La magia de las cosas pequeñas
ConciertosAndoaingo Rock Jaialdia

La magia de las cosas pequeñas

8 / 10
Daniel Gómez-Cortazar — 16-06-2026
Fecha — 13 junio, 2026
Fotografía — Jokin Fernández

El pasado sábado 13 de junio, cogimos carretera y nos plantamos en el XVIII Andoaingo Rock Jaialdia. Manta no hizo falta por razones obvias. Esta jornada festiva gratuita está organizada por la tienda irundarra Bloody Mary quien, desde el amor a la música, lleva casi veinte años trayendo a artistas internacionales de la talla de Thurston Moore, The Limiñanas o Black Lips. Además, presenta a grupos de nuestro entorno como Melenas, Belako, Mice o Rüdiger.

Estratégicamente orientado hacia la sombra en la Nafarroa Plaza, el gran escenario recibió en primer lugar a los pamploneses Exnovios, a quienes no nos cansamos de halagar por su pop eléctrico que tan magistralmente mezcla neopsicodelia y noise de Spiritualized/Spacemen3 con la tradición de los años 60 españoles. Abrieron con “Magia Blanca”, con un sonido enorme que para nada les quedaba grande y pasaron a “Naves Misteriosas”, de su actual álbum “Fin”. Con “Viaje Alucinante al Fondo de la Mente” ya arrancamos a bailar antes de flotar con “El Día del Juicio Final”. Esta banda tanto vale como para sala pequeña como para festival, una gozada de directo. Después de “Luz Espacio Tiempo”, se pusieron más poppies con “Giro al Infierno” y se acercaron a la órbita de Los Planetas en “El Principio del Fin”. Fueron desgranando temas con su perfecta combinación de influencias desde Teenage Fanclub a The Jesus and Mary Chain mientras poco a poco se acercaba más gente a la plaza. Nos encantó la letra de “Quizás”. Cerraron como hicieron recientemente en el Lumière de Bilbao (crónica aquí) con la genial “Apache”.

Después de bailar con DJ Boli en el Bar Azken mientras tomábamos un café al sonido de Jaime Urrutia, Freddy Mercury o Mikel Erentxun, salimos al calor de la plaza a descubrir a los barceloneses Paco Te Quiero que nos sorprendieron más que gratamente con su pop eléctrico con grandes tintes de shoegaze. “Cuando despierto” nos dio una bofetada en la cara con su distorsión y su letra “Me asomo a la ventana y la vista ha cambiado. Ya no veo aquel parque en el que me he criado. Me asomo a la ventana y veo edificios. Bloques de hormigón que hacen sombra en el piso”. Verdades como puños pueden ser más efectivas que las letras crípticas del indie de los 2000. La falta de expectativas de toda una generación quedó igual de patente en “Limfjorden” con su estribillo que reza “Todo lo que tengo cabe en un cajón”. Temazo tras temazo que nos sorprendieron como Bum Motion Club hace escasos meses. Sin embargo, llevar al directo esta mezcla de melodía y distorsión junto con dos voces de tono similar es una ardua tarea si se quiere intentar conseguir el sonido de las grabaciones. En “Te Quiero, Te Quiero” cantaron sin reparo sobre la disfuncionalidad de tantas relaciones de pareja. Su música, que bebe de Alvvays y de Ringo Deathstar, la ejecutan magistralmente sobre una batería insuperable, guitarra y bajo más teclado. Con sus inteligentísimas letras que llevan la sorna de los Punsetes a un lugar mucho más trágico estamos seguros de que van a dar que hablar en los próximos meses. Antes de cerrar con la nihilista “Qué Más Da”, sonó “Lo Olvidarás”. Nosotros no los olvidaremos.

Los belgas Lézard nos volaron la cabeza con su elegancia y mezcla de new-wave y post-punk actualizado, que bebe claramente de los B-52´s y de Talking Heads. Abrieron con “Coltrane & XTC” de su primer larga duración “Que se passe t´il?” (¿Qué pasa?) y el público empezó a alucinar con el ritmo del grupo y la presencia escénica de su icónica cantante. Con “Pop Pop Pop Pop Pop Pop Pop Stop” se acercaron a los americanos Gossip tras lo cual pasaron al funk angular de “Manifastique”. Los festivales pequeños de este tipo, lejos de los estímulos de grandes marcas con stand en la entrada del recinto de los festivales grandes, consiguen recuperar la magia del directo a niveles insospechados. Una pareja de Beasain abrió la veda en primera fila con sus bailes, tras lo cual un joven búlgaro venido de Donostia y el que aquí firma se unieron en una improvisación de danza contemporánea que consiguió arrastrar incluso a Marcos, organizador del evento, a una locura colectiva que duró todo el concierto. El quinteto de Gante siguió con “How Does It Feel”, comentó y puntualizó “este es nuestro primer show en España…en el País Vasco” antes de combinar inglés con francés en la canción que da título al álbum. El collage sonoro tan deudor de los 80 lo mezclan con letras irónicas como en “Rock & Roll (Don´t Let the Rock Roll You)— “no permitas que el rock te arrolle”. Cerraron con “Nothing at All”, otra locura deudora de los B-52´s de Athens, Georgia, dejando al público extasiado.

