Vampire Weekend se han hecho mayores. Father Of The Bride (Spring Snow/Columbia, 19), su primer disco tras seis años sin publicar canciones nuevas, muestra al trío neoyorquino en su faceta más taciturna y reflexiva, una nueva encarnación que habla del adiós a la juventud y de los sinsabores de la vida adulta. Ahora bien, el pop de marca de la casa sigue estando ahí, solo que algo más enmarañado y extraño.

El boom del pop tropicalista en Occidente que inició el debut homónimo de Vampire Weekend en 2008 –disco que, como bien dijo en esta casa Joan Cabot, tendría que haber marcado el camino a los The Strokes post “Is This It” (RCA, 01)– ya queda lejos. Tanto, que el único grupo con relevancia que sigue en activo hoy de esa quinta son los protagonistas de esta entrevista, convertidos ahora en héroes del pop mainstream con más pedigrí que encabezan festivales de verano. Los neoyorquinos, que ya se desmarcaron de lo tropical con su segundo y nuevaolero álbum “Contra” (10) y que maduraron su sonido en el exuberante “Modern Vampires Of The City” (13), se han tomado más de un lustro para dar forma a Father Of The Bride, un disco doble y su primera referencia sin Rostam Batmanglij, el genio tras la electrónica de juguete y los samples del primer triplete de obras de Vampire Weekend en el grupo y ahora solo presente en las tareas de producción.

“En este disco sigue estando el minimalismo de nuestros inicios, pero por primera vez tiene algo de enmarañado y de, por así decirlo, triturado”.

Ezra Koenig, líder de Vampire Weekend y compositor casi en solitario de las dieciocho canciones del álbum, nos atiende desde Los Angeles, ciudad a la que se mudó hace un par de años para poder estar con su familia. La primera pregunta es clara. Tras seis años de hiato y de la marcha de Batmanglij, ¿es Father Of The Bride un nuevo inicio para la banda? “Es curioso”, comenta, “me esfuerzo mucho en cada álbum de Vampire Weekend, y cada disco es un nuevo capítulo de una novela que sigue avanzando. Este es el cuarto, y en cada nueva paso que damos tiene que haber algo diferente porque si no el relato se vuelve aburrido y previsible. La paradoja aquí es que tiene que ser algo nuevo, pero a la vez pertenece a la misma gran historia. Todos los artistas a los que admiro han hecho lo mismo, repetirse pero evolucionando a la vez”. Y añade, “con nuestros discos anteriores siempre ha pasado lo mismo, hay gente que cree que nos repetimos y gente que dice que hemos traicionado nuestro sonido original. Lo que puedo decir sobre ‘Father Of The Bride’ es lo siguiente: tengo el presentimiento de que es el disco que teníamos que sacar ahora, será el capítulo más o menos favorito de nuestra novela para los fans, pero puedo asegurar que es el disco más apropiado para los Vampire Weekend de 2019”. Un disco doble en los tiempos que corren de listas aleatorias de escucha es una apuesta valiente, ya que pide atención y tiempo extra al oyente en la era de la inmediatez. Un guiño old school que en el siglo XXI es un hecho casi revolucionario. “No sé sí llegaría a decir tanto”, comenta Koenig al otro lado del teléfono, “lo que sí sé, es que hubiera sido aburrido un disco nuevo de Vampire Weekend con solo diez canciones. ‘Father Of The Bride’ tiene dieciocho temas y soy consciente de que casi nadie puede escucharlo del tirón. Hay que darle varias escuchas para emitir un juicio y saborearlo”.

California, Los Angeles, las playas, el sol, las canciones de The Beach Boys… Es de suponer que la soleada Costa Oeste de los Estados Unidos ha tenido algún tipo de influjo en las nuevas canciones de Vampire Weekend. Sin embargo, no es el esperado. “Cuando me han preguntado sobre esto otros periodistas les he dicho que no era un disco de Los Angeles”, explica Koenig. “Ahora bien, estando aquí, he tenido una gran sensación de nostalgia dolorosa por Nueva York y por la Costa Este que ha marcado el álbum. Hace un tiempo se puso de moda entre algunos neoyorquinos decir que Los Angeles era una ciudad mejor y se mudaban ahí. La Nueva York de ahora es terrible decían… Venga ya, los dos son igual de terribles”, dice entre risas. “Los Angeles es ahora mi hogar, pero mentalmente no he estado mucho ahí. Cuando tienes veinticinco años no piensas en esas cosas, pero cuando llegas a los treinta la nostalgia duele. No puedo hablar de Los Angeles sin tener en cuenta la nostalgia que siento por Nueva York. No sé si esto es cosa de ser un neoyorquino gruñón (vuelve a sonreír), pero para mí el sol de Los Angeles es un villano, es demasiado luminoso y duro, su color me daña los ojos. En la Costa Este es diferente, pero aquí te tienes que proteger de él porque puedes pillar el cáncer, así que la idea del sol californiano como algo bueno no es del todo cierta. En este disco uso la idea de ‘esconderse del sol’ como concepto”. El cantante y guitarrista de Vampire Weekend profundiza un poco más sobre esa idea de la luz entendida como amenaza o como un elemento desestabilizador, uno de los temas centrales de Father Of The Bride. “Cuando en la Europa de la Edad Media se pasó de la edad oscura a otra más abierta de miras y luminosa, la metáfora de la luz como algo positivo era del todo apropiada. También lo fue, durante mucho tiempo, contraponer la noche vulnerable y llena de terrores, con el día y su felicidad y libertad. Sin embargo, hoy en día siempre estamos rodeados de pantallas y de luces, no hay descanso en ningún momento: llevas un móvil-linterna en tu bolsillo que te acecha. Hacer la siesta, despertarse y que la primera cosa que hagas sea no mirar el móvil es un triunfo, es estar vivo… Hoy en día en la luz también puede haber oscuridad”.

En “Father Of The Bride” se dan cita el clasicismo y la vanguardia, lo mismo que pasaba en “Tusk”, el disco doble que descolocó a los fans de Fleetwood Mac en 1979 y un referencia clara para lo último de Vampire Weekend. Experimentos y salidas de tono refrescantes como el pop de recorta y pega de “Sympathy, How Long?” y “2021”, y canciones accesibles como “Hold You Now” (en la que participa Danielle Haim y se samplea la banda sonora de Hans Zimmer para “La delgada línea roja“), “This Life” (guiño al Marshall Crenshaw de “Someday, Someway”) o la miniatura country-pop “Big Blue”. “En este disco sigue estando el minimalismo de nuestros inicios, pero por primera vez tiene algo de enmarañado y de, por así decirlo, triturado”, explica Koenig. “También nos hemos animado a contar con la colaboración de grandes músicos de sesión para que aporten su grano de arena a las canciones. Estos últimos años he aprendido a valorar la pericia técnica que requiere especializarse en un solo instrumento. Es más, en este álbum he intentado mejorar como guitarrista, y me he animado a tocar más que nunca. Mis guitarristas favoritos son los que poseen un sonido limpio, nombres como los de Lindsey Buckingham, Johnny Marr y Jerry Garcia”.

Agenda
FechaCiudadRecintoHoraPrecio
De 11/07 hasta 13/07/19Oeiras (Lisboa)Festival: NOS ALIVE
De 11/07 hasta 13/07/19MadridFestival: MAD COOL FESTIVAL