“La sociedad intenta presentarnos de una forma más simple a como somos en realidad”
Entrevistas / Moses Sumney

“La sociedad intenta presentarnos de una forma más simple a como somos en realidad”

Carlos Pérez de Ziriza — 10-09-2020
Fotógrafo — Archivo

Ya puede empezar a decirse que el cielo es el límite para Moses Sumney. Su colosal segundo álbum, “græ” (Jagjaguwar, 2020), lo tiene todo para acabar el año encaramado a lo más alto en las preferencias de los medios especializados.

Veinte canciones que han sido desveladas en dos entregas – primero, en marzo, el resto, en mayo – y que ahondan en su particularísima forma de conjurar soul, jazz, r’n’b, folk o art rock a través de su impresionante voz (con un falsete desafiante) con la ayuda de un imponente equipo de colaboradores: Thundercat, Shabaka Hutchings, Adult Jazz, Bob Moose, Jill Scott, Esbjörn Svensson, James Blake, Matt Otto, John Congleton y ahora, por si fuera poco, Daniel Lopatin de Oneohtrix Point Never. Música pop polimorfa, sin géneros estancos – ni sexual ni estilísticamente – ni hojas de ruta preconcebidas. Belleza en estado puro. El californiano nos lo cuenta desde su casa en Carolina del Norte.

¿Es el propio título del álbum, “grae”, una invitación a asumir la ambivalencia humana? ¿Una forma de decir que en la vida no todo es blanco o negro, sino que hay una amplia gama de grises?
Sí, eso es (risas). Lo has clavado. Quería reflejar eso. Incluso con la forma en que se deletrea, porque la “æ” igual puede ser una “a” que una “e”. Me gusta la combinación. En realidad, había muchas razones para elegirlo, pero lo que dices de la ambivalencia es correcto, básicamente.

En la primera canción, “Insula”, cantas que el aislarse viene de esa palabra, que significa “isla” en latín. ¿Consideras necesario estar aislado de todo para crear?
Prefiero crear completamente aislado, sin duda. Es la mejor forma de canalizar tus pensamientos internos y tus sentimientos. Y la mejor forma de dejar el camino libre a la inspiración.

“Me gusta hacer lo que quiero, explorando todo el terreno del que soy capaz, y luego ya queda en manos de la gente el descifrarlo”

Pese a ello, hay un trabajo colectivo enorme en tus discos: aquí vuelves a contar con Matt Otto, James Blake, Mac DeMarco, Rob Moose, Ezra Miller, Esbjörn Svensson o con Thundercat, e incluso por primera vez con Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never) a la producción de algunos de los temas. ¿Cómo surgió esta última colaboración y qué crees que Daniel aporta a tu música?
Le conocí a finales de 2018, después de un gran concierto suyo. Coincidí con él en un ascensor, mientras estaba a punto de marcharse. Nos presentamos mutuamente, me dijo que deberíamos trabajar juntos algún día, y eso es algo que me impresionó, porque a mí todo lo que hace me parece brillante. Yo necesitaba a alguien que llevara mis canciones a un siguiente nivel. Porque muchas eran bonitas, interesantes, pero no eran del todo desafiantes, y necesitaba a alguien que las hiciera brillar, que sonaran más aventuradas. Él supo perfectamente como llevar las canciones al límite, afilarlas para que estuvieran a la altura de la intensidad de la voz cuando era necesario, pero también aplicar el minimalismo en ocasiones, añadiendo muy poco o sugiriéndome quitar elementos que no eran necesarios. Acabó siendo un colaborador perfecto.

¿Por qué decidiste dividir el disco en dos entregas, una primera mitad que se publicó digitalmente en marzo y ahora las dos mitades por fin en formato físico en mayo?
Porque es un álbum muy denso y complejo, y quería darle a la gente la oportunidad de escucharlo en secciones, y no mostrar todo de golpe.

¿Fue algo que ya tenías decidido antes de que estallara la crisis del coronavirus y el confinamiento? ¿O pensaste luego que esta forma de difundirlo haría que cobrase un significado distinto?
¡Sí, lo hice! Al principio pensé que la gente no tendría tiempo para escuchar el disco entero, prestar atención a las letras, oírlo de forma repetida y perderse en él. Esa fue una de las razones para publicarlo así. Pero luego, de repente, todo el mundo tenía muchísimo tiempo por delante, y se me hizo muy extraño que pasara tanto tiempo entre las dos entregas. Pero decidí no cambiar el plan. Al fin y al cabo, ahora es cuando la gente va a poder adquirir el pack completo en vinilo. Se hizo raro, pero no lamento haber elegido esta forma de hacerlo. Además, tampoco podemos dejar de lado que es un disco muy de aislarse en uno mismo.

