25º aniversario del “Odelay” de Beck.  Una obra maestra caleidoscópica
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25º aniversario del “Odelay” de Beck. Una obra maestra caleidoscópica

Sergio Ariza — 09-07-2021
Empresa — Geffen Records
Fotógrafo — Archivo

1996 fue el año que certificó la muerte del grunge y el comienzo del fin del breve reinado de la música alternativa de guitarras en las listas de éxitos.

Después de cinco años en que la música independiente se había colado en las listas a base de guitarrazos, este fue el año que vio como la nación alternativa comenzaba a dejar ver que su dieta musical se había expandido mucho más allá de la Santísima Trinidad que formaban Sonic Youth, Pixies y Nirvana. Los nuevos slackers se habían comprado dos platos y un micrófono y habían metido cientos de nuevas influencias en su música. Nadie ejemplificaría esto mejor que Beck y “Odelay”, aunque 1996 también vería la aparición de otros discos que demostraban esta amplitud de miras, como el “Emperor Tomato Ketchup” de Stereolab o el “Endtroducing…” de DJ Shadow.

“Su conexión con los Dust Brothers, E.Z. Mike y King Gizmo, fue total, los tres compartían el mismo sentido del humor y muchas influencias musicales”.

Beck Hansen había saltado a la palestra tres años antes con “Loser”, un tema irresistible que se había convertido en un inesperado éxito. Pero Beck llevaba desde finales de los 80 con su guitarra acústica a cuestas, mezclando a Son House con marcianadas marca de la casa, dentro de la escena anti-folk. No fue hasta que le presentaron a Tom Stephenson que su suerte cambió, éste era un apasionado del rap, aunque le horrorizaban muchas de sus letras, cuando conoció a Beck se interesó por sus canciones y comenzaron a trabajar en una nueva, en algunas de ellas Beck rapeaba, aunque a Stephenson no le parecía muy brillante en ese apartado. Así que cogió una de las canciones, que tenía un riff en una guitarra acústica, lo puso en una 8 pistas, hizo un ‘loop’ y le añadió una batería, luego le metió algún ‘sample’ y un sitar tocado por él mismo, Beck comenzó a rapear lo primero que se le pasaba por la cabeza “In the time of chimpanzees I was a monkey…”, no significaba mucho pero sonaba ‘cool’, eso sí cuando se escuchó a sí mismo, Beck pensó que era el peor rapero de la historia, de ahí el inmortal estribillo “Soy un perdedor, I’m a loser, baby, so why don’t you kill me”. Básicamente era un ‘meme’ sobre la Generación X, y se vendieron tantas camisetas con el lema como sencillos.

Eso sí, muchos lo vieron como una pequeña anomalía, alguien que se iba a quedar en un ‘one-hit wonder’, pensando que gran parte de la culpa del éxito de “Loser” se debía más a Stephenson que a ese tipo que era un ‘hipster’ mucho antes de que se les empezara a llamar así. Su debut en una multinacional, “Mellow Gold”, tenía tres o cuatro grandes canciones, como “Loser”, “Beercan” o esa delicia folk pop llamada “Nitemare Hippie Girl”, pero era una locura demasiado arriesgada para el público general, contenía una mezcla de canciones folk/blues de bajo perfil, hardcore lo-fi psicótico y pasado de la raya o hip hop casero, para colmo, Geffen, desesperada por fichar al tipo de “Loser” le había dejado sacar discos con otros sellos (aunque tras el éxito de “Odelay” le impedirían hacerlo con “Mutations”, obligándole a sacarlo con ellos) y 1994 vio la aparición de otros dos discos más de Beck, totalmente independientes, “Stereopathetic Soulmanure”, lleno de experimentos y collages, y “One Foot in the Grave”, un disco de canciones folk caseras. Ambos parecían intentos de repeler a los nuevos fans que había ganado con “Loser”.

