Que la vida gira en torno a los cambios es algo que todos sabemos pero no siempre asumimos. David Berman ha cambiado y ahora tiene ganas de explicarse, de que le entendamos, de dar lo mejor de si mismo. “Tanglewood Numbers” (Drag City/Everlasting) es precisamente eso, y es distinto y parecido a lo que uno espera encontrar en un disco de Silver Jews.

Cuatro años de silencio (los que van de “Bright Flight” a “Tanglewood Numbers”) son muchos si hablamos de alguien a quien queremos. A menudo demasiados. Pero hay un tipo de amigos con los que apenas necesitas un par de minutos para reencontrar la chispa de antaño. El mundo alrededor de Silver Jews siempre ha sido lo suficientemente convulso como para tener cosas que explicar: amargura, humor, libros, drogas, violencia, talento a raudales y cierto descuido en las formas que siempre jugaba a su favor. O eso pensábamos nosotros, porque en lo vital aquello debía ser lo más parecido al tópico de infierno personal que se me ocurre, algo que deja poco margen a la hora de decidir si cambiar o irse definitivamente a la mierda. De eso trató nuestra hora de charla con David Berman. De responsabilidad, de cambios, de vida de verdad y, claro, de Silver Jews.

“He tenido un montón de experiencias terribles y ahora trato de solucionarlo mediante la acción, aunque no sé exactamente qué significan estas acciones”

“Todo lo que he estado haciendo es intentar cambiar las cosas, tomar algo de responsabilidad. Siempre tuve una especial sensibilidad hacia el sufrimiento, así que intentaba describirlo, describir mi presente y mi pasado. Pero ahora es distinto. De alguna manera, este disco trata de cómo hacer otro disco. Si es distinto, es porque existen los discos anteriores. Aprendo más y más, y el disco trata sobre la manera en que aprendo. He tenido un montón de experiencias terribles y ahora trato de solucionarlo mediante la acción, aunque no sé exactamente qué significan estas acciones”. A veces esas acciones te llevan por caminos inesperados como una canción infantil. Sólo que mucho más difíciles de transitar, claro. “A lo mejor parece un sinsentido, pero mi vida ha cambiado mucho simplemente haciendo las cosas que no quería hacer. Es como ese capítulo de ´Seinfield´ en el que George Constanza empieza a hacer justo lo contrario de lo que siempre hace y todo empieza a ir a mejor (nueva novia, nuevo trabajo, se muda de casa de sus padres…). Hacer solamente lo que quería me había llevado al peor de los lugares. No hacía nada que no quisiera hacer, no iba a ningún sitio al que no quisiese ir ni hablaba con quien no quisiese hablar. Pero llega un momento en que tienes que pedirte algo mas a ti mismo”. Las acciones por si solas no suelen ser suficiente. Lo que importa, casi siempre, es lo que podamos aprender de ellas. “Es difícil de explicar, pero lo que ahora mismo intento es extraer una carga moral de ello sin ser didáctico. Si escuchas un disco de Silver Jews no encontrarás resoluciones, no hay modelos a seguir, pero hay un contexto en el que reside su carga moral. Estamos en un momento en la historia en que la gente quiere ser preguntada, involucrarse. Y eso no pasa, lo cual es muy desmoralizador”. “Es como cuando el presidente de Estados Unidos (interrumpe su mujer y voz femenina del disco, Cassey Berman) decía que, para ayudar después de los atentados o del huracán, lo que teníamos que hacer era seguir comprando o dar dinero, cuando lo que la gente necesitamos es dar y recibir ayuda de una forma mas directa, con más contacto humano”. (D. Berman) “Lo que la gente necesita es reconocerse en la realidad. Creo que hasta ahora estaba confundido con esto. Simplemente hacía mi trabajo sin tener conciencia de ello”. Es precisamente ahí donde se nota la diferencia entre “Tanglewood Numbers” y cualquier otro trabajo de Silver Jews: el descuido formal ha dejado de mirarse al ombligo para mirarnos de cara y Berman ha buscado ser lo más claro posible sin dejar de ser él mismo. “Lo que más me preocupaba cuando salió el disco es la forma en que lo recibiría la gente. Si se recibe como otro disco de Silver Jews, va a ser muy difícil para mí seguir haciendo lo que hago. Espero que se perciba que lo he hecho lo mejor que he podido. No se trata de hacer un servicio al prójimo o algo así, pero sí de responsabilizarme. Antes solía tratar de recrear esa especie de submundo alternativo en el que me movía, y ahora lo que quiero es recolocar ese mundo mío en el mundo real. Antes, por ejemplo, pensaba que no tocar en directo me ayudaba a mantener vivo lo que hacía. Quería alejarme de todos los aspectos de entretenimiento en la música. Prefería seguir sacando discos aunque mis reacciones no fueran muy prácticas. Porque si algo sé hacer bien, es escribir estas canciones. No podría hacerlas sobre lo mala que es la guerra y lo bueno que es el amor, porque no es eso lo que mejor sé hacer. Ya sé que seguramente es eso lo que la gente necesita escuchar, pero para mí la carga moral está precisamente allí. Estoy orgulloso de ello. Me preocuparía darle a la gente algo que no soy, y tocar en directo en realidad es una actuación, una versión distinta. De todos modos, ahora quiero intentarlo. En breve me juntaré en el sótano con unos cuantos amigos para preparar una gira el próximo otoño. A ver qué pasa. Antes hacía discos que en principio eran para mí, así que no había razones para tocar, pero no quiero seguir estando en contra de ello. El disco ha salido muy fácil, estoy orgulloso de él, así que no quiero cuestionarme si todo va a ir bien”.