El tiempo va pasando y Los Punsetes continúan su progresión ascendente. “Una montaña es una montaña” es su colección más compensada de canciones, beneficiadas de un trabajo ejemplar de producción de El Guincho, que no hace sino llevar su propuesta un paso más adelante.

Para desespero de los talibanes del lo-fi y del “la-maqueta-era-mejor”, Los Punsetes no dejan de asumir riesgos a medida que se hacen más grandes. Ya con “LP2” se conjuraron para que el disco resultara algo más variado que su debut en largo, y al poco se dejaron meter mano por Esplendor Geométrico o Hidrogenesse en su inopinado vinilo de doce pulgadas de remezclas. Para ser sincero, nunca me convenció el remix en clave tropicalista de “Tus amigos”, y tenía ciertas reservas con la elección de El Guincho como productor de “Una montaña es una montaña”. Falsa alarma. Se podrá debatir si estamos ante su mejor disco -a mí no me cabe duda de que sí-, pero creo que nadie puede discutir que el trabajo de producción ha ayudado a que las canciones suenen más limpias, sofisticadas y potentes que nunca. La primera en la frente, por listo. (Jorge) “Estamos mucho más cerca de lo que parece. Hay una especie de prejuicio equivocado, y es que El Guincho sólo escucha música electrónica y rap. Es una idea que se repite mucho, pero que se desmonta en dos conversaciones”. (Manu) “La percepción que se tiene de Pablo proviene exclusivamente de su trabajo como El Guincho, pero lo cierto es que como productor tiene una gran capacidad de hacerse entender y entender el trabajo de los demás de la que nos hemos beneficiado. Espero que este disco, y lo siguiente que haga, le sirva para quitarse de encima el prejuicio de que cuando produce algo tiene que ser necesariamente rollo tropical”. Tras unas cuantas escuchas on repeat, uno tiene la sensación de que si la segunda entrega de la banda recogía la esencia del grupo en directo a costa de sacrificar arreglos, “Una montaña es una montaña” es un disco de estudio con todas las de la ley, fruto de largas horas de mejora, retoque y procesamiento de voces e instrumentos. Pero el grupo defiende a capa y espada la producción de David Rodríguez para “LP2”. (Gonzalo) “Tienes que tener en cuenta que las canciones estaban muchísimo más cerradas en esta ocasión. David se topó con un material, en general, más bruto. Su trabajo de producción fue cojonudo, pero se encontró con determinados handicaps. Dos canciones, de hecho, las terminó prácticamente él”. (Manu) “Pablo tenía una idea más global desde el principio hasta el final de cómo quería hacer las cosas. David en la parte técnica se mete poco”. “Una montaña es una montaña” es un disco más trabajado, como quería el productor. (Ariadna) “En este disco se han incorporado después del trabajo en el local texturas de los que carecía el anterior disco”. El deseo de cambio no implica necesariamente renunciar al pasado o perderse en reinvenciones poco creíbles. Que nadie espere la electrónica de tío de la cabra de los últimos Dover. El inconfundible toque Punsetes, plasmado en nuevos clásicos instantáneos de su trayectoria como “Tráfico de órganos de iglesia” o “155”, no se ha perdido. Siguen sonando igual de guitarreros y encabronados, sólo que nunca han sonado tan bien. (Manu) “Habíamos empezado ya a trabajar con teclados en el local y nuestra idea de abrirnos más a otros sonidos coincidía con lo que pensaba Pablo. Pero somos bastante homogéneos y conservadores. Es el mismo grupo de una manera muy reconocible, aunque suene de manera diferente”.