¿Crees que la dificultad para encasillarte en un género o estilo particular, ya sea soul, blues, jazz o r’n’b, es una de tus principales virtudes?
Puede ser. Una de las cosas más interesantes y únicas de la música es el poder escuchar muchos estilos distintos, y muchos de quienes nos dedicamos a esto nos interesamos por muchas músicas distintas, y somos capaces de practicarlas. Además, a mí no me gusta limitarme a esto o a lo otro. Me gusta hacer lo que quiero, explorando todo el terreno del que soy capaz, y luego ya queda en manos de la gente el descifrarlo.

Le das mucha importancia a las letras, que están al alcance de cualquiera en tu propia web. Y al igual que ya hiciste con “Aromanticism” (Jagjaguwar, 2017), da la impresión de que te gusta cuestionar estereotipos sobre las relaciones de pareja, sobre el amor y sobre los tópicos de género. Aquí hay una canción, “Virile”, en la que planteas que hay otras formas de entender la virilidad. ¿Crees que hay un concepto muy estrecho de la masculinidad en nuestra sociedad?
Creo que la mayoría de la gente no entiende lo que es. Es algo a lo que estamos conectados constantemente, aunque no de una forma explícita… sí, puede ser que mucha gente tenga una idea muy limitada sobre ello, pero igual pasa con la femineidad, todos los roles de género son vistos así, pese a que están cambiando continuamente. La palabra virilidad me parece interesante porque es muy antigua, refleja una idea que viene de la sociedad grecorromana, unos ideales que están aquí desde mucho antes que nosotros.

Hay otra canción, “also also also and and and”, en la que reivindicas el derecho a la multiplicidad.
Creo que, para ser entendidos por el resto, tenemos tendencia a simplificarnos. Porque, de otra forma, habría gente que no nos aceptaría. La sociedad intenta que nos presentemos a nosotros mismos de una forma más simple a como en realidad somos. Solo para que nos llevemos bien con el resto.

Tu voz, y tu forma de cantar, es una de tus señas distintivas. Pero hay una canción, “Gagarin”, en la que suena distorsionada. ¿Querías desfigurarla para reflejar el espíritu de la canción, cuando dices aquello de que “la galaxia es un espejo roto”?
No estoy tan interesado en utilizar la voz en ese sentido, lo hice así más por la producción, para convertir mi voz en un instrumento más, específicamente como un saxo tenor, y conseguir el efecto de una canción de jazz instrumental usando mi voz. Es más como un intento de darle mayor alcance a mi música.

En “Jill/Jay” has contado con la voz de Jill Scott, uno de los grandes nombres del nuevo soul digital de principios del siglo XX. ¿Cómo surgió esa colaboración?
No la conocía. Eso sí que fue idea de mi manager (risas). Cuando estaba escribiendo, había una canción suya, “Cross My Mind” (de 2004), que no podía quitarme de la cabeza, y en un principio mi idea era samplearla. Tras contactar con ella y comentarlo por teléfono, le dije que estaría bien poder contar con ella reinterpretando esa parte de su canción. Conectamos enseguida y accedió. Fue como un sueño hecho realidad. Ni siquiera pensé que se molestara en contestar (risas).

Me llama la atención “Me in 20 years”. Tienes solo 29 años, pero ya te imaginas cómo serás con 49…
Creo que es muy común pensar en el futuro entre quienes estamos aún la veintena. Eres joven, estás empezando a disfrutar de la vida, pero también ves cómo tu cuerpo está cambiando, y el mundo gira sobre ti mismo y te preguntas qué es lo que va a ocurrir. Eché mano de mis diarios, y fue interesante toparme con lo que escribía en ellos hace diez años. Quería hacer una canción que sonara como un diario al que pudiera echar un vistazo dentro de 20 años. Y comparar (risas).

Podrás comprobar eso que a veces se dice sobre el paso del tiempo: si te gustaría sentarte a tomarte una cerveza con el tipo que fuiste veinte años antes, ya es mucho.
Sí, creo que todos lo pensamos a veces. Siempre estanos echando la vista atrás, y no tan focalizados en el presente. Miramos al pasado y al futuro, pero muy poco al presente.

Supongo que este parón de la industria musical habrá trastocado todos tus planes de directo, ¿no?
Sí, en teoría debería estar en Australia ahora mismo, y tenía conciertos por todo el mundo el resto del año. Pero ahoooora (N.del R.: lo dice así, alargando la palabra) no hay nada (risas). Es interesante, por decir algo.

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