El azul oscuro con el que nos marca la tristeza crece tras la pérdida temporal de un sentimiento más puro y resplandeciente, una emoción que puede hibernar pero nunca irse del todo. Las penas son pasajeras y el Blues lo sabe, por eso en Cazorleans si llueve es de alegría, y al son de la mejor música, bajo el dorado del sol y el plata de armónicas escondidas entre olivos, despierta cada verano la luz dormida.

Es jueves y Hot Nasho inaugura en el patio del ayuntamiento esta 22 edición del Blues Cazorla, con booguie por los cuatro costaos y raíces que huelen a tierra mojada. Tras los primeros brindis, llegamos a la plaza de toros donde James Hunter nos recibe a puerta gayola con su sempiterna sonrisa y una voz más negra que el tizón. Rhythm and blues de la vieja escuela hecho a fuego lento y acompañado por una banda que está de vuelta. Pero la luna de Cazorla no salió tarde y desde que asomó, pidió a gritos 091 y Rock n’ Roll. Cada tema suenan como si fuera la primera y última vez. “La noche en la que la luna salió tarde”, “Este es nuestro tiempo” o “La Torre de la Vela” caen sobre nosotros como bombas de felicidad, y aunque Lapido y Pitos en rara ocasión se cruzan miradas, la banda explota en cada canción. “La vida que mala es” la corea Jaén al completo. Recuperándonos estamos cuando un huracán de funky/soul nos lleva por delante. Los Betrayesr van como la seda y Aurora es fuego, con su voz y movimientos de cadera termina por conquistar hasta al blusero más purista. Y el Blues llega con Seydel Harp Attack, capitaneados por Emilio Arsuaga, Mingo y Joaquín Rodríguez, un triángulo de armónicas en el que se funde y despide la madrugada con el sabor más auténtico, de la Costa Oeste a Texas, de Chicago a Louisiana.

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El viernes nos deja huella desde muy temprano. Posponemos el primer contacto con nuestra añorada plaza del pueblo y vamos en busca de una leyenda viva, Lazy Lester. Si lo miras a los ojos, la historia de la música te pasa por encima. Para las manecillas del reloj y nos narra vivencias increíbles, paz y filosofía de vida que nos cala hasta los huesos. Nos canta a un metro, con su Fender desenchufada, un puñado de canciones country que erizan hasta la moqueta del hotel. Eternamente agradecidos.

La plaza Santa María, epicentro del Blues Cazorla, nos recibe con el mejor de los ambientes y el “House of the risin sun” por los festejados Pink Suede. Y de un Escenario Jaén en Julio que suda Little Walter y rock sureño del bueno, pasamos al Escenario Cruzcampo, donde vuelve a llamar el blues a nuestra puerta, con Lazy Lester soplando una armónica que pinta el cielo de estrellas. “Blue stop knockin” y vuela por siempre joven (83 años) sobre nosotros, con una “Sugar coates love” que por sí sola, bien vale ya haber pisado este bendito albero un año más. Álvaro Bouso y Emilio Arsuaga, escuderos de lujo con los que tiene un feeling especial sobre el escenario, están pendientes de cada parpadeo de un Lazy que disfruta y transmite su gozo en cada nota. “Jambalaya” y hasta pronto Mr Lester. Nathaniel Rateliff and the Night Sweats nos montan en su montaña rusa sin preguntar. Salen disparando a quemarropa con “I need never get old” y desprenden tanta energía y magnetismo que mucho después de terminar con “S.O.B.” y dejar huérfano el escenario, seguimos bailando y cantando su estribillo. El concierto más redondo de esta edición. Mr Sipp y su maestría a las seis cuerdas, con coreografías y paseo entre el respetable incluido, también roza el sobresaliente. Le da el relevo y deja a la madrugada más despierta que nunca Shakura S’Aida, una diva que exhuma elegancia y garra a partes iguales por cada poro de su piel.

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El sábado es de Shemekia Copeland, reina indiscutible de día en el Escenario Agua Sierra de Cazorla y de noche en el Escenario Cruzcampo, que aún tiembla con los ecos de su voz. La tarde fue una fiesta con Txus Blues & Jose Bluesfingers y Los Zigarros. La candela la volvió a avivar Popa Chubby exprimiendo su guitarra y cerraron, un poco pasados de frenada, RavenEye y Oli Brown.

“The thrill is gone”, pero volverá antes de que te des cuenta que se ha ido.