“Me inspiro en el ruido y en el caos”
Entrevistas / Filastine

“Me inspiro en el ruido y en el caos”

Yeray S. Iborra — hace 5 años
Fotógrafo — Archivo

Trotamundos; hombre de causas múltiples; siempre dispuesto a arrimar el codo. Así es Grey Filastine, neoyorquino afincado en Barcelona que vive entre el audiovisual (videos de guerrilla) y la música (bass music, electrónica fina): dos armas para el cambio social. Todo esto y más en “Aphasia”, su nuevo EP.

Empecemos por el principio: ¿Por qué “Aphasia”?

‘Aphasia’ es la condición en la que los humanos pierden la habilidad de entender símbolos; todas las formas de los lenguajes aún siendo, por otro lado, muy dotado, muy inteligente. Es la versión médica de “quedarse sin palabras”.

¿Qué idea global, ‘leit motiv’, transmiten las canciones de este EP?

Las cuatro canciones tiene ‘feelings’ e intenciones diferentes, que podrían ser descritas mejor por un periodista que por el propio autor, por lo que me remitiré a los hechos: “Requiem 432” habla sobre la conexión entre la vida y la muerte, con un video que explora dicha relación. Por otro lado, Los drones anduvieron por mi cabeza durante todo el álbum, el sonido de sus motores puede escucharse por ejemplo en “Drone silences” y verse en la imagen de portada, que es un drone ‘Reaper’ pintado en estilo ‘truck art’ pakistaní por una artista nacida allí: Mahwish Chishty.

Tu horizonte creativo es amplio y difícilmente predecible, sobre todo en cuanto al beat, ¿intentas delimitar tu universo o lo dejas expandirse sin más?

Si el beat tiene mucho peso es, básicamente, porque soy batería y tengo más herramientas rítmicas que capacidades melódicas. Y, honestamente, no soy demasiado fan del eclecticismo. Para mi esta palabra simboliza el interés superficial, una losa para la comprensión. Y, aunque tengo oídos voraces, que siempre quieren escuchar cosas nuevas para incorporarlas a las producciones, trato de estar siempre cerca de lo que ‘soy’ con Filastine; encontrando conexiones entre la música tradicional y los beats contemporáneos, haciéndolo con la máxima precisión posible…

¿Son las imágenes las que visten tus temas o las canciones las que acompañan a tus audiovisuales? ¿Dónde está el equilibrio?

Es bidireccional. En el caso del último tema y video (“Requiem 432”), teníamos una maqueta cuando fuimos a rodar –dejando, eso sí, cierto espacio a las sensaciones del momento–. Quería que el rodaje determinara la forma de la canción ya que sabíamos que era muy difícil filmar… Rodamos en una necrópolis, City of the Dead, ocupada en El Cairo, un sitio complicado para hacer un videoclip en cualquier momento, pero más con la situación actual de Egipto. Esencialmente, podría decir que siempre he hecho música como banda sonora de algo.

Eres una persona que ha viajado y cosechado allí donde ha estado, ¿a qué lugares remiten las sonoridades del disco?

Grabamos las voces de “Aphasia” en Estambul durante el levantamiento allí, puedes escuchar las granadas de gas de fondo, así como algunas explosiones y tiros en “Sixty Cycle Drum”. Nuestra estancia en El Cairo se oye y se ve en “Requiem 432”, como he dicho. Unas pocas de las canciones, “Murka” por ejemplo, usa la afinación pentatónica de Indonesia, aunque esto no es nada nuevo en mi música, pues he trabajado con sonidos indonesios des de mi primer álbum. Aunque sea sutil, el hecho de finalizar y mezclar todo en Barcelona también ha dejado su huella.

He leído que eres profesor de arte y activismo medioambiental, que intentas combatir el sistema des de dentro.

Lamentablemente no soy profe ni tengo doctorado. A veces doy alguna clase o presentación.

Sea como sea, ¿cómo pueden estas composiciones movilizar (o dinamitar, como tu prefieras) a la población? ¿Toda creación es, aunque sea por reaccionaria, política?

Yo no diría reaccionaria, sino complaciente o posiblemente naíf. Pensando sobre ello… Sólo un pequeño porcentaje de la humanidad tiene el privilegio de subirse a un escenario (o ser entrevistado para una revista). Nosotros, los que estamos involucrados en las industrias culturales, tenemos un poderoso megáfono que amplifica nuestras opiniones, que interviene en los consensos, en la realidad.

¿Qué relación debe tener la creación con lo social, con lo político, pues?

Aunque el proyecto de Filastine es reconociblemente político, la música no. Es, habitualmente, instrumental, y cuando hay letras no son eslóganes revolucionarios. La política la encontramos en cómo funcionamos, cómo intentamos ‘hackear’ a la industria cultural, actuando con una filosofía ‘Do it yourself’, más cercana al punk que a la música electrónica. Somos más explícitos en el trabajo con video, pero bueno, esto es ‘MondoSonoro’, sigamos hablando sobre sonido…

¿No van tus mensajes a un segmento de público muy concreto por su complejidad?

Me gustaría hacer canciones pop para seducir a un público más amplio pero no sé nada sobre música pop. La capacidad de cualquier música para construir nueva música está limitada a la suma del total de su experiencia con el sonido. Sólo los músicos que escuchan música pop pueden desarrollar música pop. Raramente me inspiro en la música en sí. Es más, diría, yo apenas me inspiro en la música, sino el ruido que hay entre nosotros; todo el caos, la disonancia, la belleza y la tensión que nos rodea… ¡Vivimos en un fantástico y jodidamente complejo mundo! Nuevas mega-ciudades crecen como setas, estamos híper-conectados y distraídos por avalanchas de información, nuestras vidas están regidas por un nuevo fundamentalismo fruto de la falta de ética del capitalismo tardío. Es un increíble y abrumador tiempo de mierda para estar vivo. Intento hacer una música que refleje todo eso. Claramente, no tiene que ser fácil escucharlo.

¿Qué planes tienes para el directo u otros proyectos en los próximos meses?

Hemos invertido este año trabajando en un nuevo live visual performántico llamado “4rray”, del que estrenamos una versión en el pasado BAM (La Mercè). Ahora llevamos el nuevo show de gira por Asia, el Pacífico, con paradas por Indonesia, Australia, Nueva Zelanda… Cuando estamos de gira sólo dedicamos una pequeña parte del tiempo a los bolos en sí, dejando mucho tiempo para componer, colaborar, o hacer videos. Espero volver de Oceanía hacia la primavera con nuevo trabajo que compartir.

¿Y qué hay de tocar aquí?

Veremos si tocamos en España en 2015. Irónicamente decidí vivir en Catalunya para estar fuera de la hegemonía anglo-americana pero la escena musical española es profundamente anglófila, por lo que no acabamos tocando por aquí muy a menudo.

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