria,  haciendo botar  en su apoteósico final con  “Ser brigada” , donde se levantó tanto el polvo como la arrolladora furia de Abraham Boba, que hizo bailar de forma irracional,  dejando con ganas de más, lo cual es ya la especialidad de la casa y toda una garantía del éxito que siguen cosechando. Coincidían en horario con la Milkyway Express, que presentaban su disco Malinche ante sus paisanos. Desfilaban un puñado de temas fantasía con los que estos dandies sureños ganaron el asalto con su directo y sustancia.

 

Durante la segunda jornada el calor asfixiante fue el cabeza de cartel. Insultante horario para algunos el previsto para Guadalupe Plata y Corizonas, rozando las cuatro de la tarde. No es maltrato, es ajuste de programaciones. Y no eran dos conciertos justamente prescindibles. No se les escapaba un detalle a los organizadores del festival, y en los puestos de merchandising se vendía protección solar.  Pero si el calor apretaba, más lo hacían ellos. con su blues infernal. Y si el sudor se deslizaba, más ágilmente lo hacían los dedos de Paco Luis Martos sobre su bajo artesanal. Aún así, sendos grupos, uno detrás del otro, derrocharon y triunfaron ante los valientes que se atrevieron a entrar en barrena con dos brillantes actuaciones. Eso sí, la sombra bajo el ciprés que presidía la ladera era alargada, convirtiéndose en el refugio favorito de aquellos que quisieron empaparse del poderoso directo de dos de las bandas nacionales más notables. La aventura Interestelar también nos permitía vislumbrar artistas de la asociación de ilustradores de Sevilla retratando las  pinceladas musicales. Los mallorquines L.A también fueron castigados por el maratoniano horario de la primavera veraniega sevillana. El sol seguía pegando pero sus temas pegaban aún más entre la comunidad festivalera que iba entrando en ambiente contra lorenzo y marea.

Quentin Gas & los Zíngaros era una cita imperdible para muchos, movidos por las buenas críticas que está cosechando con esa  “Caravana” que transita entre oriente y occidente. El desparpajo de Quintín terminó en loop y éxtasis tras un bolo impecable, donde “Deserto rosso” y el resto de su abrumadora colección de temas, con una puesta en escena de lo más enérgica y sincronizada, resultaron ser de lo mejor del festival. Sinergia desplegada entre público y artista. Emocionaron y convencieron con su psicodelia que aúna la exploración del flamenco y rock con el mejor de los gustos.

La Habitación Roja (ahora que está tan de moda ese concepto con el regreso de Twin Peaks), siguieron puliendo el espíritu del festival, ofreciendo a todos los que acertaran en acercarse al directo  de estos veteranos un conjunto de temas que ya han sido cultivados como clásicos, como “Ayer”, “Voy a hacerte recordar” o “Indestructibles”, elementos narrativos que erizaban a un público sumergido que no quedaba indie-ferente ante la cuenta atrás en este menú musical no apto sólo para nostálgicos.

Second comenzaron con “Nueva sensación”, sudando la gota gorda , mientras iba abarrotándose el escenario Negrita. Sean entró en contexto durante “Las serpientes” portando una blanca, y rememoró “Rodamos”, desarrollando de esa forma temas con los que se hicieron tan conocidos en el circuíto, en paralelo a sus últimos trabajos. Eran uno de los platos fuertes de la tarde,  y deleitaron a una audiencia que coreaba hasta la saciedad su “Muérdeme” y se fundía en su “Rincón exquisito”.

Maga triunfaron tras el lleno que les precedía en el Teatro Central hace unos meses. Mientras atardecía, la peculiar voz de Miguel Rivera deleitaba los sentidos, y  aprovechaba la ocasión para hacer disfrutar del nuevo trabajo de los sevillanos que también rescataban sus éxitos anteriores en el año en el que se cumplen su décimo quinto aniversario sobre los escenarios. Ante paladares deseosos, marcaron un continuo donde el adentrarse en su nuevo disco fue protagonista, pero en cuya ruta no denostaron sus temas de siempre, con más de una década de diferencia, que siguen atrapando a hordas de público que siguen esperando con merecida atención e interés ciertas resurrecciones que ya se tornan en inevitables en sus citas, como “Diecinueve”.

