Empezamos con una pequeña queja. Este cómic, el primero que se publica en España de una pareja de autores brasileños, Bianca Pinheiro y Greg Stella, viene encabezado por un breve prólogo de un crítico de su país, Ramón Vitral, quien lo compara con una de las obras de teatro más famosas de Jean-Paul Sartre, “Huis clos”. De ella se recuerda sobre todo una celebérrima frase: “el infierno son los otros”. El traductor del prólogo la cita bajo el título de “Entre cuatro paredes”, cuando en castellano siempre hemos conocido “Huis clos” como “A puerta cerrada”. Más allá de esta salvedad, la comparación es todo un acierto. Nos hallamos ante una obra minimalista y claustrofóbica que nos recuerda, inevitablemente, a una pieza teatral existencialista. Más aún que a la de Sartre, a “Esperando a Godot” de Samuel Beckett.
Los protagonistas, al menos al inicio, son dos soldados que descienden a un sótano en busca de refugio, cuando una ofensiva enemiga los ha separado de sus camaradas de armas. Creen que el capitán que los dirigía ha sido abatido. Como casi todo en este cómic, el conflicto bélico en el que participan es deliberadamente abstracto. Son dos combatientes que podrían estar en Gaza, en Sudán, en Ucrania o en cualquiera de las guerras que jalonan nuestro planeta.
El dibujo esquemático, de líneas simples y limpias, muy semejante al del historietista español Calpurnio, amplifica esa sensación de universalidad. Podrían tener cualquier rostro, pertenecer a cualquier raza y hablar cualquier lengua. Se comportan como dos seres humanos: tratan de conservar cierta esperanza, evocan con nostalgia lo que dejaron atrás y, a medida que adquieren confianza, se atreven a expresar el enorme miedo que los consume. De vez en cuando, una viñeta muy detallada rompe cualquier sensación de monotonía gráfica, como si una cámara de cine hiciera un repentino zoom.
El guion de “Subsuelo” prescinde de algunos de los recursos más fáciles, como crear un gran antagonismo entre los personajes o dotarlos de caracteres muy opuestos. No sucede así. Uno de ellos está herido de gravedad y el otro trata, con sus limitados medios, de cuidarlo, alimentarlo y animarlo. También hay una radio que no funciona, con la que se empeñan en reclamar ayuda, aunque no parece haber nadie al otro lado. Y una rata que deambula entre las tinieblas y acaba adquiriendo un inesperado protagonismo. Y algunos fantasmas del pasado que regresan a sus mentes, como alucinaciones, a medida que la desesperación se vuelve más dominante. El resultado es un magnífico ejemplo de cómo hacer mucho con unos recursos cuidados y autolimitados. Hay muchos y excelentes cómics antibélicos, desde “¡Puta guerra!” de Tardi y Verney hasta “Operación Muerte” de Shigeru Mizuki. “Subsuelo” es uno de ellos.

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