Otra vez el capcioso tema del reemplazo de vocalistas… En este caso aún más complejo porque si bien la base de Sublime (Bud Gaugh en batería y Eric Wilson en bajo) tiene su mérito en el altar de la originalidad, el fallecido cantante y guitarrista Bradley Nowell era el alma, corazón y cabeza del grupo. Sea cual fuere el proyecto en el que la mencionada base rítmica haya formado desde aquel 1996 fatídico, nada ha acercado al nivel de aura que proponía la formación original.
Pero Sublime, ahora pensado más como una entidad artística y cultural que como un grupo de personas, tenía un as en la manga que sorprende o no tanto. Es que aquel bebé, bautizado Jakob, que aparecía en el booklet del exitoso “Sublime” de 1996 ha crecido y ha decidido seguir los pasos de su malogrado y admirable padre y adivinen qué: sí, el retoño hace honor a su ADN. En épocas de hologramas en directo y tecnología insoportable lo de Sublime es un milagro de lo orgánico, o siendo más cursis, es el milagro de la vida.
Ahora bien, toda esta introducción no va a significar que hablemos de un disco maravilloso, porque no es el caso. El punto es que es un ejemplo muy bonito y que hará emocionar a los fanáticos del grupo. Pero, dicho esto, “Until The Sun Explodes” no es el mejor disco de Sublime, pero sí un nuevo primer paso que rebosa dignidad.
Encontramos que su hándicap más importante no es meramente musical, es que es un disco demasiado largo. Se repiten fórmulas sin sentido y se le resta dinámica a la escucha entera. Quizá con un ska-rock estábamos bien, quizá con una balada también, quizá con menos interludios lo mismo. Suerte que tenemos mando a distancia para dirigir la escucha, aunque habrá que tener cuidado de no saltarnos “Ensenada”, una pieza all-things-Sublime de lujo, con su tempo de acero, voces de excelencia y hasta sus scratches tan noventeros que duelen.
Tampoco evites “Wizard”, un ska rock fresco y con todos los elementos necesarios en su lugar. Ni se te ocurra pasar por alto la canábica “Favorite Song” junto a Skegss, los surfers de Byron Bay, Australia. Otra a no perderse es “Personal Hell”, la pieza más punk rockera con aires a Bad Brains, y hablando de estos clásicos, hay que prestarle atención a “Trey’s Song” con el milagroso featuring de H.R., mítico cantante de los de Washington.
Antes de que el final deje un buen sabor de boca a cargo de “Until The Sun Explodes” con Jakob Nowell tributando amorosamente a su padre (“mi única esperanza es que sepas que te debo la vida”) se pasan con alegría un par de colaboraciones con amigos del padre de Jakob: la hip hopera e hipnótica ”Come Correct” junto a G Love y la veloz “247-369” con los eternos Pennywise.
No es el mejor disco de Sublime, pero logra reavivar la llama de este clásico del rock reggae surfer con sostenidas esperanzas de que la cosa siga creciendo.
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