Diario de grabación de “Dear Great Canyon”.
Por Joana Serrat
Primera quincena de noviembre de 2013
Fue maravilloso poder disfrutar viendo a Howard Bilerman (miembro de Arcade Fire en su álbum de debut Funeral y productor del mismo -como también ha producido a Goodspeed You! Black Emperor, Vic Chesnutt, Wolf Parade, mis adorados The Wooden Sky, Thalia Zedek y tantos otros-) trabajando en mi disco allí en el estudio de Paco Loco. Yo no había estado nunca en una grabación de estas características. Anteriormente había grabado en los Estudios Dalton, en sesiones de tarde después del trabajo, y en los Baraka Estudis, a dónde iba en días sueltos, sin ningún tipo de continuidad. La primera jornada de trabajo en el Puerto de Santa María lo dedicamos a la sonorización de cada uno de nosotros y de la sala, pudiendo incluso grabar ya y hacer algunas tomas de "Flowers on the Hillside". Al final Flowers dejó de ser la balada Jim Cain que había sido originariamente y, gracias a la cual, Gavin Gardiner (cantante, guitarra y líder de los imprescindibles The Wooden Sky) -que había viajado desde su país para trabajar en mi disco sin pedir nada a cambio, tan solo porque creía en este disco y porque quería vivir la experiencia de trabajar musicalmente fuera de su país– me dedicó sin ser consciente uno de los mayores piropos que he escuchado nunca hacia mis canciones: “Perdona (Gavin es todo corrección), pero esta canción me recuerda a Bill Callahan. ¿Lo conoces?”. No, lo adoro. Howard insistió que la canción necesitaba más beats, y eso hicimos. Estuvimos probando diferentes dinámicas hasta dar con la definitiva. Entre nosotros, y con cierto humor, la bautizamos desde ese mismo instante como Howard’s on the Hillside .
Allí estábamos todos, interpretando las canciones en vivo: Gavin (guitarras, bajo, armónica), David Soler (guitarras, pedal Steel, dobro), Edu Martínez (pianos, rhodes y todas las teclas que uno pueda llegar a imaginar), Marçal Ayats (chelo) y mi hermano Toni (batería y percusiones). Ver cómo rodaba la cinta analógica recogiendo nuestras interpretaciones en directo era algo muy excitante. Howard estaba en la cabina, nos dejaba tocar libremente cada tema y, después de una o dos interpretaciones, seguidamente nos grababa. Después de cada toma, en función de qué sensaciones teníamos con respecto a la ejecución, repetíamos una vez más o salíamos de la sala para escuchar el resultado frente a la mesa de mezclas. En una de esas escuchas, Howard nos llamó a todos a la cabina y nos dijo que no le gustaba como estábamos tocando "Green Grass". Gavin había hecho una propuesta en los ensayos con arreglos rítmicos muy al estilo rock americano cincuentas, con una parada en el estribillo. No me pareció una mala idea, al contrario, pensé que respiraba y que la canción crecía con ese cambio. Pero Howard no estaba para nada de acuerdo con ello. De pronto, sacó el móvil de su bolsillo y le dio play a la versión demo de "Green Grass" que traía consigo mientas confesaba que nunca había hecho ‘algo así’. Seguidamente dijo “no hay que tener miedo a ser pegadizos; esa canción es como una autopista y tiene que ser así, de principio a fin. La demo está perfecta y para mí tal cómo me la mandaste es publicable, o sea que felicidades”. Me quedé atónita, sin palabras. Nuevo piropo. Gavin reafirmó su total desacuerdo con él. Fue un bonito y enriquecedor duelo de ideas entre productores a los que admiro.
Las sesiones pasaban rápido, y los días se iban agotando. Howard no parecía darle importancia a pequeños errores de nuestras interpretaciones, buscaba en la esencia y en la sinergia que el grupo generaba en cada canción, las dinámicas y los feelings de cada interpretación. En ese sentido, podríamos decir que es un cazador de canciones. Cuando terminamos de grabar Came Out Of The Blue, Howard estuvo meditando en silencio para después pedirle a Gavin que tomara la eléctrica y tocase con intensidad y ruido sucio porque quería poner esa textura al final de la canción, en los estribillos. Yo le dije a Howard: “Oye, te va a parecer una chorrada, pero esa canción es la única canción de chica que hay en este disco. Me gusta así, no creo que ese arreglo vaya a quedar muy bien”. Sin mirarme siquiera, pero con su incansable ternura, me respondió: “Tú espera, que te va a gustar”. Mascullé durante un rato, en vano. Cuando Gavin acabó de grabarla Howard le comentó: “Joana dice que esta canción es para chicas, sólo para chicas. Que no le gusta tu guitarra”. Lo decía con un rintintín simpático “Uhhh uhhhh the girly song… uhhh uhhhh”. Quince días más tarde, ya en en el Hotel2Tango de Montréal, durante la mezcla de esta misma canción le solté: “¿Puedes subir esa guitarra del final? Me encanta y tiene que estar más presente”. Él se giró hacia mí, se río y volvió a decir “Uhhh the girly song”. No sé por qué tuve que decir tal gilipollez en su momento.
Era bonito ver como se iban tejiendo todo tipo de lazos entre nosotros: los momentos familiares en la cocina con Paco contando sus batallitas e ilustrándonos con productos lácteos catalanes que nosotros mismos desconocíamos, las veladas en la terraza acompañados de vino, cervezas y confesiones, las escapadas constantes de Howard a la cocina de Muni para cazar algún que otro dulce creyendo que no era visto... Hubo días intensos, de agotamiento total y absoluto, de necesidad de salir al jardín a tomar aire para crear cierta distancia con las canciones. Marçal regresó a Vic el domingo y el lunes fue el último día de grabación y estancia de banda. Fue un día de contrastes, por un lado era la última sesión con los músicos y quizás la última vez en mucho tiempo que volvería a ver a Gavin, pero por otro lado, esa misma tarde llegaba Carla, mi hermana (que por aquel entonces vivía en Francia) para comenzar a grabar sus voces. Aquella noche fue tranquila, todo el mundo se fue temprano a dormir puesto que a las cuatro de la madrugada partían hacia Barcelona.. Por la mañana cuando desperté, la casa estaba tan abrumadoramente vacía… Les eché mucho de menos. Quedaban dos días más de trabajo junto a Howard antes de que nos reencontrásemos nuevamente ya en Canadá para mezclar y masterizar el disco.
Ocurrió que en las últimas horas de estancia en el estudio, nos dedicamos a escuchar canción por canción todas las canciones para revisar que teníamos todo lo necesario grabado y guardado correctamente. Yo estaba sentada con los auriculares puestos escuchando las premezclas en medio de aquella sala que días antes habíamos llenado con músicos, instrumentos, canción, conversaciones y bromas, …y me puse a llorar. Había estado once meses preparando este disco, buscando los músicos idóneos, grabando las maquetas del disco, luchando contra mis dudas y mis miedos, sintiendo a flor de piel la ilusión y los nervios, y de repente la grabación ya había finalizado. Me levanté, me dirigí a Howard -que estaba sentado en la mesa de control-, y le abracé entre sollozos de felicidad. Él, emocionado, me miró con ternura y confesó que, desde el principio, desde que escuchó los primeros acordes de la maqueta de cuatro canciones que le mandé por enero de 2013, supo que esta iba a ser una grabación muy especial. Para todos nosotros lo fue. Ahora solo espero que el resultado también lo sea para los que lo escuchen.
Gracias Joana.