El viernes los responsables en repartir cumbia y candela en la sala El Muelle de Bilbao fueron los colombianos y venezolanos Candeleros. Ofrecieron un sonido que fluye por los canales de la raíz sudamericana con destellos caribeños, el dub y la psicodelia. Escuchamos referencias triposas al afrobeat de Fela Kuti diluidas en el folclor de Los Mirlos o de los posmodernos del roots neoyorquino Chicha Libre. Para finalizar el viaje, los paisanos y compañeros Guacamayo Tropical cerraron con una pinchada en la misma línea, aderezada con recuerdos noventeros entrañables. Una propuesta que resultó muy `gozable´.

Candeleros arriesgó en el inicio con cadencias calmadas con “En busca del Buku” y “La cumbia del Chinche” y fueron acelerando según pasaban los cortes. No escuchamos muchas intros u outros en diferido. La oscuridad de la sala permitió al rezagado público romper el hielo muy tímidamente para champetear y marcarse unos bailes. Cuando le metieron al hard en el sinte escuchamos “Chicha y Wantón” en la que el respetable coreó y coronó con más salidas a la pista. Entre los allí presentes se extendió el rumor de que “la gente no bailaba” y es que la densidad de personas por metro cuadrado en un principio fue muy arriesgada.

Escuchamos “Arepa golpista”. En el centro del escenario la artillería percutiva de congas creó sensaciones poderosas de belleza ritmica. Vamos, que te subían la adrenalina. La guitarra perfectamente drogada subrayó momentos ricos y deslizantes que las cajas acústicas y electrónicas marcaron al rebufo del sintetizador. ¿Qué sería de una banda sin bajo? Estuvo presente y marcado mientas las maracas, el güiro y las chaschas marcaban el ritmo de igual manera, pero en diferentes tiempos, timbres y tonos. Disfruté mucho escuchando a esta banda, tienen una calidad aguda. El viernes en el Muelle no se percibió ningún fallo de sonido remarcable.

Se abalanzó el final del bolo de Candeleros con más bailes, coros, sin bis y la sala atestada de gente. En el descanso, bailaron con sus copas y cervezas el carnavalito de King Coya que homogeneizó el espectáculo mientras en la puerta se seguía cobrando entrada. Es un hecho que hubo más personas disfrutando de la pinchada de Guacamayo Tropical que en la propuesta instrumental de Candeleros. Para gustos: colores, pero ya que pagas una entrada conjunta, ambos artistas deberían tener la misma acogida. Aunque sea por respeto a los músicos y disfrutar de la música en directo.

Guacamayo Tropical llenó el local y lo petó hasta las tantas. El duo artístico de David Echeverría y el también Candelero Andrés Ramírez trabaja la técnica del mushup con una base marcada por la cumbia y diferentes derivados folclóricos entremezclados con temas comerciales de los 90 e inspiraciones árabes y psicodélicas. Varios círculos de baile se lucieron en coreografías muy personales y espectaculares. Después de presenciar y presenciando dos grandes bolos, la noche empezó extender su manto de risas y bailes hasta que se congeló a la hora de salida del último metro de Bilbao. Hasta ahí puedo escribir.