Crocodiles vinieron a presentar su último álbum, “Love is Here” publicado en Leaf el pasado mes de febrero tras el parón de algunos meses interrumpido únicamente en un par de ocasiones con motivo de la incursión de su nombre en el cartel de un par de festivales -el último en el de Psicodelia de Manchester-. Con una carrera que se dilata más allá de una década, Charlie Rowell y Brandon Welchez, fundadores y líderes indiscutibles de la formación californiana vinieron con su cancionero sónico bajo el brazo. La formación que un día fue abanderada del art punk de la costa oeste norteamericana saltaron a la palestra en 2008 cuando publicaron el imprescindible “No Age” el cual incluyó su primer single, el anfetamínico “Neon Jesus”. Aquel disco recogía influencias que poco a poco han sabido modificar hasta darles una apariencia muy bien personalizada. Consiguiendo así acuñar su propio sello estilístico en el que se entrecruzan noise pop con fuzz rock, con toques psicodélicos o garageros, según convenga. Por el camino han facturado grandes discos, como “Sleep Forever”, “Crimes of Passion” o “Dreamless”, de hace tres años.

Hacía ocho años que no pisaban Barcelona- seis que no pasaban por España- en aquella ocasión, fue en el BeCool, cuando se presentaron con un sonido urgente de infinitas aristas. Los norteamericanos tocaron en Upload como parte del 10º aniversario de la promotora SON Estrella Galicia. Al cuarteto no le importó para nada la floja entrada de público congregado, ya que desembarcaron con toda la artillería posible desde el mismo momento que pisaron el escenario. La apuesta fue clara desde el primer momento de la noche: noise pop engalanado a base de melodías adictivas construidas con sabia finura, eso sí. Comenzaron con “Sunday (Psychic Conversation #9)”, y de ahí no bajaron el pitch hasta nueve temas después -poco antes del bis-. Por el camino, hubo protagonismo para su último disco: “Heart Like a Gun”, “Exit My Head”, “Nuclear Love” y su melodía ruidosa, y “Wait Untill Tomorrow”, ésta última, exhibiendo un pop zarrapastroso, fue un viaje a su pasado más inmediato. Lo combinaron con otras gemas como “Stoned to death”, con la que abrazaron a la psicodelia o “Crybaby Demon” con la que pusieron sus amplificadores al “11”. Regalaron incluso una cover de The Buzzcocks, “Ever Fallen in Love (with someone you shouldn’t’ve?”, que encajó a la perfección con el resto del set. En apenas 45 minutos se plantaron en el bis, y como propina se marcaron un doblete conformado por “Love is Here” y “Mirrors”, convertida ésta última en auténtico himno de la banda, homenaje en gran medida a sus estimados The Jesus & Mary Chain. En definitiva, fue un concierto correcto en cuanto a ejecución, pero que supieron engrandecer gracias a una selección milimetrada del set, y a una entrega encomiable de los miembros del combo en todo momento.