Los comienzos acústicos del disco

El caso es que en el otoño de ese mismo año, 1994, Beck comenzó a grabar la continuación de “Mellow Gold”, las primeras canciones que comenzó a grabar eran piezas folk muy personales, cosas como “Feather In Your Cap”, “Brother” o “Ramshackle”. Eran el claro anticipo de lo que llegaría más tarde con Sea Change, las canciones estaban producidas por Tom Rothrock y Rob Schnapf y dejaban ver a un Beck melancólico y calmado, también demostraban que seguía haciendo enormes progresos como compositor, “Feather In Your Cap” en concreto es una verdadera maravilla que podría haber aparecido en cualquier disco de su carrera, aunque terminaría viendo la luz como cara B de “Sissyneck” y dentro de la banda sonora de la película “SubUrbia”, dirigida por otro mito de la generación ‘slacker’, Richard Linklater.

Pero Beck todavía no estaba preparado para enseñar algo tan personal (le llevaría hasta 2002 entregar un disco de este tipo), así que decidió partir de cero y buscar otra dirección, todo empezó a tomar rumbo cuando conoció a los Dust Brothers, el estilo de producción de éstos se centraba en el hip hop, con capas y más capas de ‘samples’, su currículum incluía una obra maestra como el “Paul’s Boutique” de los Beastie Boys, además de trabajos con Tone Lōc o Young MC. Beck tenía que decidir si se iba a quedar en trobador folk alternativo, cantando sobre cómo la MTV le daba ganas de fumar crack o iba a ser una estrella, al final decidió por lo segundo y se lo creyó, añadiendo movimientos de Prince y James Brown a sus espectáculos en directo, posiblemente la MTV le seguía dando ganas de fumar crack pero tampoco le importó que sus vídeos estuvieran en rotación continua en la cadena.

“Las palabras tienen que hacerte sentir bien, y tienen que sonar bien; tienen que encajar en el ritmo. Eso es lo más difícil”.

Su conexión con los Dust Brothers, E.Z. Mike y King Gizmo, fue total, los tres compartían el mismo sentido del humor y muchas influencias musicales. El disco comenzaba a tomar forma mezclando en una olla muchos y diversos géneros, un pastiche de ritmos country, hip-hop, folk surrealista, rap y samples (de Schubert a Van Morrison). Una obra caleidoscópica en la que cabía de todo, el resultado pudo haber sido horrible pero sobrevive gracias a la cohesión que logró darle a todo junto a los Dust Brothers. Y luego estaban las canciones, mucho mejores que las que adornaban su primer disco en una grande, “Mellow Gold”.

Hip Hop de raíces

Al final “Odelay” tenía más en común con “Illadelph Halflife” de los Roots, “The Score” de los Fugees o “Funcrusher Plus” de Company Flow que con “Pinkerton” de Weezer o “No Code” de Pearl Jam, siendo su clara referencia el “Paul’s Boutique” de Beastie Boys, algo normal si tenemos en cuenta que ambos estaban producidos por los Dust Brothers. Y no es que Beck se convirtiera en un rapero, realmente canta mucho más que rapea, pero entiende la conexión del hip hop con la música de raíces con el folk y el blues del Delta.

Además, puede que “Paul’s Boutique” fuera la principal razón por la que se juntó con ellos, no en vano consiguieron darle una pátina de respetabilidad en la escena hip hop a los Beasties, pero el creador de “Loser” también se fijó en los productores por su participación en otros trabajos, como el tremendamente popular “Lōc-ed After Dark” de Tone Lōc, en el que se mezclaba rap con una buena colección de guitarrazos como los de “Wild Thing” o “Funky Cold Medina”.

No es de extrañar pues que el disco se abriera con el tremendo riff de “Devil’s Haircut”, prestado de la versión que hacían los Them de Van Morrison de “I Can Only Give You Everything”, una banda de la que también metían un ‘sample’ de su “Out Of Sight”. También había una batería hip hop y una parte cantada sobre la percusión, breaks y estribillo, más breaks de armónica, no sonaba a nada parecido, la voz distorsionada por un megáfono , un sentimiento muy rock & roll pero totalmente contemporáneo. La batería es la que da cohesión a la canción, que se vuelve loca al final tras otro break de armónica con la vuelta del riff de guitarra y Beck dejándose la garganta gritando eso de “Devil’s haircut in my mind”.

