Amanece el otoño, como decía Machado, con la tierra mojada por las gotas del rocío. En las violetas montañas que protegen el valle de Arratia tenemos la oportunidad de entrevistar a Izaro Andres, quien presenta en unas pocas horas, en el Kafe Antzokia de Bilbao, su disco debut: “Om”. La joven cantautora de Mallabia no es solo una muestra más de la nouvelle vague de cantautoras que están apareciendo en los escenarios de Euskadi. Con una delicada y personal voz que acaricia a quien busca refugio, nos invita a compartir su intimidad a través de una poesía personal que canta al desasosiego. Un lamento al desamor que le ha servido como terapia y que podremos escuchar sobre los escenarios de todo el Estado.

Lo primero, antes de nada, felicitarte por tu primer trabajo y agradecerte, por parte del equipo de Zarata MondoSonoro, la accesibilidad y disposición para la entrevista.
Gracias a vosotros. El placer es mío.

Me gustaría comenzar hablando sobre el proceso creativo-personal que te ha llevado hasta aquí. Has tenido unos meses de mucho trabajo que han culminado en tu primer concierto sobre un escenario de un gran festival. Sin tiempo para asimilarlo, sale tu disco y lo presentas mañana en el Kafe Antzokia. Pudimos verte durante la última edición del Kutxa-Kultur de Donostia actuando junto a la famosa Montaña Suiza del Monte Igeldo. ¿En qué momento del viaje en esa Montaña Suiza te encuentras en este momento?
Pues diría que, ahora mismo, voy subiendo lentamente mientras escucho ese rechinar de los raíles y me preparo para esa emoción, esas cosquillas que, seguro, voy a sentir. Estoy realmente contenta con lo vivido en el Kutxa Kultur, pues creía que el intimismo de mi música no servía para espacios tan grandes. Pero cuando vi la reacción del público, me quedé flipando. Estaba súper-emocionada, me sentí arropada y estoy muy agradecida. No hay nada más hermoso que escuchar cómo la gente canta unida tus canciones.

Ya eras creativa en otras facetas como la escritura y, hace relativamente poco tiempo, te lanzaste a explorarlo a través de la música. ¿Hay paralelismos entre la forma en la que escribías solo textos y ahora con música?
En la escritura de textos no me pongo, en principio, tantos límites en cuanto a estructura y longitud como los tengo cuando escribo música y letras. Procuro que las canciones no se extiendan demasiado, aunque sé que a veces me paso. Pero es mucho lo que quiero decir. Aunque, sí que noto que tiene, al menos para mí, mayor flexibilidad que escribir poesía.

En el caso de tus canciones, ¿tratas de encajar los textos en ideas musicales que surgen en otros momentos o las creas a la vez?
Normalmente, con sus excepciones, vienen juntas. Siento que tengo que escribir algo, pues tengo una idea muy sencilla en la cabeza sobre la que quiero hablar. Cojo la guitarra y comienzo a cantar frases sobre algunos acordes que, poco a poco, van adquiriendo forma. Una vez completada alguna estrofa, dejo la guitarra para continuar profundizando en el texto, empleando la forma que me haya quedado en esa primera estrofa o estribillo.

¿Qué queda, de aquellas primeras versiones de tus canciones, que creas en un día, en lo que podemos escuchar en el disco? ¿Cómo las ves tú?
Pues creo que se parecen bastante, más vestidas, pues tengo una maravillosa banda que cubre la desnudez de mi música, pero no han cambiado tanto. Me pasa algo que, no sé si es un fallo o una virtud, pero cuando escribo una canción no se puede cambiar. Se puede adornar, se pueden añadir puentes instrumentales o cambiar la estética sonora. Pero lo que es la letra, la estructura que forma, quitar y poner elementos… es como una exigencia. Porque creo que, si tengo ideas para mejorar lo que he escrito, probablemente sea mejor escribir otra canción. Pues será esa nueva canción la que realmente estoy buscando. La canción tiene que responder a aquello que siento. Podrá ser más bonito o feo, ordenado o desordenado, pero reflejará el momento en el que estoy. No es tanto gustar a todo el mundo, sino saciarme a mí misma.

