¡Ahí os quedáis! Seis décadas de deserciones grupales
Especiales /

¡Ahí os quedáis! Seis décadas de deserciones grupales

José Carlos Peña — 24-03-2020
Fotógrafo — Archivo

 

“Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo”
Lev Tolstói (Anna Karenina)

Semanas antes de la publicación del nuevo disco de Sleater Kinney el pasado verano, la excelente batería Janet Weiss anunciaba su marcha del grupo ante el asombro general. ¿La razón oficial? El grupo se estaba moviendo a terrenos que no le interesaban. El desconcierto cundía entre sus fans. “Ya no es lo mismo”, se lamentaban muchos. “Nos han dado gato por liebre”, se quejaban otros, aludiendo a los conciertos de la gira que el reconvertido dúo ha emprendido en otoño con Angie Boylan (Aye Neko, Freezing Cold). El título del álbum “The Center Won´t Hold dio lugar inevitablemente a chistes ingeniosos. Pero por doloroso que sea, ni mucho menos es la primera vez que sucede algo así. Ni será la última. La sorprendente segunda vuelta del guitarrista John Frusciante a Red Hot Chili Peppers es la otra cara de la moneda.

Es ley de vida. El tiempo no perdona. Y el delicado equilibrio ecológico de las bandas se ve sacudido por todo tipo de contingencias: egos o caracteres que ni el dinero puede compatibilizar, tiranías insoportables, bandazos estilísticos y discrepancias de fondo, guerras entre facciones, giras devastadoras para la salud física y mental, cansancio, desencanto, intolerancia a la fama, abuso de sustancias, orgullo herido, celos, obligaciones familiares, amistades rotas y cismas, problemas de salud, giros vocacionales, huidas hacia delante con mal final…En definitiva, la comedia humana en toda su complejidad química. Por no hablar de las razones artísticas o la necesidad, más o menos oportuna, de operar en solitario. Weiss se soltó recientemente en el podcast de un colega batería (Joe Wong), alegando que sus ex la degradaron creativamente de manera explícita. Maniobra poco elegante que, a buen seguro, tendrá su justificación en la otra parte, pero que vuelve a evidenciar las complejas dinámicas de poder que hay en cualquier grupo, por funcional que sea.

Incidentes similares que estallan con un mayor o menor nivel de acritud son parte consustancial de este circo. En no pocas ocasiones son un torpedo a la línea de flotación de la unidad creativa. El principio del fin. Bajonazos que dejan la moral por los suelos. Pero también pueden ser una oportunidad para hacer una transfusión de sangre nueva a grupos estancados o acabados. Depende de la importancia de la pérdida. A veces se hace amistosamente. Otras, todo lo contrario. En no pocas ocasiones, el abandono se precipita o se confunde con la expulsión sumaria o la guerra abierta. Y tampoco faltan sorprendentes idas y vueltas. Hay, en fin, casos de todos los colores, y hemos pensado que es buen momento para repasar cronológicamente algunos ilustres y variados ejemplos internacionales que a lo largo de todos estos años nos han mostrado que todo es efímero y cambiante en este mundo -hasta los grupos.

 

Los 60

Stuart Sutcliffe (The Beatles)
El “quinto Beatle” compensaba sus serias carencias como bajista con una planta imponente de Teddy Boy que cautivaba al mismísimo John Lennon. No obstante, tras la segunda estancia en Hamburgo, en julio de 1961, dejó a sus compañeros para culminar su vocación como pintor en la ciudad alemana, donde, además, había encontrado novia. Su sorprendente decisión provocaría un giro dramático en la prometedora banda de Liverpool: el entonces guitarrista Paul McCartney se pasaría al bajo. Menos de un año después Stu moriría por una hemorragia cerebral causada por una antigua reyerta. Tenía veintiún años.


Gene Clark (The Byrds)
Entre 1964 y 1966 el vocalista (y responsable de pandereta y harmónica) había firmado algunas piezas esenciales de la seminal banda californiana, pero la ansiedad y las malas vibraciones con sus compañeros le llevarían a emprender una fallida carrera en solitario (en años sucesivos volvería con sus compañeros un par de veces de modo efímero). En 1974 firmó para Asylum “No Other”, disco de culto de presupuesto desmedido -cien mil dólares de la época-, donde conciliaba influencias muy diversas bajo el paraguas de la americana, y que acaba de reeditar 4AD. En su día fue ignorado por la crítica y apenas promocionado. Hundido desde entonces, Clark moriría con apenas cuarenta y seis años, víctima del alcoholismo.


John Cale (Velvet Underground)
El galés fue pieza capital en los dos primeros discos de la legendaria formación neoyorquina. Pero sus radicales planteamientos sacaban de quicio al hosco Lou Reed, que acabó planteando un ultimátum a sus otros compañeros: “o él o yo”. No hizo falta insistir mucho a Cale, que, como es natural, no tragaba a Reed, y se acabó marchando en otoño del 68. El músico sería reemplazado por Doug Yale, y con él llegaría un sonido más convencional. Cale haría por su cuenta una veintena de discos de estudio de culto y produciría a gente como Happy Mondays. Yale tendría la poca vergüenza de intentar hacer pasar “Squeezed” (73), ya sin Lou Reed tras la desbandada general, como el quinto disco de Velvet Underground. Nadie se acuerda de aquel fiasco.