El trío Las Petunias compuesto por las madrileñas Elsa, Natalia y Cecilia abrieron con el “Txoria Txori” de Mikel Laboa como bonito gesto. La plaza se llenó rápidamente de adolescentes y veinteañeras que conocían todas las letras del trío. Las chicas, quienes forman parte de la escena actual madrileña en torno al sello Sonido Muchacho, hablan sin tapujos de sentimientos, utilizan innumerables referencias culturales en sus canciones y derrochan frescura, como en la canción “Si se muere tu perro”. Guitarra y bajo se alineaban a la perfección con las bases pregrabadas. Ahora bien, el espíritu D.I.Y. —házlo tú mismo- en las voces, no es del gusto de todo el mundo y menos para quienes conocemos la fórmula del punk desde los 80. Sus letras, en cambio, cargadas con razón de mala uva juvenil frente al panorama actual son dignas de mención. El feminismo de letras como “SHHH” y sus directas palabras contra el machismo imperante en la industria musical merecen un gran aplauso.

Cuando empezó la noche, las típicas conversaciones que empañan los eventos gratuitos ya se fueron difuminando poco a poco. Silitia, el dúo bizkaitarra que se ha convertido recientemente en cuarteto, nos presentaron su “brioche pop” con gran motivación. Ataviados con pelucas que nos recordaron a Outkast en su vídeo “Hey Ya”, dieron un espectáculo divertidísimo. Desgraciadamente, el técnico tardó unas cuantas canciones en poner el sonido y la voz cada uno en su sitio. Lugares comunes encontramos con EZEZEZ y entendimos claramente por qué su guitarrista llevaba una camiseta de I LOVE Silitia en su reciente concierto en Santana 27. Sin embargo, los matices de su locura musical son bastante distintos: un punto de funk a lo Prince, Ibai con sus lecciones bien aprendidas de Anthony Kiedis de los Red Hot Chilly Peppers, un poco de electro, de Negu Gorriak e incluso de postpunk. La escena euskaldun siempre sorprende con grupos como éste. En el estribillo de “Lorearena” nos acordamos de Lukiek. Siguieron enseñando las caras de su poliedro con “Hegan Hegan” con guiño a Fito y Fitipaldis incluido, la divertidísima “TXO” o el delirio de “B1X3NT3” para terminar con la autorreferencial “I Love Silitia”. Una gran performance que sacó a Andoain y a visitantes de la rutina para llevarnos a un divertidísimo universo paralelo.

La noche terminó con los mancunianos Maruja con un show totalmente distinto a los anteriores. Como unos Rage Against The Machine del siglo XXI, mezclan hardcore con jazz, spoken word y vanguardia sin dejar títere como cabeza y llamando a las cosas por su nombre: desde la bandera de Palestina que decoraba el escenario, la mención a todos los conflictos como Yemen, Ucrania o Sudán del Sur hasta señalar a los multimillonarios que no pagan impuestos.

Nos fueron metiendo paulatinamente en su mundo empezando en “The Invisible Man”, con gran protagonismo del saxo de Joe Carroll que acaba siendo el coprotagonista del cantante y guitarrista Harry Wilkinson. El batería y el bajista a las cinco cuerdas se encargaban de dar músculo al conjunto. En “Break The Tension”, el cantante se desprendió de su camiseta para lucir torso de gimnasio y bailar con gracia con los brazos durante todo lo que quedaba de recital. “Bloodsport” fue todo un canto a las adicciones, tras el cual Carroll abrió un pasillo en la plaza para tocar de manera teatral en ella, tras lo cual se desató el primer moshpit de la noche.

Dieron un respiro con la balada “Saoirse” durante la cual pudimos ver a la juventud abrazarse y cantar la letra. En este clima pacífico, adelantó “hacemos música agresiva pero su mensaje es de paz y unidad, San Sebastián levanta tu puño por la solidaridad y el amor”. Error geográfico perdonado. “Born to die” empezó lentamente, el saxo hizo stagediving de espaldas para acabar metiéndose en el moshpit provocado por él mismo en un clima de caos contenido. La noche terminó con la brutalidad de la música y la específica letra de “They Look Down On Us”, el último alegato de la noche contra el poder fáctico. La mejor forma de acabar un festival.

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