Especial: Cancer Moon
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Especial: Cancer Moon

Iñaki Orbezua — 13-12-2016
Fotógrafo — Archivo

Poseedores de una de las personalidades artísticas más destacadas de la primera mitad de los años noventa, Cancer Moon fueron una rara avis en la incipiente escena independiente nacional. Como precursores de la misma, y pese al favor de la crítica, sufrieron la indiferencia de un público más pendiente de las formas que de la verdadera sustancia. El paso del tiempo no ha hecho sino revalorizar su legado, que sigue siendo hoy en día asignatura pendiente para el aficionado medio.

Ah, la memoria, esa caprichosa manipuladora de recuerdos. ¿O es al revés? Sea como fuere, este es uno de esos recuerdos que mi memoria ha querido conservar casi intacto todo este tiempo. Febrero de 1990. Como parte de un corto periplo europeo, con parada en nuestro país, John Cale actuaba por primera vez en Bilbao, en el emblemático Teatro Campos Elíseos. Sueño húmedo hecho realidad para los fans más veteranos, imaginen lo que para un chaval con 17 años recién cumplidos, y con una creciente y ya incurable fascinación por todo el universo Velvet Underground, supuso aquello. El pase en solitario de Cale fue sublime, todo y más de lo que por mi parte podía desear. La “anécdota”, si se quiere, fue que Josetxo Anitua ocupaba una de las butacas contiguas a la de mi hermano y la mía. En su regazo, encima de su chaqueta, el último número de la revista Ruta 66, con un primer plano de Andy Warhol luciendo en portada. No sé si aquel fue para Josetxo su primer encuentro cara a cara con el mito de su amada Velvet (“El día que descubrí a la Velvet se me abrió el mundo“, dijo más tarde). Para nosotros era el equivalente bilbaíno a haber presenciado la última actuación de Lou Reed al frente de Velvet Underground en el Max’s Kansas City (John Cale), con Jim Carroll y Brigid Berlin sentados en la mesa de al lado (Josetxo). Al acabar el concierto, ya de noche, nos escabullimos de vuelta a casa por el estrecho callejón lateral del teatro, no sé si con la vana esperanza de ver aparecer a Cale por la puerta de escenario, o simplemente por el puro placer de prolongar las sensaciones de lo vivido aquella noche, imbuidos en la imaginarias brumas provenientes de los respiraderos del imaginario subterráneo bilbaino…

Ustedes disculpen la licencia personal para introducir este recorrido por la biografía de Cancer Moon, pero es que aunque nunca llegué a tratar o conocer personalmente a Josetxo, tampoco a Jon Zamarripa, me consta por amistades comunes que formaban parte de su círculo más próximo, que los recuerdos de los años de existencia del grupo se conservan con similar celo y cariño. Mis recuerdos (idealizados, si quieren), como fan de a pie, de Cancer Moon y aquellos años van ligados tanto a la evolución del grupo como a mi propia evolución musical. Y es que por aquí (léase Bilbao) la historia de Cancer Moon se vive de una manera especial, con la mística propia reservada a los más grandes. Sin duda la desgraciada y temprana desaparición de Josetxo ha dado una especial textura, además del cierre definitivo, a la historia (abriendo la leyenda) del grupo. Y es que, a nuestra escala y salvando las obvias distancias, Cancer Moon son nuestros Velvet Underground, nuestros propios Big Star: uno de los grupos más importantes que ha habido no sólo en Euskadi, sino en todo el territorio nacional. Así es mi visión emocional del grupo y de lo vivido en aquel momento.

