La banda almeriense Compro Oro vuelve a la carga con disco homónimo y diez nuevas canciones en las que, además de salvaguardar su esencia impura y libre, añaden un extra de brisa fresca a base de medida electrónica y texturas urbanas. Con Diego Escriche (La Plata) a la producción y el siempre buen hacer de Desorden Sonoro a la edición, los surcos echan a andar y el eclecticismo y mestizaje musical se desborda en cada tema, del pop-rock al noise, pasando por el post-punk y lo urbano, sin perder ese personalísimo quejío, pellizco y alma cañí que los define y diferencia.
Así, si ya inyectaron un extra de auto-tune en su anterior y notable “Estarantos” (22), ahora juguetean y experimentan aún más en esta tercera entrega, acelerando las pulsaciones en hits incontestables como “Hacia el Sur” o “Más de lo mismo”, con la banda “bajando al volcán” al completo y quemando las naves, haciendo que “crezca la hierbabuena y las amapolas” a su antojo. Pero quizás sea en los temas más desnudos de filtros vocales donde las crudas melodías de la banda se expanden y nos atraviesan con mayor facilidad: De “Nuevo Imperio”, subrayando la importancia de lo cercano y afectivo como único refugio y punta de lanza luminosa para luchar contra el sistema económico capitalista que nos deshumaniza, a fundirnos en el llanto y grito liberador del relámpago cegador inicial, una ultra adictiva (imposible escucharla una sola vez) “Comunión” que nos lleva por delante y no nos deja tocar el suelo de principio a fin. “Si vas a llorar/llora conmigo/llora conmigo/Si vas a gritar/grita conmigo/grita conmigo”. Y claro que gritamos con ellos, bajo la luz que brota a borbotones “y el sol por Antequera”, bajo los ritmos bailables de temas como “Viriato” o esa “Flor” hiper auto-tuneada con espinas, percusiones y teclados lisérgicos de mil aromas y colores, con estribillos que te persiguen desde la primera escucha y disipan todos los nubarrones y “golpes”, pasados, presentes y futuros: “Tú a veces te cierras/porque no sale el sol/si la lluvia pesa/canta el gorrión”. Resiliencia, valor, alegría y empoderamiento en tiempos oscuros.
Como aquel niño que era (cantaba nuestro añorado José Domínguez “El Cabrero”) “tan desobediente/como el viento de poniente/revoltoso y juguetón”, galopa “Fuera de serie”, bajo y batería al mando, libertaria, cañí y creativa a partes iguales: “De pequeño me decían/que si de la fila te salías/tú ibas a pasarlo mal/porque no crees en cuentos/tú ya no crees en cuentos…”. Recta final con otra letra ganadora marca de la casa, “Angelitos buenos”, denunciando que los pasos del vivir, de la convivencia, los tenía que sustentar el amor y no el dinero: “Una paya y un gitano/caminan de la mano/un futuro embriagador/estar todo el día en el carbón…/¿Quién se sienta a su lado/en los cines de verano?/Y ellos no quisieran/toda esta hoguera/son angelitos buenos…/Para eso hay que ganar dinero/dinero, dinero, dinero…”.
Centelleante tormenta rítmica y radiante centrifugado pop de guitarras “Al llegar febrero”, y cierre con ese querer que se va sin que (¡ay!) nos demos cuenta en “Bayyana”, de lo individual a lo colectivo, de lo personal a lo social: “Y no queda nada/en esta ciudad/no queda nada que se pueda salvar/Los gobiernos matan/no dejan pasar/el viento me arrastra/solo quiero llorar/Se fue, ¿cómo pasó?/Se fue, ¿cuándo ocurrió?/Voló alrededor/se fue por los aires mi amor”.
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