“Cada disco es como un desafío, como un viaje”
Entrevistas / Jonathan Wilson

“Cada disco es como un desafío, como un viaje”

Carlos Pérez de Ziriza — 26-03-2020
Fotógrafo — Archivo

Jonathan Wilson se ha dejado de experimentos, de exploraciones sónicas abigarradas y de paseos por la psicodelia y el rock progresivo. Como si hubiera querido irse al extremo opuesto por el que moraba “Rare Birds” (Bella Union/PIAS, 2018).

Su nueva maniobra es un disco de canciones orgánicas, fuertemente enraizadas – no solo, aunque sí en su mayoría – en la tradición country rock, grabado en Nashville junto a músicos de la ciudad y coproducido con su amigo Pat Sansone, de Wilco. Se llama “Dixie Blur (Bella Union/PIAS, 2020), y es la excusa perfecta para que nos atienda al teléfono desde su casa en California.

Da la impresión de que con ‘Rare Birds’ (2018) exprimiste un concepto del pop psicodélico y hasta progresivo que quizá no podía ir mucho más lejos, y con este álbum has vuelto a una forma más sencilla y también ortodoxa de hacer canciones. ¿Lo ves así?
Sí, es un enfoque más hacia las canciones en sí, es el cambio que necesitaba.

¿Crees que’Rare Birds’ (2018) era una apuesta que no te permitía ir más allá en ese camino?
Más que eso, lo que me preocupaba ahora es cómo podía ser más efectivo. También influye mucho el poderío de la banda con la que he grabado. Aquel era un disco más individualista.

“Pat (Sansone, Wilco) y yo somos amigos desde hace muchísimo tiempo, y él sabe exactamente cuáles eran las vibraciones, el feeling que esto requería”.

¿Es vedad que fue Steve Earle quien te animó a grabar en Nashville?
Sí, y fue por accidente. Coincidí con él en un show, en el que había un par de invitados hablando con él en el backstage, y le estuve comentando que no tenía muy claro qué hacer para mi siguiente disco. Él fue quien me recomendó ir a Nashville. No le di mucha importancia en aquel momento, pero de un modo u otro aquello se me quedó en la cabeza, y pensé que podría ser interesante. Y eso dio paso a todo lo demás.

Entiendo que el haber grabado en Nashville también es fundamental para entender el sonido del disco.
Sí, absolutamente.

Lo grabaste en los históricos estudios Cowboy Jack Clement’s Sound Emporium durante solo seis días. ¿Es lo más espontáneo que has grabado nunca?
Sí, seguro, porque las cosas se sucedían a un ritmo muy rápido. Las claves, los tempos, los ritmos… todo eso solo se puede hacer cuando estás trabajando con una banda al mismo tiempo, todo el rato. Cuando grabo solo, me puedo pasar días enteros trabajando en una misma canción, y es casi imposible cambiar determinadas cosas.

Mark O’ Connor, Kenny Vaughan, Dennis Crouch, Russ Pahl, Jim Hoke, Jon Radford y Drew Erickson son los músicos locales que formaron la banda. ¿Cómo fue? ¿Habías trabajado ya con alguno de ellos?
Con algunos de ellos, sí. Pero en realidad todo surgió cuando llamé a mi colega Pat Sansone, de Wilco, que está allí porque Nashville es su ciudad. Le comenté cuál era mi idea y le pareció estupenda, él me dijo que me podía guiar sobre con quién grabar, y en qué estudio. Pat y yo somos amigos desde hace muchísimo tiempo, y él sabe exactamente cuáles eran las vibraciones, el feeling que esto requería. Y la formación de la banda fue muy especial, no fue eso de decir “vamos a ver quién está en la ciudad para poder tocar”, no. Nos tomamos nuestro tiempo para dar con los músicos que formaban la combinación perfecta.

“El sonido de Laurel Canyon es simplemente una forma de ponerle cara a un nombre, a un sonido, y a mi me parece bien, no me molesta”.

