“No me quiero enamorar” (2015), los situó como una de las grandes revelaciones del panorama nacional. Pop despreocupado para mover la melena, letras con cierto descaro y actitud sobre escenario eran motivos más que suficientes para no querer perder la pista del caballo ganador en que se convirtió Papaya.

Esta vez, la banda sube la apuesta con Corazón abierto, un disco que es puro sentimiento, dónde ritmos tropicales y latinos se mezclan con el rock de aires retro que les caracteriza. Yanara, Sebastian y Miguel se entregan de lleno al público en esta explosiva amalgama de estilos que mira a la música popular de los setenta para hablar de la figura de la mujer y del amor. Una invitación a un baile de doce canciones que funcionan cómo doce balazos directos al corazón y que están a punto de ser disparados en Valencia (21 de abril), Madrid (27 de abril), Barcelona (5 de mayo), Cáceres (12 de mayo) , Santiago (25 de mayo) y Lugo ( 26 de mayo).

En No me quiero enamorar el sonido de los 80 era una influencia bastante clara, sin embargo en Corazón abierto, se encuentran muchas referencias sonoras con la música de los 70. Especialmente con los grandes artistas de la canción melódica de la época. ¿Era este el sonido que habéis tratado de evocar?
(Yanara Espinoza) 
Somos muy fans de los artistas melódicos de la época, tanto de España como de Latinoamérica. Antes de componer las canciones ya tenía claro hacía dónde quería ir, independientemente del sonido. Quería hacer algo más premeditado porque siempre me había gustado ese tipo de música. Me apetecía probarlo.

Se puede que casi es una evolución a la inversa después de No me quiero enamorar.
(Yanara) 
Si, con el primer álbum siempre nos nombraban la influencia de los 80. Básicamente era porque llevábamos cajas de ritmo pero no fue un sonido intencionado como si hemos pretendido en Corazón abierto.

¿Qué artistas os han inspirado a la hora de conseguir ese sonido? En el anterior había referencias a Los Brincos, Morricone, etc. que también se perciben en Corazón abierto.
(Yanara) 
Desde que era pequeña escuchaba mucha música: country, Morricone, las bandas sonoras de las pelis de Tarantino…
(Sebastián Litmanovich) A nivel compositivo el álbum está en manos de Yanara. En este disco yo veo más influencia de los cantantes melódicos y de la música popular, que nos gusta mucho.
(Yanara) Si, son composiciones menos crípticas. En el anterior las letras eran menos directas, en este sin embargo es al contrario. No tiene vuelta de hoja. Lo que estás entendiendo es lo que es.
(Sebastián) Es más personal y simple en ese sentido.
(Yanara) Toda la música en español nos ha inspirado. Sandro, Raphael, Camilo Sesto, Perales… ¡Tienen letras tan buenas!

El título Corazón abierto da a entender que es un disco donde el autor se abre al oyente. Da la sensación de que es mucho más sentimental que No me quiero enamorar. ¿Te supuso un reto abrirte tanto en cuanto a letras y temática?
(Yanara) La verdad es que no. En general suelo ser bastante “yo” en todos los conceptos pero lo cierto es que durante el año que sacamos el disco y empezamos a tocar viví muchas situaciones muy intensas. Yo y toda la gente que me rodeaba. He salido mogollón y conocido a muchísima gente que me contaba historias que me han inspirado. Simplemente he cogido todo eso y lo he lanzado. No hay que tener miedo. Creo que si eres artista es porque te quieres entregar al mundo. Si no, dedícate a otra cosa. Pienso que el riesgo musicalmente no es una locura. Sí que me siento un poco extraña al cantar estas canciones. Cuando estoy en el escenario, ensayando o en mi casa noto que hay diferencia al cantar algo con más sentimiento. Es una sensación distinta pero a la vez intento desconectarlo de mí, como si fuera otra persona. Es otro corazón pero a la vez es el mío. No hay ningún miedo.
(Sebastián) Creo que desde el primer disco, Yanara ha evolucionado mucho como compositora por lo que ha podido quitarse esas máscaras estéticas de las letras más oníricas e ir más directa al grano, con más simpleza. Eso para mí es síntoma de madurez.
(Yanara) ¡Estoy mayor ya!