Ese peinado del diablo en mi mente era una perfecta representación de su enfoque como letrista: “Las palabras tienen que hacerte sentir bien, y tienen que sonar bien; tienen que encajar en el ritmo. Eso es lo más difícil. Tienes una melodía, una cosa que es musical, y quieres ponerle palabras. Las palabras pueden ser muy pesadas. Y si pones las palabras equivocadas, te digo que arruinará la música; arruinará la melodía”.

Breaks y guitarras distorsionadas

“Hotwax” comenzaba con un riff de blues acústico hasta que nuevamente llegan las baterías hip hop y los breaks funk, guitarras distorsionadas y hasta un poquito de polka, canta medio rapeando, el riff bluesero continúa ahí, pero siguen los breaks de batería junto a un estribillo certero, con una voz normal y otra distorsionada. Es lo más parecido a “Loser” que hay en todo el disco, pero es, todavía, más original, una verdadera olla de sonidos que le emparenta con el hip hop alternativo de gente como Dr. Octoganon o Black Star.

“25 años después “Odelay” sigue siendo su obra más importante, el breve momento en el que este tipo conectó con el signo de los tiempos y se adelantó a ese momento del que hablarían LCD Soundsystem seis años más tarde”. 

Gritos hardcore abren “Lord Only Knows”, un folk slacker en el que Beck pone la voz con un punto country, guitarras con mucho fuzz y toques country por otro lado, parecen los Flying Burrito Brothers producidos por El-P. Es una locura con sentido, el estribillo vuelve a ser memorable. Es la canción en la que aparece la palabra que da título al disco, “Odelay”, hubo quienes pensaron que era la traslación fonética del “órale” que utilizan los chicanos y otros, como Stephen Malkmus de Pavement, que afirmaban que Beck se estaba riendo de su compañía discográfica, ironizando sobre todo el tiempo que llevo grabar este disco, “oh, delay (oh, retraso)”, aunque, posiblemente, tenga el mismo significado que el resto de la letra: “Do the hot dog dance (Haz el baile del perrito caliente)…”.

Aires psicodélicos

Su próxima obsesión por la Tropicalia brasileña ya se puede anticipar en el inicio de “The New Pollution”, a un punto del ‘easy listening’ con toques futuristas en una producción nuevamente marcada por una batería hip hop, guitarras fuzz y un riff de saxofón sacado de un ‘sample’ del “Venus” de Joe Thomas, seguido de un psicodélico solo de órgano. Los aires psicodélicos continúan con “Derelict”, otra canción singular, con una kalimba y un solo de sitar en medio, a la que se podría definir algo así como psicodelia raga hip hop…

“Novacane” tiene un gran comienzo con bajo batería y una amenazante línea de guitarra, ‘scratches’ hip hoperos, que se convierten en un ‘beat’ imparable. Beck nuevamente se acerca al rap en una canción en la que toca casi todo, el sintetizador, la armónica, el bajo, la guitarra eléctrica, dejando la batería para el fiel Joey Waronker y los platos a los Dust Brothers.

La primera cara se cerraba con “Jack-Ass”, una de las mejores canciones de su carrera, Beck se anticipa a “Sea Change” y demuestra que más allá de los collages sonoros de este disco podría ganarse la vida con solo una guitarra acústica, eso sí, vuelve a revestir a esta sencilla canción folk con los mejores ropajes, en este caso otro ‘sample’ de Them, en esta ocasión de su maravillosa versión del “It’s All Over Now Baby Blue” de Bob Dylan, pero puede que esta canción la supere, es, realmente, una extraña invitación. Líricamente sigue sin mostrarse demasiado, algo que sí hará más adelante en su carrera, pero las palabras están escogidas a la perfección para resonar y formar maravillosas imágenes en tu mente: “Recuerdo la forma en que sonreías cuando los grilletes de la gravedad eran salvajes. Y algo está vacante cuando pienso que todo empieza…”. Al final, además de un destartalado solo de guitarra y armónica mete un burro de verdad, como para quitarle un poco de gravedad a todo el asunto…

