De paseo por el estudio en que Anni B. Sweet graba su segundo disco.

 

 

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De niña a mujer
Especiales / Anni B. Sweet

De niña a mujer

17-02-2012

 

Se abre la puerta de un bajo comercial cualquiera en el barrio obrero de La Concepción y un jovencito sonriente -más tarde me comentará que es guitarra y vocalista en La Casa Del Árbol, que no hace mucho aparecieron destacados en la sección Demoscopia, y que según me cuenta a punto están de dar el salto al disco- me lleva a través de un pasillo largo, una habitación repleta de instrumentos y, al fondo del todo, la pecera donde está trabajando el técnico. En un amplio sofá Anni está absorta tecleando en un ordenador; podría parecer que deja pasar el tiempo respondiendo mails, pero en realidad revisa las tomas de voz. Estamos en los Estudios Reno y un poco para mi sorpresa he podido colarme un rato en su día más largo, el último de una grabación de dos semanas. El momento del pánico.

 

Y lo es, efectivamente, porque la joven cantante malagueña se ha metido en un buen “fregao”. Recuerda con cariño la grabación de “Start, Restart, Undo” con Brian Hunt cuando éste aún no contaba ni siquiera con estudio propio y los dos se encerraban en el baño de casa para conseguir la reverb necesaria para registrar las voces. El resultado fue un disco de folk-pop que ha tenido una vida inusitadamente larga. Casi tres años más tarde, después de pasear aquellas canciones por Europa e Iberoamérica -al colar sus canciones en una serie de TV de corte juvenil en México, por allí amenaza a fenómeno- y de girar con una banda que les dio una nueva dimensión, Anni, Ana López en su casa, afronta como nuevo reto ejercer de productora de su segundo disco. Y a tenor de lo que se escucha en el estudio ha tenido mucho trabajo: “Por favor, no te lleves una idea equivocada, esto se puede decir que casi son maquetas, porque ni siquiera están decididas las tomas… la próxima semana me voy a México a mezclarlo con Phil”. Phil es Phil Vinall, que inicialmente sonó como productor de “Oh, Monsters!” y finalmente se encargará tan sólo de las mezclas.

 

Anni reconoce que antes de empezar tenía las ideas clarísimas y que cada día en el estudio la cabeza se nubla un poco más. No es de extrañar: el ambiente claustrofóbico de la mayor parte estudios de grabación no es muy distinto del de un bingo, sin una rendija por la que se cuele la luz natural, concebido para perder allí dentro la noción del tiempo en sesiones maratonianas. “Ayer salimos de aquí a la 1 de la mañana”. Es la 1 de la tarde y tienen pinta de haberse levantado temprano. “Después todavía estuve hablando un rato con Noni (Lori Meyers) por teléfono, que me tranquilizó un montón. Me decía que si cuando grabas lo sientes esto se termina transmitiendo al disco y la gente lo percibe”. La madre de Anni cantaba flamenco, pero hasta ahora la niña se había negado a jugar esa carta. Por los altavoces, en un momento determinado de una canción, rompe a gritar. Se ríe y reconoce que poco a poco se siente más cómoda con su voz y que algún día todo aquello terminará saliendo.

 

Mientras charlamos no deja de corregir detalles de la grabación. “Baja eso ¿no?”. “Los coros necesitan más reverb”. Se ha convertido en una pequeña fascista cuya mayor fuerza consiste en dirigirse a todo el mundo con una sonrisa, y si en algún momento se ha perdido por el camino de la grabación de este disco lo cierto es que lo disimula muy bien. Por los cuatro o cinco temas que puedo escuchar “Oh, Monsters!” supone el adiós a la cantautora indie y la bienvenida a un concepto banda que ya era evidente en la última gira. Ha perdido a Elías (Standstill, Eh!), durante un tiempo una mano derecha que ha regresado a Barcelona por motivos laborales (“es una pena, porque me entendía muy bien con él y era el que más me empujaba a investigar en esos ambientes turbios que tienen algunas canciones de este disco”). Y ha contado como fichaje de última hora con Manolo “Havalina” Cabezalí. Lo cuenta con una mueca entre contrariada y divertida, sabedora de que la contratación del que hasta hace no tanto era guitarrista en directo de Russian Red volverá a desatar las comparaciones y habladurías.

 

En realidad, y a pesar de los nombres comunes, poco a poco se va haciendo evidente cómo se separan los caminos de las dos grandes representantes de esa oleada de cantauroras indies de hace unas temporadas: el soul-pop en el caso de la rusa, mayor interés por el folk rock y hasta ciertos tintes tenebrosos en la malagueña. Entre canciones más del gusto de ese público informe, no siempre melómano, que le ha seguido los pasos desde el primer día, le sientan bien las atmósferas –“un poco a lo Beach House”– de uno de los temas y los aires a lo Caléxico de aquel otro que tras una introducción acústica deriva en una orgía de vientos fronterizos. “Probamos a hacerla con guitarra eléctrica pero sonaba demasiado tarantiniana, parecía una canción de Nancy Sinatra. Lo que no sé es dónde colocarla en el disco: ¿para cerrar?”. O nada más comenzar, como punto de encuentro y reflejo de esos años en que pasó de niña a mujer.

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