“Creo que si eres artista es porque te quieres entregar al mundo. Si no, dedícate a otra cosa”

Has comentado anteriormente que el tema ¡Ay, mujer! es un canto a tu madre y que también contiene referencias paternas y recuerdos de la infancia. ¿Es Corazón abierto un disco que celebra, en líneas muy generales, el amor a la familia?
(Yanara) No, sólo esa canción en concreto. Las demás hablan de amor, desamor, pasión y movidas que no tienen mucho que ver. Lo que pasa es que esa fue la primera canción que hice. Pasamos un momento muy complicado con mi madre y con mi familia en general. Mi madre me dijo que de eso seguro que saldría una buena canción y así surgió ¡Ay mujer!.

La figura femenina tiene mucho peso a lo largo del álbum. Se puede decir que la mujer se refleja como parte central en muchas de las canciones. ¿Quiénes son estas mujeres, a parte de tu madre, obviamente? ¿Qué te llevó a contar sus historias?
(Yanara)
Sí, hay un hilo común a lo largo del disco y es que está todo cantando hacia mujeres, a la figura femenina. Las que aparecen en el álbum son una mezcla de amantes y de historias que me cuentan. No todo está contado desde primera persona. Me reencarno en esos sentimientos e intento contarlo de la mejor manera posible. La historia y el arte siempre han idolatrado a la figura femenina. Lo extraño es que lo cante una mujer. Es una manera de romper barreras de género en ese sentido. Lo que importa es lo que estás contando.
(Sebastián) Los sentimientos son universales al fin de al cabo. Y al apuntar de una manera más simple para hablar de ellos no puedes darle muchas vueltas o poner demasiadas máscaras a lo que haces. Hay que cortar por lo importante. Esto no sólo lo ha aplicado Yanara en la composición de las letras. Lo hemos aplicado también en la grabación y la producción del disco. Siempre intentamos que quede lo esencial. No queremos sobreadornar para ocultar ningún mensaje ni nada. A nuestro modo, siempre lo que intentamos es ser lo más directos posibles. No nos proponemos nada más allá de ser más simples.

El tema que da título al álbum es todo un himno al amor propio y al placer. ¿Ese corte nace con vocación de clásico? A mí me parece un hit, muy en la onda de Julio Iglesias o El Puma, tanto por la letra, el ritmo latino…(Sebastián) ¡Ojalá!
(Yanara) Esa fue inspirada en las canciones de Julio Iglesias y de la Pantoja. De ella me encanta Caballo de rejoneo. Siempre me ha parecido que las canciones de ambos tienen letras muy buenas. Sencillas y relacionadas con el sufrimiento. Corazón abierto y Fango en el amor son las que más tienen ese rollo.
(Sebastián) ¡Nos encanta tocarla!

Me sorprende la versión de Soy macarra, precisamente porque veo que escapa de la temática del disco. ¿Cómo os decantasteis por ella?
(Yanara)
Yo estuve tocando la batería mucho años. Mi profesor de filosofía era muy fan de Los Ilegales, fue él quien me enseñó a la banda y muchísimo rock en general. Además, es una canción que cantaba mucho con mi hermana. Versionarla ha sido un regalo a todos esos años del macarrismo. Pienso que está todo guay en el disco pero tiene que haber algo de rock and roll también. Yo vengo de ahí. A mí me criaron con heavy metal. Mi padre es hardcore punk.
(Sebastián) Miguel también viene de ahí. Ellos son Violeta Vil. Le gusta toda esa onda y se nota en el álbum. A veces, cuando escucho Corazón abierto me doy cuenta de que su bajo está en un plano bastante importante y su personalidad se marca mucho en el sonido . Además, se nota que tiene gusto por lo melódico. Le sale natural.
(Yanara) Fuimos a una gala en la que nos dieron un premio y había que homenajear a Jorge de Los ilegales. Nosotros hicimos la versión de Soy un macarra. La canción ya la teníamos rodada. Sonaba cañón y decidimos incluirla en el disco.