Dos platos y un micrófono

La segunda cara se abría con “Where It’s At”, el primer sencillo de adelanto y la mejor presentación posible para este disco. El estribillo lo deja claro “I got two turntables and a microphone”, con esa parte robótica que se adelanta al “Intergalactic” de los Beastie Boys. Es un temazo desde el inicio con el órgano humeante, y esa batería sobre la que Beck hace sus mejores rimas, su flow no está mal para un chico blanco. Luego vuelve a dar un giro de 180 grados con “Minus”, lo más cercano al punk que hay aquí, con un marcado riff de bajo al que se unen fieras guitarras distorsionadas. Pero hasta aquí hay breaks y baterías hip hop, Beck se vuelve a encargar de todos los instrumentos, menos de la batería, cortesía nuevamente de Waronker.

¿Puede haber algo que pegue menos que el funk y el country? ¿No? Bien, pues “Sissineck” es un tema de country funk, dividido entre versos que son puro funk, con un bajo y una batería imparables y un estribillo sobre “good old boys” y “rhinestone life” con pedal steel incluida, cortesía de Greg Leisz, puede que Lil Nas X se hiciera con una copia de este disco varios años después… En “Readymade” vuelve a aparecer su obsesión por la música brasileña con un ‘sample’ del “Desafinado” en versión de Laurindo Almeida, mientras que “High 5 (Rock the Catskills)” es puro hip hop, con su voz rapeando totalmente distorsionada y un ‘break’ con un fragmento de la “Sinfonía Inacabada” de Schubert.

El disco se cerraba con la única canción que sobrevivió de las primeras sesiones, “Ramshackle”, con el mismísimo Charlie Haden al bajo. Es una canción depresiva, cantada en un tono grave, con poco más que su guitarra acústica, el bajo de Haden y una ligera percusión. Si eres un friki de la música, como lo era Beck, y llamas al puto bajista de Ornette Coleman para que toque en una de tus canciones es que estás muy orgulloso de la misma. Tanto como para cerrar con ella tu obra maestra.

Su obra definitiva

Y es que eso es lo que es “Odelay”, el gran disco de la carrera de Beck, todavía haría unos cuantos muy buenos, el pastiche Prince que fue Midnite Vultures o esa mezcla de Gram Parsons y Elliott Smith en “Sea Change” yMorning Phase, pero es evidente que no logró un disco tan maravillosamente heterogéneo como este. Lo más cercano fue su reencuentro con los Dust Brothers en 2005 para “Güero”, pero no llegó a estas cotas.

Beck decidió seguir su propio camino y hacer lo que le dio la gana, sin repetirse nunca. En vez de buscar una réplica siguió a este disco con el interesante “Mutations”, en el que Nigel Godrich sustituyó a los Dust Brothers, y la influencia de Os Mutantes a los ‘samples’. Lanzado en 1998 iba a ser editado en el pequeño sello indie Bong Load Records, pero al final fue publicado por Geffen después de que “Odelay” se convirtiera en un inesperado éxito de público y crítica.

25 años después “Odelay” sigue siendo su obra más importante, el breve momento en el que este tipo conectó con el signo de los tiempos y se adelantó a ese momento del que hablarían LCD Soundsystem seis años más tarde en “Losing My Edge”, ese en el que los más ‘cool’ de la clase cambiaron sus guitarras por mesas de mezclas (aunque en breve harían lo contrario) y con dos platos y un micrófono nos dijeron a todos dónde estaba (aunque posiblemente nadie tenga muy claro el qué exactamente).

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