Treinta y tres minutos es lo que necesitaron The Vaccines para enloquecernos con “What Did You Expect From The Vaccines”. Tras dos años de girar sin parar, se enfrentan al abismo, o lo que es lo mismo, a “Come Of Age”, un segundo álbum con las energías casi drenadas.

En el barrio más cool de Londres, en un pasaje casi escondido quedamos con The Vaccines en los estudios de grabación del Strongroom. Minutos antes, hemos podido escuchar más de la mitad del que será su nuevo disco, “Come Of Age”, que verá la luz el 3 de septiembre en todo el mundo. Pete Robertson, batería del grupo, apura un cigarrillo y confiesa que estos días su vida pasa igual de rápido que esa última calada. “Estamos agotados, llevamos ocho semanas sin tener ni un día libre y ya no podemos más”, asegura. Subo las escaleras tras él y nos encontramos a Freddy Cowan (guitarrista), dando vueltas en la habitación mientras habla por teléfono sobre la última mezcla que han entregado esta mañana, una de las canciones que hemos escuchado. Durante los últimos meses han actuado en los festivales más importantes de medio mundo y estado de gira por Australia, China o Estados Unidos. Aún así, han tenido tiempo para escribir su nuevo largo. “¿Cómo lo hemos hecho? Sacrificando nuestro bienestar. ¡Posiblemente seamos la banda más currante del maldito planeta!”, asegura Cowan mientras hunde la cara entre sus manos. “Nos estamos volviendo un poco locos, pero estamos en el lugar en el que queríamos estar y lo daremos todo hasta el final”. Ante su dramática descripción, cuesta creer que en estos frenéticos meses no hayan vivido también buenos momentos. Ambos se afañan en desmentir que sean unos lloricas. (Cowan) “Cuando lees una entrevista en la que un grupo se queja de que están cansados piensas: ‘venga tío, estás en una banda de rock, tiene que ser genial…’. Ahora entendemos a todos los que pasan por estos momentos complicados. Me levanto cada mañana y me pregunto: ¿Vale la pena? ¿Lo estamos haciendo bien?”. (Robertson) “No insistas Freddy, Marta no es nada empática con nuestra situación”. ¿Cómo serlo cuando son los chicos de moda, la prensa y el público les alaba y han firmado un debut infeccioso que muchos ya querrían? (Cowan) “Tener que ser creativo es lo más agotador del mundo. Te puedes sentar ocho horas delante de un ordenador, o incluso hacer trabajos físicos, pero no hay nada que te deje más echo polvo que intentar sacar algo de ti”. (Robertson) “Grabas un disco que estará ahí para siempre, así que te replanteas qué quieres compartir con el mundo”. Ese esfuerzo se traduce en once canciones, que se alejan del espíritu y del minutaje punk de “What Did You…”, pero sin marcar grandes distancias. Como si madurar significara no poder firmar más temas de un minuto que aparentemente tratan sobre nada.

En “Come Of Age” continúan las letras sobre hacerse mayor (“No Hope”), ser un don nadie (“Teenage Icon”) o los problemas del corazón (“After Shave Ocean”), y son visibles las influencias del pop enérgico y los grupos de chicas. “Cuando grabamos por primera vez, tenía tres o cuatro discos con los que estaba obsesionado y se nota. Ahora no he escuchado nada. Es un disco introspectivo, influenciado por nosotros mismos”, asegura Freddy. También dicen adiós a las guitarras cargadas de reverb, haciendo despuntar mucho más las armonías vocales y los coros. Pero que nadie se alarme, porque lo que se avecina promete y es de rápida absorción. El disco ha sido grabado en Bélgica junto al músico y productor Ethan Johns. (Robertson) “Sacamos un globo del mundo y con el dedo descartamos los lugares que no nos convenían, tipo Los Angeles, etcétera. Y ¡boom! Ahí estaba [Bélgica]. Tienen un estudio estupendo y un equipo vintage que pudimos usar”. Y además contaron con más tiempo y dinero para grabar su segundo esfuerzo. (Cowan) “El dinero poco tiene que ver con la calidad del disco, hasta cierta medida. Ethan ni siquiera es el productor más caro que hay. Circula la leyenda que grabamos ‘What Did You…’ en cuatro días. Al periodista no le pareció que dos semanas fuera digno de un titular, así que empezó a recortar”. (Robertson) “Claro, porque diez días no vende. Mejor escribe que lo hicimos en dos días”. (Cowan) “¡En dos horas! Entre la comida”. (Robertson) “De hecho, el disco no lo hemos grabado todavía, lo imaginamos todo”.

