Una década después de convertirse en una de las formaciones de pop y rock independiente más queridas de planeta y tras una temporada retirados, MGMT regresan a sus tiempos universitarios para recuperar la joie de vivre. “Little Dark Age” (Columbia, 18) es el mejor disco de pop raro que vas a escuchar este año, y también el trabajo más redondo de Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser.

“Nunca perdí el amor por la música. Lo que he estado haciendo estos años, más que nunca, es coleccionar discos y luego escucharlos en casa. Y también aprender a quererme a mí mismo de nuevo. 2014 y 2015 fueron unos años muy oscuros, llenos de dudas sobre el futuro de la banda y con la confianza personal por los suelos. Con este nuevo álbum he recuperado la ilusión de hacer música”, cuenta Andrew VanWyngarden al otro lado de la línea telefónica cuando le pregunto si ha tenido que volver a enamorarse de la música después de la tibia acogida de su disco homónimo de 2013 y un silencio de casi cinco años –el intervalo más grande entre disco y disco de su carrera-. VanWyngarden se muestra frágil y seguro al mismo tiempo durante la conversación, entre torturado y optimista. Esos adjetivos podrían servir también para describir como suenan los discos de MGMT. A ratos hasta parece un niño pequeño, uno de esos que sufrió una desilusión años ha pero que ya ha recuperado las ganas de jugar y pasarlo bien.

“Queremos animar a la gente a que se cuestione las cosas y a que se vean en persona, a que conecten en la vida real”

Hagamos un poco de historia rápida antes de volver a la conversación: en 2007 “Oracular Spectacular” convierte a MGMT en el grupo indie-mainstream de moda gracias a hits como “Kids”, “Time To Pretend” y “Electric Feel” (canciones que siguen sonando en la radio y en los afters privados que os montáis en casa); en 2010 aprovechan el cheque en blanco que supone el éxito de su debut y fichan a Sonic Boom para grabar “Congratulations”, nueva ración de pop alucinado y psicodélico muy cercano en espíritu a The Television Personalities; y en 2013 repiten con Dave Fridmann (The Flaming Lips, Mercury Rev, Spoon) para firmar un disco homónimo sin singles y negro como el azabache -más un experimento interesante que una obra fallida- que ensanchaba los límites de su concepción de la psicodelia. Antes de contarme lo que supuso para el grupo el bajón anímico y mediático de MGMT, a VanWyngarden se le escapa una risa nerviosa. “No tengo una respuesta clara para eso”, explica. “Fue más un cúmulo de razones. No quedamos muy contentos con cómo se presentó al mundo nuestro tercer álbum por parte de nuestra discográfica. Sabíamos que no era un disco fácil, era denso y complicado, pero todo fue muy conflictivo. Se tendría que haber presentado mejor”. Y añade: “no nos arrepentimos de él. Ahora bien, al nuevo decidimos dedicarle mucho más tiempo para retarnos a nosotros mismos y demostrar que MGMT somos capaces de tocar diversos registros y estilos y hacer algo de calidad”.

Así es como nos plantamos en “Little Dark Age”, para este humilde plumilla, el mejor disco de Andrew VanWyngarden y Ben Goldwasser: cuarenta y cuatro minutos de pop psicodélico y sintetizadores ochenteros a lo largo de los que convive lo raro (Days That Got Away”, “When You’re Small”) y lo epidérmico (“Me And Michael”, “James”) con una naturalidad absoluta. El sueño de cualquier grupo de pop con ganas de transcender en el pop de masas y no morir en el intento. Aquí se dan la mano 10cc, Fleetwood Mac y el sunshine pop (ojo a “Hand It Over”), con Captain Beefheart, Roky Erickson y Wire. Esa doble naturaleza se refleja en la mayoría de temas: una colección de diez canciones para salir de la depresión. “Estoy de acuerdo”, dice VanWyngarden, “y además hay un elemento personal en ellas. La intención era coger momentos oscuros, depresivos o que vienen de la ansiedad, y contraponerlos con elementos y melodías alegres, consiguiendo así una sensación de positividad”. El músico de Misuri, cerebro de MGMT (firma todas las letras en solitario y compone la música a pachas con Goldwasser), se anima y resume en unas cuantas líneas como fue crear “Little Dark Age”. “Una de las claves de este disco es que Ben y yo hemos querido redescubrir la forma más divertida de trabajar y de crear música. Nos pasamos un año preparándolo, de 2016 a 2017. La meta aquí era hacer algo que fuera más inmediato y que conectara mejor y más rápido con la gente. Todo salió de forma muy natural y del hecho de trabajar deprisa y colaborar con mucha gente; algo que puso en marcha un montón de canales creativos y que nos permitió quitar presión y seriedad al proceso de composición y grabación. Hemos tratado de recuperar lo que hacíamos Ben y yo en la Universidad cuando empezamos: canciones juguetonas y ochenteras que podías tararear a la primera. Fue tan simple como eso y decir: ¿por qué no volvemos a hacerlo?”.

“Little Dark Age”, título que hace referencia al estado actual de las cosas pero que al mismo tiempo quita hierro al asunto (“es solamente una pequeña época oscura”), llega en uno de los momentos más tenebrosos para los Estados Unidos con la llegada de Donald Trump y sus políticas ultraconservadoras. Justo a la vez, MGMT sacan su disco más bailable y más positivo. ¿Es una forma de protesta? “Sí, de alguna manera lo es. No queremos vivir en esa mentalidad extraña e inhumana en la que, actualmente, parece que estamos obligados a adivinar cuál será la próxima cosa terrible que va a pasar, algo que a la vez crea más cosas malas. Nuestro tercer disco fue el más oscuro, estaba dominado por emociones como la paranoia y la desesperación; era un trabajo que no estaba hecho para llegar a la gente. “Little Dark Age” se fraguó durante el proceso de elección de Donald Trump, algo que vivimos como la mayoría de los estadounidenses. Sentimos que nos manipulaban, que jugaban con nuestras mentes y emociones. Una buena manera de romper ese control y ese círculo vicioso es reír, bailar y pasarlo bien. No te tienes que sentir mal por eso”, finaliza VanWyngarden esta vez con una sonrisa de niño travieso. Y apostilla: “En este disco no hemos querido dar mensajes oscuros o cínicos. Solamente hacer canciones que unan a la gente”. En relación a esto último, uno de los leitmotivs de “Little Dark Age” es la ilusión de comunicación que generan las redes sociales y los avances tecnológicos. “Una de las cosas que hemos aprendido con las últimas elecciones estadounidenses es que esa sensación que da Internet de que todos estamos conectados, de que eres parte algo, es en realidad una ilusión. Lo que hace es aislar aún más a las personas. Queremos animar a la gente a que se cuestione las cosas y a que se vean en persona, a que conecten en la vida real”. “Eso sí, que quede claro: no somos anti tecnología”, remata VanWyngarden riendo de nuevo al otro lado de la línea.