Syd Barrett (Pink Floyd)
Pocos casos más dramáticos que el del carismático compositor y guitarrista, fuerza motriz de los británicos en sus primeros años y su memorable debut “The Piper At The Gates of Dawn” (67). El abuso del LSD le hizo perder la cabeza, lo cual imposibilitó el trabajo en el escenario y el local con sus compañeros. La entrada de David Gilmour no mejoró la situación: convertido en un tipo errático y hermético, en triste contraste con su jovialidad previa, Barrett se había “ido” mentalmente. En abril del 68 se anunció oficialmente su salida, después de que sus compañeros no le recogieran camino de un bolo. El bajista Roger Waters (motor creativo tras la salida de Barrett) se fue en 1985, iniciando un doloroso conflicto por el uso del nombre del grupo, que le enfrentó a Gilmour y al batería Nick Mason. Waters se unió efímeramente a sus ex en 2005, en una breve actuación. Nunca se han reconciliado.


Brian Jones (The Rolling Stones)
El introvertido, problemático y experimental multi instrumentista se fue tras la grabación de “Beggars Banquet” (68), en plena cresta de la ola de popularidad y en medio de una espiral de escándalos. Parece que sus compañeros le facilitaron la decisión: las discusiones habían sido demasiado frecuentes. Menos de un mes después aparecería muerto en la piscina de su casa, por causas supuestamente accidentales. Jones no era cualquiera: había fundado el grupo a principios de 1962 junto a Jagger, Richards y compañía. Su sustituto, el joven Mick Taylor, también acabaría dejando el grupo en 1974 entre fuertes discusiones. Ron Wood, su sustituto, ha llegado hasta hoy.


Pete Quaife (The Kinks)
Las expectativas juegan un papel esencial. Un caso paradigmático es el del bajista y cofundador de la banda de los hermanos Davies. The Kinks habían sacado un disco fabuloso (“The Kinks Are The Village Green Preservation Society”, 68), que fue un fiasco comercial. Ray Davies combatió el desánimo con el cinismo sarcástico que explotaría en otra obra suculenta, -“Arthur (Or The Decline and Fall of the British Empire”, 69), pero el desencantado bajista dejó el grupo antes de entrar en el estudio. Quaife fundó el grupo desconocido Mapleoak y dejó la música en los ochenta. Tras su muerte en 2010, Ray reconoció su importancia esencial en el despegue del grupo.

 

Los 70

Brian Eno (Roxy Music)
Un clásico del rock: dos gallos no pueden compartir el mismo corral. El estilo dominante del cantante y compositor Bryan Ferry chocó frontalmente con el del teclista, que tampoco iba mal de autoestima, y abandonó el barco tras la gira del segundo disco, el inmortal “For Your Pleasure” (73). Sus compañeros asumieron el liderazgo absoluto del vocalista y compositor. Aunque se asumió que la salida de Eno (sustituido por Eddie Jobson) mutilaba la parte más experimental de la banda, Roxy Music se sobrepuso al trauma con más discos memorables. Y Eno alcanzó gran prestigio con sus discos de electrónica ambiental y como productor de Talking Heads y U2.


Peter Gabriel (Genesis)
Un drama para los fans: Gabriel aportaba el elemento distinguido, intelectual y teatral de los británicos, pero a la vez despertaba suspicacias y celos entre sus compañeros. Se fue en 1975, cuando habían encontrado el éxito masivo, propiciando que el batería Phil Collins acabara ocupándose del puesto vacante de vocalista tras uno de los mayores (y más absurdos) castings vocales de todos los tiempos. El grupo se orientará hacia el pop abiertamente comercial. Un desencantado Gabriel comenzaría una carrera en solitario que se haría masiva en los ochenta, como la de Collins.


Tommy Ramone (Ramones)
El batería de origen húngaro colapsó en el tour con The Runaways con el que empezaron 1978. Y es que tres meses de gira con la banda neoyorquina (y a la batería) no es cualquier cosa. Su marcha fue un golpe duro, como reconoce Johnny en sus memorias. No sólo por la pérdida musical (firmó clásicos como I Wanna Be Your Boyfriend), sino porque Tommy mediaba en las tensas relaciones del guitarrista con Joey y aportaba buen rollo. Ocuparía su plaza Marky, con dignidad -pese a su afición al alcohol-, aunque Tommy ejercería puntualmente de manager y productor. Dejó este mundo en 2014, víctima del cáncer.


Howard Devoto (Buzzcocks)
O cómo salir por patas casi antes de empezar. El vocalista formó el seminal grupo punk de Manchester junto a su amigo de la universidad, el fallecido Pete Shelley, en 1976. Compartían devoción por los Stooges y el rock primario, pero a Devoto sólo le apeteció participar en el mítico single Spiral Scratch (77), porque en febrero de ese mismo año fue de los primeros en cansarse de la “fórmula del punk” y dio el portazo para formar su propia banda: Magazine.


Palmolive (The Slits)
Hasta en el punk hay grados de profesionalidad. La guitarrista Viv Albertine se quería tomar las cosas en serio, y la batería melillense Paloma Romero, alias Palmolive (cofundadora del grupo con la cantante Ari Up) no tanto. Albertine confiesa en sus memorias que, cansada de tirar del carro, les dijo a sus otras dos compañeras que tenían que elegir a una de las dos. La batería, que tenía una relación tensa con las demás (peleas en el escenario incluidas) a cuenta de sus limitaciones musicales, entendió el mensaje y tomó las de Villadiego, uniéndose a The Raincoats -también de forma efímera. En el segundo disco de The Slits tocó Budgie de Siouxsie and The Banshees.

Sigue en la siguiente página

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.