Hablemos de de la variedad de estilos. En el álbum anterior se percibe que no os cortáis a la hora de mezclar géneros, pero Corazón abierto es mucho más ecléctico en ese sentido.
(Sebastián)
 A nivel producción a mí siempre me salen bastante eclécticas las cosas. Cuando una canción me pide algo, lo hago sin cortarme un pelo. La voz de Yanara es tan unificadora a lo largo del disco que me da libertad a hacer básicamente cualquier cosa en cuanto a arreglos o producción. Si su voz o sus letras no tuviesen personalidad tendría que unificar desde ahí el sonido, pero en este caso no lo necesito.
(Yanara) La idea era hacer un disco divertido en el sentido de cómo consumimos la música hoy en día. Lo hacemos de forma muy rápida y la gente casi ni se para a escuchar un álbum de principio a fin. Si lo haces es porque eres fan y normalmente todas las canciones suelen ser iguales. Corazón abierto te va llevando de un sitio a otro, te va contando una historia en cada canción. Te puede gustar más o menos pero te va a entretener.
(Sebastián) Tampoco nos gusta encasillarnos en un estilo. A los tres nos encanta la música muy diversa y no tenemos ningún prejuicio.

Pese a la variedad de estilos, parece que todos tienen cierto aire clásico. Por eso resulta muy curioso el hecho de que no tengáis prejuicios a la hora de acercaros al reguetón con Amor o sexo ¿Cómo decidisteis aproximaros al género?
(Yanara)
Es muy sencillo, para darle el toque fresco. El reguetón es lo que se lleva ahora. No hay que tener miedo así que ¿por qué no?
(Sebastián) Nosotros escuchamos Ms Nina, C. Tangana, Shakira… Cuando me pongo a cocinar en mi playlist suena Ricky Martín.
(Yanara) Al final somos latinos. Esa vena tiene que plasmarse en el disco. ¡Nos sale el perreo!

¿Hay alguno estilo que os habéis quedado con ganas de explorar?
(Yanara)
Yo hubiese hecho un tema instrumental. Siempre he tenido la espinita de hacer uno que pareciese la banda sonora de una película.
(Sebastián) Pero esos temas al final son aburridos. Si en un disco aparece una instrumental, al final termino pasándola. Cuando me gusta un artista quiero escuchar su voz todo el rato, del mismo modo que quiero ver su foto en el álbum.
(Yanara) Ahora lo que nos apetecía era volver a los setenta. Me quedé muy a gusto. Igual hubiese hecho un trap, algo como para hacer la coña.
(Sebastián) Podríamos hacer una versión trap de algún tema…

“Nos gusta el feísmo hasta cierto punto”

¿Y alguno que sintáis que no encaja en Papaya?
(Yanara)
La bachata. No puedo con ella.
(Sebastián) A mí la bachata no me molesta. Me molestan más instrumentos como la gaita, la armónica o la flauta. No van a sonar jamás en Papaya. Nos gusta el feísmo hasta cierto punto.

¿Dificulta el día a día de la banda el hecho de todos tengáis proyectos paralelos (CINEPLEXX, Violeta Vil)?
(Yanara)
De momento no porque el que mejor nos va es Papaya. Estamos focalizados en él porque nos conviene. Todo alimenta a todo al final. Si Papaya va bien, el resto de proyectos también.
(Sebastián) Eso intentamos, crear sinergia entre ellos y también en el contexto de músicos entre los que nos movemos. Por ejemplo, el año pasado estuvimos actuando como banda de Antonna. Yo le produje el disco, Yanara le grabó las baterías y Miguel grabó unos coros. Siempre que pueda incluirlos en cualquier cosa que haga, lo voy a hacer. Quiero multiplicar nuestra actividad lo máximo posible.
(Yanara) ¡Estuvo muy guay!

¿Cómo afrontáis el directo este álbum? Habladme de cuándo podremos ver cómo lo defendéis.
(Yanara)
Tenemos fechas cerradas desde marzo. Y estaremos sin parar hasta finales de agosto.
(Sebastián) Hemos fichado un batería. Yanara grabó todas las del disco. En el álbum anterior, al ir con bases en directo pudimos prescindir de su figura. En algún bolo incluimos a un batería y el resultado era muy guay. Para el directo de este disco, al ser tan orgánico, lo necesitábamos.
(Yanara) El incluir a un batería nos ayuda a terminar de formar esa idea de los setenta, para que se entienda el concepto de canción melódica del álbum. Esta vez, no sólo queríamos disparar sonidos electrónicos.