“Wig Out At Jagbags” es ya el cuarto trabajo de Stephen Malkmus con los Jicks, y lo cierto es que está cosechando excelentes críticas en la prensa especializada de medio mundo. En cualquier caso el de Portland está presentándolo los días 20 de enero en Madrid (Joy Eslava) y el 21 en la Bikini de Barcelona.

Se le recordará siempre por el rock lleno de esquinas de Pavement que ayudó a amueblar los 90 y lo sabe. No hay problema. No pretende más que seguir con su fórmula conocida, grabando junto a The Jicks para tener una excusa y subirse a un escenario a sus 47 años. “Quiero hacer feliz a la gente como una compulsión. No sé hacer otra cosa. No es que cada disco tenga que tener una razón, sino que es como cuando un niño piensa en chocolate: siempre quiere más.”

“Wig Out At Jagbags”
(Domino-PIAS) es un disco más concreto que su antecesor. Huye de los desarrollos instrumentales: “Cuando toquemos en directo no va a ser así sino que habrá elementos de exploración. Cuando toco una canción nunca es igual, es algo arbitrario, pero he elegido estas tomas más precisas para el disco porque la gente pretende que reproduzca un determinado desarrollo en directo y eso me cabrea, de modo que ahora no tenemos que saber hacia dónde irán las canciones en el escenario.” A eso se le añaden títulos y letras oblicuas preñadas de una ironía críptica para la que ya existen webs que tratan de dar sentido a lo que dice Malkmus: “En inglés hay mucho doble sentido. Me gusta cuando la gente trata de escribir sobre el disco y presta mucha atención a las letras tratando de adivinar qué digo exactamente, aunque me da vergüenza demostrar que lo que escribo no es perfecto, y es más bien una locura con demasiadas palabras.”

Como novedad incluye una sección de viento que le da un toque ligeramente funk a algunas canciones, y la ayuda de Fran Healy (Travis): “No lo sabía, pero vivía a veinte metros de mí en Berlín, y tenía un pequeño estudio privado en el que podía hacer cosas gratis”. En su vida diaria busca el anonimato, en la entrevista está aburrido, mastica mientras habla y espera pasar a la siguiente sin apenas despedirse, una sorpresa para uno que compartió copas y amabilidad con él en un concierto de El Niño Gusano allá por el 97. Un clásico.