Nos perdimos a Los News muy a nuestro pesar, pero eran palpables las ganas de ver a Los Planetas y comprobar esa vuelta por sus mejores fueros. Lo que se presenció, fue un grupo de culto ofreciendo un concierto de culto. Protagonistas los temas de su ultimo disco, “Zona temporalmente autónoma”, abrieron con la joya de la corona, “Islamabad”, que ya son palabras mayores,  pero lo realmente reseñable fue que hicieron un ejercicio de rescate con un setlist donde se alinearon constelaciones para dar uno de sus conciertos épicos, recordando porque fueron los precursores del fenómeno independiente, marcando un antes y un después en los albores indies.  “Jose y yo”, “Segundo premio”, Santos que yo te pinte”, o “Alegrías del incendio” brillaron de tal forma que los granaínos no dejaron espacio para las lamentaciones con sus acertados revivals y sus transgresoras buenas nuevas. Otra concesión fue el momento en el que Angelina,  de Apartamentos Acapulco subió para ponerse al frente de los coros. Imparcialmente, dejaron patente su trono y sugirieron que lo mejor está por venir y ellos siguen siendo necesarios. Y qué decir de su despedida con “Pesadilla en el parque de atracciones”. Su retorno fue un éxito de público y crítica, un ejercicio de gratitud en el que nadie se quedó con “la espinita”, y  J no sólo volvió a dejar palpable que es un genio sino que incluso mantuvo interacción con el respetable, toda una revolución que no hizo más que allanar el camino de los conciertos que aún quedaban pendientes.

Sidonie se empeñan en proclamarse el peor grupo del mundo, pero conquistaron con su buen hacer sobre el escenario, donde todo lo transgresor tiene cabida y se empeñan en pasarlo y hacerlo pasar bien. Momentazo coral cuando invitaron a La Habitación Roja a compartir un espacio al que se iban incorporando sin freno “Un día de mierda”, “Carreteras infinitas”, “El incendio” o  “Estáis aquí”.  Su capacidad como showman, los anuncios de próximas paternidades, y ese broche de Axel Pi escalando estructuras mientras sonaba “En tu fiesta me colé” de Mecano y escupían purpurina cedían el testigo sobre lo que se especulaba iba a ser un broche de oro.

Lo de Fangoria fue sencillamente espectacular. Fascinaron a un recinto en su totalidad englobando gratas performances de música disco que eran intercaladas con una Alaska envuelta por un espíritu festivo que contagiaba a todos los presentes. Hizo alarde de las razones por las que lleva más de 30 años reinventando fórmulas que siempre cuentan con el beneplácito de la inmensa mayoría. Miles de personas  poblaban incasables tremendo espectáculo visual, donde transcurrían coposiciones icónicas una tras otra. Los picos llegaron con “Ni tú ni nadie”, “Espectacular”, “Iluminados” y “Fiesta en el infierno”.  En “Absolutamente”  salpicó un homenaje a la desaparecida y admirada Sara Montiel. Una leyenda viva como Olvido Gara era flanqueada por dos bailarines a mil revoluciones mientras desfilaban joyas de su dorado repertorio en zigzag ante el ansia ensordecedor. Nacho Canut se despedía con el emblemático saludo de Doctor Spok, con la paradoja de habiéndose convertido en los “artistas revelación”del festival ante semejante plantel con un medley final que incluía desde las Hermanas Goggi, a Sonia y Selena pasando por El Columpio Asesino y Astrud en su renovado homenaje a la música de baile, en cuyos recovecos siempre son partícipes.

Brutal cierre de ELYELLA, en escenario Cruzcampo, donde serpentinas y una sesión de órdago flotaban en el aire matando suavemente nuestros pies en el momento adecuado, mientras Meneo culminaba en el escenario colindante un viaje Interestelar que ya tiene fecha para el próximo lanzamiento el 18 y 19 de mayo de 2018. Comienza la cuenta atrás.

 

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