Pete juega con mi anillo y Freddy nos cuenta que tiene un cenicero de la misma artista que su madrastra colombiana le regaló. ¿Tendrá su hermano Horror otro igual? Mejor no lo interrumpimos. Lo examina con cuidado como si no importara ni el coche que les espera abajo, ni el secret show de esta noche ni su actuación en Isle Of Wight en dos días. ¿Estarán The Vaccines asustados por las altas expectativas? (Cowan) “¿Por qué debería preocuparme lo que piense la gente? ¿Qué te aporta de bueno? No me importa una mierda. Alguien puede odiar a una banda por cualquier motivo, musical o extramusical, y puedes perder la cabeza intentando buscar las razones”. Tras un prepotente desliz, no deberían olvidar que esa gente es la que va a los conciertos y compra sus discos. Aunque el guitarrista sigue en sus trece. “La única presión que tenemos es la que sufrimos en una sesión de estudio; cada vez que les miras a ellos a la cara [señalando a Pete] y tienes que demostrar que eres un buen músico y que puedes seguirles el ritmo, tanto si es así, como si no. Ahora me explico por qué algunas bandas se tiran a las drogas o al alcohol, o por qué motivos se pelean y se separan. Nuestra amistad también está sufriendo, todavía no sé si para bien o para mal”. (Robertson) “Es un juego de deconstruirse, para luego llegar a un punto mejor. Y que quede clarísimo que no lo hacemos para satisfacer las expectativas de nadie más. Es nuestro proceso artístico”. (Cowan): “Al final, lo que me mantiene en vilo por las noches es el miedo a ser un grupo malo”. Cuando les has visto en directo, conoces sus videoclips y miras las fotos en las que aparecen, puedes pensar que tanta inseguridad forma parte más de un discurso de márketing que de la realidad. Guitarrista y batería se miran y lo niegan con vehemencia. (Cowan) “Sería ridículo que nos sintiéramos como estrellas del rock. ¿Te imaginas cantar en tu primer disco algo tipo: ‘joder, no me siento suficientemente famoso’?”. Y Freddy no tarda en confesar que “hemos tenido teloneros con egos más grandes que los nuestros y que se han comportado como capullos”.

A lo largo de esta entrevista, The Vaccines muestran las dos caras de una misma moneda, aunque todavía no lo sepan. Su discurso desprende entusiasmo, una fuerte creencia en lo que hacen, agotamiento y dosis de testosterona. Pasaron la fase del hype y aseguran, con irreverencia juvenil, que tienen poco o nada que ver con la mayoría de sus compañeros contemporáneos. (Cowan) “Hay un montón de bandas hoy en día que creo que apuñalan la música, pero claro, esa es mi opinión y no soy nadie para decirles que lo dejen”. (Robertson) “Enchufas la radio y te encuentras baterías perfectas, cuadradas al milímetro y el cantante ni desentona lo más mínimo. ¿A quién se creen que engañan? Si hay algo de lo que estoy orgulloso de The Vaccines, es de que no somos perfectos. Escucha el ritmo, va fluctuando, y Justin pierde el tono. Espero inspirar a otras bandas a ser honestos consigo mismos y no entrar en este juego”. (Cowan) “En unos años, escucharemos toda estos grupos de rock que tiran de Auto-tune y serás capaz de identificar de qué década eran, como lo haces con los grupos ochenteros, porque todos suenan igual. Y lo oirás y te va a parecer rídiculo. A The Vaccines no nos pasará”.