Un trayecto de poco más de cinco años de duración, tres elepés editados, unos pocos temas en recopilatorios varios, y un puñado no muy grande de actuaciones en directo. El beneplácito casi unánime y más que entusiasta de la crítica especializada, un ferviente pero pequeño grupo de fans, y la indiferencia general del público “en la onda” de la época. Así de rápido y fácil podría resumirse la existencia de Cancer Moon. Salvando distancias, una vez más, ustedes mismos pueden juzgar la similitud con las trayectorias de los mencionados Velvet Underground y Big Star. Sin embargo, me temo, su legado está aún muy lejos no ya tanto del reconocimiento crítico que merece, que lo tiene, sino del conocimiento mismo por parte del público aficionado. Vivieron en tierra de nadie, en una época en la que los ecos de la eclosión pop de los primeros años 80 en nuestro país se habían desvanecido y la así llamada “escena indie” (jaleados incluso en su día como precursores de la misma) daba sus primeros e inseguros pasos. Aguantaron el tipo mientras pudieron y se marcharon sin hacer ruido y sin que a nadie pareciese importarle demasiado, cuando la curva claramente ascendente marcada por sus 3 discos parecía querer decir que lo mejor estaba aún por venir. “The best is yet to come“, que diría su querido amigo Josetxo Ezponda.

Se cuenta que el encuentro entre Josetxo Anitua (Eibar, 1964 – Bilbao, 2008) y Jon Zamarripa (Bilbao, 1962) en el concierto de Sonic Youth en la sala The End de Vitoria en octubre de 1988 marca el germen inmediato de Cancer Moon. Claro que ya se seguían en la distancia. Jon había militado en Primitivos (leyenda underground bilbaína) y aún lo hacía en Los Raros (antes Los Extraños), cuyo único LP “No Es Un Buen Plan” (Discos Suicidas, 1988) apuntaba grandes posibilidades. Josetxo había ejercido en diversos proyectos (La Logia, La Tercera En Discordia) y estaba centrado en Jugos de Otros, junto a los hermanos Izcue (más tarde en El Desván Del Macho) y Jesús Suinaga. Unos meses después de aquel encuentro, en junio de 1989, y tras innumerables jornadas de trabajo con el 4 pistas de Jon en su casa familiar en Bilbao, ve la luz la tarjeta de presentación del grupo: “12 Stereo Surgery Mistakes“, La maqueta. Con la ayuda a la batería de Jesús Suinaga (que al parecer grabó sus partes en una sola tarde), aquí ya aparece perfectamente definida la personalidad del grupo: la saturada atmósfera de enmarañadas guitarras que teje Jon junto a la hipnótica y subyugante presencia vocal de Josetxo, dando sentido a un brillante ramillete de canciones que por derecho propio les sitúa al comienzo de un nuevo capítulo en la historia de la música de este país: la criatura se daba a conocer perfectamente formada. Hábilmente movida en el circuito de prensa, radios, sellos y aledaños, genera un revuelo considerable: les llueven parabienes y se abre un pequeña “guerra” entre diversos sellos (Imposible Records, Romilar-D…), que se disputan sus servicios. Pero la que se lleva el gato al agua es Polar Records, la recién creada subsidiaria rock del emporio Max Music (dedicado a fabricar en serie los recopilatorios Max-Mix, entre otros lucrativos lanzamientos, y cuyo auge y caída daría para una jugosa novelilla negra de serie B).