Tus canciones han vivido, junto a ti, un viaje de tres estaciones. De la intimidad de tu habitación, a los ensayos con la banda y el directo, hasta acabar en un disco. ¿Qué te gusta y qué no de cada fase?
De la primera fase me gusta todo, excepto quizás, cuando la musa se te acerca en un momento que no te conviene, como muy tarde por la noche. Pero también es hermoso vivirlo. Como la canción Noviembre, que la escribí por completo de madrugada, tenía que ir a clase por la mañana y no pude acostarme hasta completarla. De los directos y los ensayos me gusta, sobre todo, ver cómo florecen las canciones, aunque puede resultar pesado tocarlas tantas veces. Sobre la última fase, siendo primeriza he descubierto lo tedioso y puntilloso que puede llegar a ser. Si llegamos a contar con más presupuesto, seguramente, el disco nunca hubiese salido a la luz!

En algunas entrevistas has comentado el hecho de no tener estudios musicales, más allá de haber cantado en un coro. ¿Has que punto crees que te beneficia o perjudica este hecho a la hora de crear?
Me perjudica en la riqueza de la parte musical, porque me siento muy limitada. Me encantaría componer en un lenguaje más jazzístico, pero no soy capaz. También me limita a la hora de tocar con banda. Pues los músicos con los que toco dominan el lenguaje y pueden comunicarse entre ellos, mientras que yo me dirijo a ellos por señas. También me da pena no poder escribirlo y tener que aprenderlo todo de memoria. Pero, al mismo tiempo, tengo una falta de prejuicios que me ayuda a realizar cambios en los movimientos musicales que no son tan lógicos, pero que funcionan y gustan. Permitiéndome experimentar sin ningún miedo. Me ofrece el beneficio de la duda de la ignorancia.

Has comentado habitualmente que, los músicos que te rodean te dicen que se aprende, principalmente, con la práctica. El pedagogo americano Edwin Gordon hablaba de que, el proceso de aprendizaje musical, sobre todo en los niños, debe basarse en la práctica: “Experience before sight, before theory”. ¿Te sientes, al menos musicalmente, como una niña?
Ciertamente lo soy. Y me encanta como mis compañeros de la banda tratan de enseñarme y, se esfuerzan en hacerlo como si educaran a una niña. Con ese amor y hablándome en mi lenguaje. Porque hablamos mucho sobre lo que hacemos cada uno y el por qué lo hacemos, para ponerlo en práctica. Nos corregimos y ayudamos. Tengo un gran apoyo en mi banda, y no solo en la faceta musical. He aprendido a escucharlos y a valorar su trabajo de una manera que no creía posible. Pero quiero aprender música, incluso la teoría, porque me he dado cuenta de que cuantas más cartas manejas, más puedes jugar.

¿Cómo definirías la música en una palabra?
Yo creo que es terapia.

¿Es tu disco terapéutico?
Para mí lo es. Ha sido mi psicólogo personal y me ha funcionado. Siento además, que a la gente también le funciona de esa manera. Toda música puede resultar terapéutica. La mía es una terapia intimista.

Ciertamente, los textos parecen ser el motor de la música. En el disco cantas en tres idiomas. ¿Qué es lo que más te seduce de cada uno?
El euskera lo siento de manera especial porque es mi lengua materna. Es crudo y transparente, permitiéndome subrayar las palabras a través de la pronunciación. El castellano tiene la capacidad de crear de lo mediocre algo magnífico, mientras que del inglés me seduce lo liviano que resulta y su musicalidad.

En la forma de crear se nota la importancia que les das a los textos, algo que, sin duda, viene dado por tus primeros pasos como escritora. Los juegos de palabras parecen ser la chispa que da inicio ese proceso creativo. ¿Es así?
Me encantan los juegos de palabras, y en ellos me baso, en parte, para decidir en qué idioma voy a escribir. No tiene que ser algo que tenga una gracia universal, pero cuando llegas a ese punto en el que una idea, expresada de una manera diferente a la habitual, tiene sentido para ti, es entonces cuando la haces tuya. Porque, explicar algo sin jugar con las palabras, no tiene nada de especial. Sin embargo, si eres capaz de transmitir algo, expresándolo de manera diferente, se convierte en tu propia voz.

