Los catalanes Dulce Pájara de Juventud, entre los que encontramos a Bruno Banani de Fuckin’ Bollocks, no sólo han conseguido invocar en su debut la grandilocuencia cósmica de The Flaming Lips y Mercury Rev, sino que han propulsado sus influencias más allá del arcoíris.

Treinta y ocho minutos realmente intensos. Eso es el debut de Dulce Pájara de Juventud, banda catalana liderada por Bruno de Fuckin’ Bollocks y Ricard, su amigo de la infancia. “Nos conocemos desde pequeños y volvimos a coincidir en el instituto”, explica este último. “Xavi es el mayor del grupo. Lo conocía porque había tocado con mi hermano en un grupo”. Completa la banda Sarai, pero podrían ser cientos a juzgar por el tremendo chorro de electricidad que desprende un álbum que se inspira a partes iguales en la grandilocuencia de las sinfonías wagnerianas y la explosión psicodélica de The Flaming Lips. “Concebimos el disco como una sesión, inspirándonos en la música clásica y las bandas sonoras. Para nosotros es como una sinfonía, con un hilo conductor que al final acaba explotando”. De ahí que la estructura de muchas canciones no responda a los patrones clásicos, “muchas ni siquiera tienen estrofa”, y que en cierto punto desaparezcan los límites entre temas y emerja algo que sólo puede ser descrito mediante la experiencia, un golpe de luz pura. “Sí, nuestros ensayos son más o menos igual. De hecho, me provocó un trauma acústico y tuve que ensayar durante meses con tapones en los oídos”. Tal es la contundencia de estas canciones que en B-Core no pudieron resistirse a publicarlas, a pesar de que cuando el grupo entró en el estudio la intención era grabar una maqueta con Santi García. “No queríamos seguir la corriente predominante ahora mismo en la escena, que va hacia una electrónica de paper maché”, sentencia Ricard. “Buscábamos atacar la estructura i manejar la intensidad”.