En la semana antes de las Navidades de 1989, y sin haberse estrenado aún en directo, el “grupo” (Jon, Josetxo y Jesús, asistidos al bajo por el reputado músico local Eduardo Basterra “Baxter”) se traslada al estudio de Enrique Lindo en  Badalona para grabar su debut discográfico bajo la producción de Jaime Gonzalo, entonces co-director de Ruta 66. Todo parecía aún presagiar lo mejor, pero la tormenta estaba apunto de desatarse. Sobre la breve pero tortuosa gestación de “Hunted By The Snake” me remito a las notas que el propio Jaime Gonzalo firma en la ejemplar reedición del disco a cargo de Discos Crudos. La crónica de un desencuentro en lo personal (“A mí me miraban con recelo, yo a ellos con suspicacia. No fue precisamente lo que se dice un flechazo. Ni me gustaron ni les gusté. Así fueron las cosas.“), no obstó para que la experiencia resultase a la postre “muy gratificante en lo musical”, Gonzalo dixit. A ese ambiente “enrarecido y tirante” había que unir las estrecheces de plazo (se grabó en cinco días y mezcló en dos) y presupuesto. Tras la publicación del álbum, el grupo despotrica contra la labor de Gonzalo en el estudio, pero la crítica deslumbrada por la enorme personalidad y singularidad del disco se centra en sus indudables aciertos y virtudes, y cae presa de su poderoso embrujo. Sea como fuere, el paso del tiempo fue limando y matizando aquel rechazo inicial tanto de Josetxo como de Jon a la labor de Gonzalo, y es que ante la evidencia tan palmaria de “Hunted By…”, aquellas cuitas y malos rollos habían de quedar circunscritas al ámbito personal de los interesados. Un disco que podía, sin duda, aguantarle la mirada a cualquier propuesta internacional del momento y que evidenciaba la abismal distancia que les separaba de todo lo que se cocía en aquel momento en la escena nacional. Con el disco en la calle y la crítica a sus pies, estalla la burbuja de Polar: Max Music se desentiende del asunto, cortando el grifo del dinero, apoyo y distribución, dejando al grupo (y a otros afectados, como The Del Hoyo o Vancouvers) en un indefinido limbo: ni les financia la grabación del segundo disco que tenían comprometido por contrato, ni les da la carta de libertad.

Tras el fiasco de Polar y pese a lo que pudiera parecer (casi año y medio en el dique seco), Josetxo y Jon siguen trabajando en sus cuarteles de invierno, preparando nuevas canciones y probando músicos para cuadrar esa elusiva banda para el directo. Resume Josetxo en una entrevista de Blas Fernández en el Rock De Lux # 88 (verano 1992) este parón discográfico de la banda: “hasta febrero de 1991 estuvimos pensando que íbamos a grabar con Romilar-D, incluso habíamos montado una nueva banda y preparado los temas del disco, pero finalmente no llegaron a un acuerdo con los de Polar, (…). Luego estuvimos en contacto con Oihuka, pero tampoco llegamos a ponernos de acuerdo. Al principio estaba claro, pero, como parece ser que el disco de Los Bichos no les funcionó demasiado bien, decidieron cambiar de línea“. Será finalmente Munster Records la que se pone en contacto con el grupo, terminado ya el contrato que les unía a Polar, y les ofrece un nuevo comienzo. Para entonces han consolidado una nueva formación que incluye a Álvaro Irizar al bajo y Arturo García a la batería. Con el repertorio listo y bien engrasado se trasladan a los estudios Le Chalet en Burdeos y en cuatro días de abril tienen ya registrado su nuevo disco.

Flock, Colibri, Oil” aparece dos años después de su debut y, pese a estar grabado a la carrera, no defrauda las expectativas creadas por aquel. Josetxo: “Creo que la línea de las canciones viene a ser bastante parecida a la del anterior LP, lo que cambia es la forma de entender la producción. El técnico de mesa ha sido Kid Pharaon, que nos ha entendido de manera diferente a como lo hizo Jaime Gonzalo: el sonido es mucho más directo, y las canciones se acercan más a nuestra idea original” (entrevista RDL # 88). Presentes en los nueve títulos del álbum están las señas de identidad del grupo y, sobre todo, unas excelentes nuevas composiciones marca de la casa. La herida sigue supurando y las perspectivas son halagüeñas: se anuncian ediciones del álbum en Estados Unidos, Australia, Francia, Italia, Grecia y Gran Bretaña y hay idea de autoeditar una cinta con parte del material descartado para el disco, grabada en su “estudio” casero. Por desgracia las expectativas internacionales nunca se verían cumplidas. Un año largo después aparecería la cinta “TV Tape” (“En “TV Tape” hay más inspiración que en los discos, porque es más libre, más directo…”, diría al respecto Jon).