“Cuando empecé a tocar la guitarra descubrí que, cada vez que necesitaba llorar, agarraba el instrumento y escribía una canción”

Las letras son muy poéticas, etéreas. Con un gran manejo de recursos estilísticos como la antítesis, metáforas… Que parecen no decir nada pero que lo dicen todo, según quien y cuando las lea.
Trato de escribir como una poetisa. No soy tan narrativa y me gusta darles una vuelta de rosca a los conceptos. Un enfoque diferente a través de la abstracción. Para mí las letras siguen siendo lo más importante. De hecho, cuando voy a ver un concierto, para que verdaderamente me guste, necesito escuchar las letras y entenderlas, aunque sean en un idioma que no comprendo. No me vale con escuchar solo la melodía de la voz.

Desde el propio título, empleando un mantra hindú, el disco parece cantarle a la búsqueda de una paz interior, de algún refugio donde esconderte. ¿Son las canciones ese refugio?
Absolutamente. Son canciones que hablan de lo más íntimo, de lo que he vivido. Y me he dado cuenta de que, menos mal que me encontró la música. Me ha servido para depurarlo todo y dejar que “haya sido”. Estoy cerrando una fase. Entregar el disco ha sido como sentir que ya estoy a salvo. Me costó mucho decidirme por un título, pero creo que refleja bien lo que siento tras completarlo.

El disco tiene un halo de espiritualidad que puede resultar terapéutico, ¿es Izaro una persona espiritual? ¿Es esa la estética que le has dado al disco?
He sido y soy bastante energética y espiritual. Tengo la suerte además de poder compartirlo con mi banda, aunque no todas lo aceptan igual! Jajaja Por ejemplo, Oriol (el batería) es muy energético, y nos encanta ensayar con incienso y bajo la luz de las velas. Pero también es cierto que la gente cercana no me reconoce en la portada, porque aparezco muy seria y yo siempre estoy sonriendo. Eso es porque, quien aparece en la portada no soy yo, es Izaro como concepto del disco. Porque, ciertamente, no he sonreído mucho mientras escribía las canciones.

A pesar de esa sensación terapéutica que ofrece su escucha, curiosamente, las letras hablan de un desasosiego y un lamento. Personalmente me recuerdan, en cuanto al contenido, al “Libro del desasosiego” de Fernando Pessoa. Leyendo el fragmento 277 del mismo, ¿resume este texto lo que expresan tus letras?
Me siento muy identificada con lo que escribe Pessoa, de hecho, siento que podría haberlo escrito. Uno de mis fallos es que no se llorar. Ni en público ni en privado. Me cuesta mucho hacerlo y, es algo que me fastidia porque, a veces, puede parecer que no siento las cosas. Cuando empecé a tocar la guitarra descubrí que, cada vez que necesitaba llorar, agarraba el instrumento y escribía una canción. Por eso la mayoría de canciones son como un lamento. Las tocaba muchas veces hasta sentirme agotada, pero aliviada.

Tu voz ha evolucionado mucho en poco tiempo. En las primeras actuaciones imitabas a cantantes de estilos más cercanos al blues-gospel-country. Sin embargo, ahora resulta más personal y delicada. ¿Has encontrado tu voz?
Creo que no tenemos una única voz, y es cierto que el disco ha quedado un tanto homogéneo en ese aspecto, porque los saltos no quedaban bien estéticamente para la producción que lleva. Me he dejado llevar un poco en ese aspecto. Era la primera vez en un estudio, mi primer trabajo y creo que tiene sentido que así ocurra. Pero en directo procuro cantarlos más de la forma en la que los escribí. El disco no refleja toda la garra que creo que saco en los conciertos.

Hablemos un poco sobre el proceso de producción del disco. El hecho de grabar con banda en lugar de sola, ¿corresponde a un deseo personal?
Surgió al final. Porque hemos tocado en directo las canciones antes de tener la idea de grabarlas. Al principio tenía cierto temor a la batería, porque creía que no podía encajar en la sutileza que creo que exige el estilo. Pero tengo una suerte increíble de tener a los músicos que tengo, y han sabido vestir el disco lo suficiente como para mostrar esa desnudez pero sintiéndome cubierta y arropada. Nadie ha querido tener protagonismo y han mirado al bienestar de la canción. Han mantenido la sutileza de origen. Y cuando vi que funcionaba, comprendí que tenía sentido que entráramos todos juntos a grabar. Pero siento que sigue siendo un disco de cantautora, que creo, es lo que soy.

