Después de publicar cinco LPs en 2017, la formación australiana King Gizzard & The Lizard Wizard se alejó en 2018 del estudio de grabación, intentando asimilar todo lo que les había ocurrido en los últimos meses. A pesar de este frenético ritmo compositivo fueron capaces de aguantar el tipo de buena forma ofreciéndonos referencias de lo más variadas entre sí, dejando constancia de su manera de entender la música de guitarras como algo totalmente expansivo y amoldable a cualquier influencia posible. Parece difícil que en cada trabajo que pasa nos puedan ofrecer algo novedoso, sin embargo en su nueva referencia ”Fishing for Fishies (ATO Records/[PIAS]) publicada en este mes de abril, la banda encuentra la frescura precisa a la par de realizar un nuevo ejercicio de experimentación a través de lo que ellos consideran una línea blues y boogie. En la previa a la publicación de este nuevo disco, entrevistamos a Stu Mackenzie para preguntarle no sólo sobre estas recientes composiciones, sino también por el agotador pasado inmediato del grupo.


Cuando anunciasteis vuestro trabajo ”Fishing for Fishies comentasteis que en principio estaba concebido como un disco de blues, algo que se muestra de manera bastante clara en canciones como ‘Boogieman Sam’. ¿Piensas que el resultado final se acerca bastante a estos sonidos u al final os alejasteis bastante de ellos?
Realmente no recuerdo si cuando nos pusimos a componer teníamos de forma clara este objetivo en mente, o si nos queríamos acercar a un género concreto. Tampoco sé muy bien si el resultado final se acerca de lleno a los rasgos blues o boogie, ya que cuando trabajamos los temas nos pasa siempre que acaban creciendo en direcciones muy diferentes. Lo que sí que ocurre es que en esta ocasión pasamos mucho tiempo diseñando los arreglos de los temas, regrabando guitarras y añadiendo muchos teclados, algo que al final modifica bastante el carácter del disco ya que las ideas van surgiendo diferentes períodos de tiempo. Sí que para mí, en algún punto de la composición del disco, sentí como la forma de acercarme a los temas se encontraba bastante cercana al espíritu del blues, de ahí que surgiese esta descripción.

Algo que me llama también bastante la atención es la forma en la que habéis utilizado los sintetizadores en esta ocasión, acercándoos a un sonido más robótico por momentos, pero con muchos matices y melodías capaces de convivir al mismo tiempo. ¿Dedicasteis mucho tiempo en esta ocasión para experimentar con estos elementos?
Realmente creo que en este disco experimentamos a fondo las posibilidades que iban surgiendo de las canciones, no solo a nivel de sintetizadores sino también en el resto. Un poco a lo que te comentaba antes, los momentos en los que sentía que estábamos trabajando sobre una línea más blues o boogie, se iban disolviendo en otras muchas cosas a medida que íbamos trabajando, sobre todo los teclados. La sensación final que tengo cuando terminamos este nuevo disco es que cada canción había sido en sí misma un experimento, recomponiendo algunas desde el principio y dejando que fuesen los propios temas los que nos condujesen a nosotros. Se puede decir que estas composiciones suenan entre sí bastante libres.

“La sensación final que tengo cuando terminamos este nuevo disco es que cada canción había sido en sí un experimento”

Hablando más sobre sensaciones, la primera vez que escuché este trabajo me recordó en algunos puntos a vuestro ‘Paper Mâché Dream Ballon’ debido a los ambientes tan despreocupados que habéis logrado y sonidos como la melódica que se asocian siempre al mundo rural o las canciones de granja. ¿Creéis que esta influencia propia de todo aquello que tenemos asociado musicalmente al mundo rural está más o menos presente en los temas?
Lo que ocurrió en Paper Mâché Dream Ballon‘ es que precisamente lo grabamos en la granja de mis padres, el sitio más rural que te puedas imaginar, con sus caballos, vacas y este tipo de animales domésticos. Al final todos nosotros hemos crecido en ciudades pequeñas, estando muy cerca siempre del campo y de toda la vida que se puede hacer allí cuando eres joven. Luego hemos acabado en Melbourne que es algo muy diferente, pero sin lugar a dudas nuestro lugar de origen siempre nos ha marcado. Aunque no seamos muy conscientes de ello, el contacto con la naturaleza y toda la cultura asociada al mundo rural es algo que acaba calando. Es difícil de explicar de forma concreta, pero sí que creo que es una característica que al final se acaba colando en nuestras composiciones, estando de nuevo en este disco presente a su forma.