Los deberes ya estaban bien hechos cuando el grupo se metió al “sótano de dios”, como han bautizado al estudio, integrado en la mansión de una productora audiovisual evangélica estadounidense, donde grabaron. (Manu) “Tengo la sensación de que hemos trabajado mucho más en este disco. Ha sido un currazo loco, no tanto porque la grabación haya sido mucho más larga, sino por las mezclas, la preparación del directo, etcétera”. (Gonzalo) “Se mandaban mails a las cinco de la mañana, y lo peor es que se contestaban”. (Jorge) “La base de la grabación fue relativamente rápida, pero luego ha habido un trabajo de capas un poco largo”.
La manida pregunta sobre la Ley Sinde-Wert, comodín inagotable durante años para entrevistadores sin demasiado tiempo o ganas de preparar el cuestionario, ha sido sustituida últimamente por la ansiedad de buscar lecturas políticas hasta en las letras de Los Cantajuegos. A Los Punsetes se les ha ocurrido bautizar uno de sus nuevos temas como “Los tecnócratas” -escrita hace tiempo, por cierto-, y claro, ya está liada. (Jorge) “La inspiración de la letra no estuvo dictada por la actualidad del momento. Que la canción se pudiera entender en ese sentido me tiraba un poco para atrás al principio”. (Chema) “Está bien que a la gente le pongan un megáfono y diga cosas sobre la actualidad, pero estaría mejor que la gente que dice cosas sobre la actualidad tenga algo relevante que decir, y no sólo porque se crea que tiene que decir algo porque sí. No vale sumarse a la masa para repetir las mismas chorradas que dice todo el mundo. Se echan en falta opiniones que no caigan en los mismos clichés, obviedades y chuminadas de siempre”.

El sentido del humor de Los Punsetes, que tiende a trivializar la tragedia y tomarse a chacota la adversidad, sigue bien presente en unas letras que carecen de significados ocultos o lecturas entre líneas. (Manu) “Hay cierta costumbre de interpretar los textos, para buscarles un sentido concreto a las cosas, que no deja de ser el que tú quieres buscarlo. En nuestro caso ni somos irónicos ni utilizamos doble sentidos. No jugamos a eso”. Todo sea dicho, el asunto de las letras no suele ser motivo de disputas en el seno de Los Punsetes. Más polvareda levantan las colas de ruido “gratuitas e innecesarias” o el empleo de guitarras acústicas. Toca buscar puntos de encuentro, como ellos mismos dejan claro en una conversación en la que nadie se erige en portavoz ni, menos mal, hay un discurso promocional memorizado. Para empezar, la elección del primer single, “Alférez provisional”, no gustó a todos por igual. (Ariadna) “Se barajaron otras dos opciones: ‘155’ y ‘Un corte limpio’. Al final, se resolvió por votación”. (Gonzalo) “Hubo bastante drama de por medio. Yo estaba convencido de que ‘Alférez provisional’ no debía ser el primer single. Hay un cambio de rumbo en el sonido del grupo, en la producción, en unas canciones que habían madurado, que no se refleja en el tema. Por otra parte, sabía que muchos despistados iban a decir que sonaba a Los Planetas”. Tampoco despierta consenso “John Cage”, energético tema de cierre que ejerce de contraste a los crescendos emotivos de “Paraíso” y “Flora y fauna”, pero también al mantra que cierra el disco: “John Cage te recomienda estarte quieto”. (Jorge) “El disco está, más o menos, ordenado en función de las letras. Así lo veo yo, aunque me gusta que las canciones no tengan significado único, igual que el orden del disco. Hay algunas que plantean un conflicto, otra en medio más livianas, y otras que lo resuelven, como es el caso. La letra está sacada del libro ‘Silencio’, del propio John Cage, que entre otras cosas dice que cuando quieres que algo cambie, no hagas nada tú. Las cosas cambian solas”. (Gonzalo) “Yo tengo un voto particular. ‘Malas tierras’ plantea una solución al posible relato que pudiera tener el disco. Es la constatación del mundo de mierda en el que vivimos y del que va a ser difícil salir. ‘John Cage’ la veo como una moraleja”. (Jorge) “Sí, es una moraleja positiva. Lo bueno es que no es suficientemente clara”.