Te iba precisamente a preguntar por Pat Sansone, porque él figura como coproductor en los créditos, y sabiendo que eres un productor de renombre, muy meticuloso, tengo curiosidad por saber cómo ha sido eso de trabajar por primera vez codo con codo con otro productor.
Es una de las pocas personas en las que confiaría para un trabajo así (risas). Somos amigos desde hace muchísimo tiempo, me entiende y entiende mis canciones, mi catálogo, mi familia… todo. Él y Jackson Browne son los únicos músicos en quienes confiaría para algo así.

Hace unos años entrevisté a Father John Misty y cuando le pregunté por la influencia del sonido de Laurel Canyon en sus discos se mosqueó bastante. ¿A ti también te pasa que estás un poco cansado de que te asocien con eso?
Es curioso, porque fueron los periodistas quienes hicieron que eso cobrara tanta popularidad, y en el momento en el que Josh (Tillman) y yo estábamos grabando al estilo Laurel Canyon, él ya se había ido de allí. Quizá por eso no le hizo demasiada gracia (risas). Pero sí, básicamente entiendo lo que significa, yo estaba allí y él al fin y al cabo es uno de los creadores de ese sonido, sea lo que signifique. Es simplemente una forma de ponerle cara a un nombre, a un sonido, y a mi me parece bien, no me molesta.

¿Es verdad que los sonidos más tradicionales que podemos escuchar en el álbum, aquellos más cercanos al country rock, te resultaban muy familiares cuando eras un crío? Te lo pregunto porque hace un par de años, en este mismo medio, reconocías que también escuchabas de niño a Peter Gabriel, Tears For Fears y Duran Duran, que fueron influyentes en la forma que cobró “Rare Birds”
Sí, es lo que sonaba cuando estaba en Carolina del Norte, de donde soy. Mis padres cantaban gospel, bluegrass, pero también escuchaban a los Beatles, ambas cosas estaban presentes. En esa época escuchábamos también por la radio a los grupos y músicos que mencionas, a Howard Jones y todos los artistas de los primeros tiempos de la MTV. Pero también oíamos cosas de los sesenta, y de gospel y bluegrass, que eran muy de la zona.

Lo que no cambia en ninguno de tus álbumes es la larga duración. Este se va a los 55 minutos, en la línea de los anteriores. Otra osadía en los tiempos que corren.
Sí, vivimos en la era del streaming, y además la capacidad de atención es más corta que una mosca, pero hacer un álbum no deja de ser como un desafío, un viaje, y creo que es la única forma de afrontarlo. Si al menos no lo intentas… mis discos suelen albergar doce o trece canciones, pero creo que son las esenciales para hacerte una idea completa de lo que quiero transmitir.

El último corte es “Korean Tea”, un rescate de tu primera banda, Musicadine, que has regrabado. ¿Por qué?
Una vez estuvimos trabajando en Nashville, surgió la idea de recuperarla, siempre había estado en mi cabeza, y teniendo los músicos que tenía a mi lado… la banda era increíble, era como “¿qué es lo que tengo?, no lo puedo desaprovechar”, es una canción preciosa y creo que aún suena estupendamente bien, lo cual no deja de ser sorprendente, teniendo en cuenta que es de hace como veinte años. Yo era un chaval entonces. El estribillo, las estrofas y la letra aguantan lo suficientemente bien el tipo como para poderlas cantar.

Has producido a Father John Misty, Roy Harper, Karen Elson… ¿es muy diferente hacerlo para ti mismo respecto a hacerlo para otros? ¿Son dos aspectos que interactúan?
En realidad, no, porque el objetivo final viene a ser el mismo. Una vez te plantas delante de un par de bafles, y mi trabajo es hacer un álbum, o una canción, estoy al cien por cien con ese objetivo en la mente, independientemente de si yo soy quien canta o es otra persona. Eso no cambia el proceso de intentar sacar lo mejor del material con el que trabajas. No separo ambas labores, las considero parte de lo mismo.

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