Otro aspecto llamativo es cómo la palabra boogie aparece a lo largo del disco, incluso colándose en el título de varias canciones como ‘Boogieman Sam’, ‘Plastic Boogie’ o la final ‘Cyboogie.’ ¿De alguna forma este es vuestro homenaje o muestra de admiración hacia los artistas más identificativos de este estilo?

Cuando estábamos grabando realmente no sé cómo llegamos a meternos en el ambiente propio de este género. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de que los temas tenían un hilo conductor basado en los ritmos próximos a los del swing, sin tener ningún origen aparente. En algún momento surgió propiamente la palabra “boogie”, debido a todo lo que nos estaban sugiriendo los temas, así que decidimos que se acabase colando en el título de las canciones. Es curioso cómo estas cosas pasan y al final acaban siendo una parte muy visible del disco sin saber realmente de dónde ha surgido todo.

Es curioso cómo en cada disco os seguís abriendo a estilos de lo más diversos, a pesar de que ya habéis experimentado un montón. Sin ir más lejos, también os acercasteis en el disco grabado junto a ‘Mild High Club’ a una cara de pop más narcótico que podría conectar con todo lo boogie de este último. ¿Creéis que trabajar con este grupo fue algo muy significativo de vuestra carrera?
Fue curioso porque conocimos a Mild High Club cuando giramos por Estados Unidos con ellos, en un tour bastante largo. Sinceramente ninguna de las dos bandas intuíamos al principio que podría surgir un trabajo colaborativo. Luego en 2016 los invitamos a tocar en el festival que nosotros organizamos aquí en Australia, el Gizzfest, y Alex se quedó en mi casa unas cuantas semanas, surgiendo todo ello. Durante unos cuantos días fuimos haciendo sesiones de improvisación y nos fuimos dando cuenta de que algo estaba conectando. Poco tiempo después acabó surgiendo nuestro disco conjunto, recordando el proceso de grabación como una de las experiencias de este tipo más amenas y disfrutables que hemos llevado a cabo. Trabajamos ambos con un montón de libertad, algo que justamente me recuerda bastante al proceso de grabación de ‘Fishing for Fishies. Algunas de las cosas que más me gustaron es que él se fijaba en aspectos que nosotros dejábamos pasar de largo a la hora de realizar los arreglos de los temas. Así fue como nuestra mayor aproximación al pop que ellos hacen tenía que ser compartida con el resto del mundo.

Este disco llega después de vuestro prolífico año 2017 en el que llegasteis a publicar hasta cinco trabajos. Uno de ellos como fue ‘Polygondwanaland’ fue publicado de una forma sin precedentes, cediendo vuestras pistas de forma totalmente libre para que cualquier aficionado o discográficas pequeñas pudiesen editarlo como más les gustase. ¿A esta decisión le distéis muchas vueltas o más bien fue algo impulsivo?
Aunque resulte nuestro pasado inmediato, creo que éramos mucho más inexpertos que ahora. El hecho de grabar tantas canciones en un año hizo que tampoco pensásemos mucho las decisiones que tomábamos ni sus consecuencias. Parecía que esta era una decisión errónea porque a simple vista estábamos perdiendo dinero, pero al mismo tiempo en un año tan ajetreado también queríamos ofrecer algo gratis a nuestros fans que compraban discos, nos apoyaban e iban a nuestros conciertos. Era algo así como sentir una responsabilidad. Todo estaba ocurriendo muy rápido alrededor de nosotros, y este disco fue una buena muestra de ello. Las letras, e incluso cada punteo que introducíamos de guitarra, iban llegando a nuestra cabeza de una forma muy espontánea e intuitiva. Quizás también por ello decidimos que este tenía que ser el disco que publicásemos de forma gratuita.

