Es, en efecto, el año para hacer proselitismo de Charli xcx. Con el lanzamiento todavía fresco de “Music, Fashion, Film” (26), la británica debuta con solvencia para la pantalla grande y a las órdenes de Pete Ohs con uno de esos títulos sensiblemente existencialistas, de textura fotoquímica y burguesía bohemia en nómina, donde el verdadero movimiento no es tanto narrativo como sí emocional. “Erupcja” cifra buena parte de su sentido en la extraña y casi mitológica correspondencia entre el vínculo de Nel (Lena Góra) y Bethany (Charli) y la actividad volcánica del planeta: cada reencuentro entre ambas amigas parece traer consigo la erupción de un volcán en alguna parte del globo.
Sin embargo, Ohs y la propia historia bajarán poco a poco a la tierra ese lazo tan aparentemente metafísico con los pliegues, reservas e inquietudes de sus respectivas protagonistas, o al menos, todo lo que sus setenta y un minutos de metraje permitan. Como si de dos caras de una misma moneda se tratara, veremos representadas en sus acciones dos formas opuestas de enfrentarse a la arbitrariedad del destino: la primera, aunque con tantos interrogantes a la chepa como la segunda, asume las consecuencias de sus acciones, reconoce aquello que le procura bienestar y depone su orgullo para no renunciar a una felicidad que intuye posible; la segunda, por el contrario, aboga por preservar la ficción en su presente, atrapada entre la vida que tiene y la que constantemente imagina que podría haber tenido.
El daño colateral de este conflicto será Rob (Will Madden), un novio tan “perfecto como aburrido” que terminará encontrando en las solitarias calles de Varsovia y a la fuerza ahorcan las respuestas a la complaciente aquiescencia de Bethany. Y es que tan pronto como la pareja pone un pie en la romántica capital polaca, apartamento turístico mediante, todos los quebrantos de su relación, que hasta ahora permanecían soterrados en una convivencia modélica, comienzan a salir a la luz y a poner en jaque su unión en el momento más inoportuno. La tierra definitivamente no tiembla con él como sí lo hace con Nel.
Más que una película de grandes revelaciones, lo que “Erupcja” consigue con su delicadeza intimista es poner sobre la mesa un repertorio de sentimientos generacionalmente reconocibles que, en mayor o menor medida, interpelan a cualquiera: desde la añoranza de una recurrente fantasía que quizás solo existe en algún rincón idealizado de nuestra memoria hasta ese impulso tan contemporáneo de escapar sin que necesariamente exista un lugar genuino al que llegar. El caos, entendido aquí como un paréntesis, antes de regresar a la conformidad que inicialmente se pretendía abandonar.
Ohs, procedente del circuito independiente y con amplia experiencia en el lenguaje del videoclip, cuida con gusto el envoltorio, consciente del encanto del extravío y la deriva errática: depura sus formas, confía en el verbo de Lord Byron para condensar el fundamento del relato, y ensancha el mundo interior de sus personajes desde la poética de la insignificancia, totalmente propia de la Nouvelle Vague (y legada aquí a una meticulosa voz en off que le reserva a los sueños un papel medular). Ajena a toda estridencia y atenta a la minucia, el hecho de que esta particular erupción termine donde todo comenzó quizás esconda, en su aparente falta de rumbo, el ansiado secreto para domar el veneno de la expectativa.

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