El 13 de febrero de 1993 participan en el Festival del Ruido, evento organizado por Munster Records, y en él comparten escenario en la madrileña sala Revolver con sus compañeros de sello Patrullero Mancuso, Parkinson D.C., Penelope Trip y La Secta. Radio 3 lo retransmite en directo, presentado por Jesús Ordovás en su “Diario Pop”. Tal vez uno de sus momentos álgidos en cuanto a verdadera exposición mediática se refiere, la evidencia sonora pone de manifiesto, una vez más, la enorme distancia que los separaba de la emergente “nación indie”. Como ya hemos dicho, no fueron Cancer Moon pródigos en actuaciones en directo, y no es seguro aventurar que lo contrario les hubiese ganado el favor de un público que siempre se lo negó. En cualquier caso ahí queda la constancia de su intensa y visceral presencia escénica (la anécdota de que la gente ya no se atrevía a hacer “stage diving” por miedo a Josetxo es brutal y muy significativa de la distancia, en todos los sentidos, que los separaba de aquella escena).

Tampoco con Munster terminan bien. Para la grabación y edición de su nuevo disco fichan por Radiation Records, discográfica bilbaina fundada por Unai Fresnedo, quién ya había trabajado en Munster y, de hecho, había sido instrumental en su fichaje por el sello. Por primera vez dispondrán de tiempo y presupuesto para realizar su, a la postre, último y definitivo manifiesto. “Moor Room” (1994) lleva unos pasos más allá lo enunciado hasta entonces, añadiendo nuevas gamas de color a una paleta ya de por sí extensa. Hay momentos sublimes, casi inéditos hasta entonces en el repertorio del grupo, como “Stone Of Head” o “Blue Sky” que apuntaban en nuevas y excitantes direcciones. Una vez más, reciben el respaldo unánime de la crítica, y la misma indiferencia del público. Apenas se mueven copias del disco en las tiendas, ni siquiera cuando Rock de Lux lo elige disco del año (ex aequo con “Un Soplo En El Corazón” de Family) la cosa se anima lo más mínimo. Las entrevistas que concede el grupo apuntan las ganas y disposición del grupo a sacar el disco adelante y hablan abiertamente del futuro de la banda, con nuevos proyectos en el horizonte (la edición en CD de la famosa “TV Tape”, …). Con el añadido de  Alfonso Arana (guitarra), Íñigo Romera (bajo) y Andrés Letamendia (batería), Jon y Josetxo presentan en directo el disco, pero la respuesta del público no es la esperada, y a mediados de 1995 deciden arrojar la toalla.

Tras la ruptura será Josetxo quien más sigua conectado al mundo de la música a través de colaboraciones (Le Mans, Chico y Chica, Single, con Atom Rhumba en un histórico concierto celebrando el veinte aniversario de Ruta 66…) y proyectos varios (Josetxo Grieta, Loreak Mendian, pinchadiscos en el Kafe Antzokia bilbaíno, …), siempre según sus propias reglas y ajeno a cualquier acto de complacencia o compromiso con aquello que interfiriera en su particular visión de las cosas. Falleció en Bilbao, el 22 de abril de 2008.

Después de llevar años descatalogados, tanto “Hunted By The Snake” (reeditado por Discos Crudos, incluye extensas e iluminativas notas de Jaime Gonzalo y un single con 2 temas no aparecidos en el LP original) como “Flock, Colibri, Oil” (Munster) se encuentran de nuevo disponibles en vinilo. Falta una reedición a la altura del casi inencontrable “Moor Room“, y no estaría de más, ya puestos, una repesca de su primera maqueta, la cinta “TV Tape”, o una inmersión en los archivos sonoros del grupo. En preparación se encuentra “Atrapados por la Serpiente” una “historia documental alrededor de la imaginación nostálgica, la pulsión creativa y Cancer Moon”. Altamente recomendable es la web “no oficial” del grupo www.cancermoon.com.

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