Referido al final de este año tan frenético, después de que publicasteis el día de Nochevieja Gumboot Soup ¿decidisteis alejaros por un tiempo de la composición de temas o la inercia del propio ritmo compositivo que llevábais os empujo a no parar del todo la máquina?
Realmente después de publicar ‘Gumboot Soup’ no estábamos preocupados por tener nuevas ideas acerca de componer temas. Todo lo que dio de sí el 2017 fue tan agotador que una vez que tomamos perspectiva de lo que había ocurrido pensábamos que por el momento estaba bien dejar asentar estos discos y no pensar en nada nuevo. Estábamos muy conformes con todo el trabajo realizado, por lo que queríamos que el próximo disco surgiese desde una mayor calma. No fue hasta que se acercaba el final del año pasado cuando Fishing for Fishies surgía realmente como un nuevo trabajo de la banda, contando con todo el tiempo del mundo para saber qué es lo que queríamos lograr en las nuevas canciones. Desde luego no queremos volver a vernos involucrados en todo el frenesí con el que vivimos el 2017, aunque en su momento lo percibimos como algo que podíamos manejar.

“Aunque no seamos muy conscientes de ello, el contacto con la naturaleza y toda la cultura asociada al mundo rural es algo que acaba calando”

Refiriéndonos de nuevo a esta etapa, siempre me he preguntado si alguna de las canciones que apareció en estos discos estaba diseñada para aparecer en otro. ¿Las circunstancias de componer y grabar tan rápido os empujaron a que esto ocurriese?
Sí, totalmente. Al final ocurrió que en algunos momentos de aquel año teníamos muchas canciones que no acababan de encajarnos del todo con el estado de ánimo que se reflejaba en el disco que íbamos a sacar. Por ello les dábamos una vuelta o tomábamos algunas partes de ella para lograr que acabasen de cuadrarnos del todo e introducirlas en el álbum más conveniente.

Sinceramente, creo que aunque en vuestros discos siempre hay una gran variedad de canciones, alguien que medianamente siga al grupo podría escuchar una canción y asociarla de buena forma al disco al que pertenece, ya que al final los temas que introducís en una referencia se muestran bastante coherentes entre sí. ¿Desde dentro lo percibes de la misma forma?
En particular a mí me gustan los discos que se muestren un poco como una secuencia, donde cada canción muestre ciertas conexiones con el resto del disco para que te vayas quedando con cosas importantes que la banda quiere transmitir. En nuestro caso, creo que todo esto ocurre de una forma bastante natural, midiendo siempre un poco lo que sugieren los temas y como los tenemos que disponer a lo largo de un disco. Algunas canciones se mueven en ambientes más desenfadados o divertidos por lo que tendemos agruparlas, mientras que las que resultan bastante opuestas tratamos de separarlas de este grupo. Volviendo un poco a la pregunta, creo que en nuestro caso sí que resulta fácil diferenciar las canciones según nuestros discos, no solo por la relación que guardan en cuanto a su sonido sino también a través de lo que acaban transmitiendo.

Entrando ahora en otro apartado importante de la banda como son vuestros directos, siempre ofrecéis conciertos donde exhibís toda la intensidad y el vuestros temas más frenéticos. ¿Alguna vez os habéis planteado lograr un setlist más equilibrado intercalando temas de revoluciones más bajas?
Sí, totalmente es algo que hemos pensado mucho últimamente. Creo que nuestros directos siempre resultan tan entregados porque pensamos que la gente viene siempre a disfrutar lo más parecido a un espectáculo de rock, con toda la energía que ello conlleva. También considero que nos lo pasamos muy bien ofreciendo directos de esta forma, intentando concentrar nuestra faceta más directa y descontrolada. Lo que sinceramente veo bastante realista es ampliar en la medida de lo posible los conciertos con dos o tres canciones más donde podamos introducir temas menos habituales y relacionados con alcanzar un lado más sereno.

Para ir rematando. Habéis tocado en varias ocasiones en nuestro país, la última en el Bilbao BBK Live, regresando de nuevo pasado el verano a Barcelona y Madrid. ¿Tenéis alguna anécdota memorable de estas visitas?
Recuerdo mucho cuando estuvimos en Madrid la última vez, nos perdimos en mitad de la nada y no sabíamos muy bien que hacer. También recuerdo que hacía muchísimo calor y que tuvimos que coger al menos cuatro taxis para llegar todos a tiempo al concierto. La parte positiva es que siempre nos hemos encontrado con un público muy entregado. Desde nuestras primeras visitas parece que la gente se vuelve muy loca en nuestros conciertos, algo que realmente hay veces que no nos pasa en todos los sitios. Por eso queremos disfrutar mucho más la próxima vez que vayamos a tu país.