Personalmente me esperaba un disco más de raíz que una producción tan cercana al pop. ¿Refleja el disco lo que querías mostrar de ti sonoramente?
Llevo muy poco tiempo en esto como para conocerme. Ha sido una tremenda búsqueda de mi misma. Algunas canciones han evolucionado en este tiempo y, por lo general, se han calmado. Les falta la rabia que tuvieron durante el proceso creativo y es algo que hecho de menos. Al final, hemos procurado hacer una producción que pudiéramos defender en directo como banda, pero que, al mismo tiempo, pueda interpretar las canciones yo sola, sin vaciarles el alma. Porque voy a tocar también sola, como la gira estatal que inicio con Loyd Cole, donde ambos vamos en solitario.

¿Hasta qué punto has participado en la producción y la definición de las texturas que acompañan a las canciones?
Mis músicos me han propuesto muchas de las maneras en las que hemos grabado las canciones. Podía venir Iker (guitarra y piano) al ensayo y proponerme tocar una canción solo con el piano, lo probábamos y si funcionaba, adelante. Pero esas decisiones siempre tenían que pasar, de alguna forma, por mi filtro.

Hablemos sobre la selección de los temas que has grabado. El disco incluye trece canciones, ¿no eres supersticiosa?
No soy nada supersticiosa. Pero el elegir trece temas ha resultado excesivo. Es cierto que hemos buscado un equilibrio lingüístico que se asemeja a las proporciones de las canciones que tengo escritas, pues hay muchas que no están en el disco. Tampoco he elegido solamente las que más me gustan, porque hay temas a los que creo que, todavía, no les ha llegado el momento. He procurado ser práctica, para defenderlas cómodamente.
Canto en tres idiomas porque soy trilingüe. Pienso y sueño en tres idiomas y, por tanto, escribo en todas ellas. Y, a pesar de que hay quien ha dudado de si podía funcionar, creo que hemos conseguido que tenga sentido. Además, lo veo como algo enriquecedor. Lo más complicado ha sido mantener la homogeneidad vocal empleando los distintos idiomas.

“Grabar el disco ha sido un proceso más duro de lo que esperaba. Me siento como si hubiera parido a un hijo”

Para ir cerrando la entrevista, háblanos sobre tus expectativas, motivaciones e ilusiones ante lo que te viene.
Ahora estoy más tranquila, porque el grabar el disco ha sido un proceso más duro de lo que esperaba. Me siento como si hubiera parido a un hijo. Podrá gustar más o menos que lo voy a querer igual. Pues hay una gran parte de mí en este disco y ha sido un proceso largo, hermoso y doloroso por momentos, pero del que me siento muy orgullosa. Creo que las reacciones de la gente que me sigue están resultando positivas, especialmente de aquellas que han estado ahí desde los inicios. O de la gente del crowdfunding por ejemplo, a quienes estoy especialmente agradecida.
Espero estar a la altura, y cumplir con todos los compromisos que estoy adquiriendo, porque hay mucha gente detrás. No voy a negar que sueño con podernos alimentar de la música y luchar por tener unas condiciones de trabajo dignas. Reconozco las dificultades, pero voy a poner todo por mi parte.

Actualmente, las artistas están obligadas a interactuar continuamente en las redes sociales y mostrar una buena parte de lo que son también en su vida diaria personal. ¿Está la persona de Izaro Andres preparada para lo que pueda venir?
No tengo miedo a la interacción porque aquí el fenómeno fan no existe en la medida agobiante que vemos en otros lugares. Pero sí que me preocupa por el hecho de que soy chica, porque la sociedad está como está y hay mensajes que recibe una chica que se dedica a esto que no reciben los chicos. Es algo que veo en mi banda, pues la bajista es también una chica y ambas recibimos un trato diferente. Tanto por parte de hombres como de mujeres. Porque nosotras nos exponemos musicalmente pero también sexualmente. Sintiéndote evaluada también de esa manera, lo cual, me parece denigrante.

Las redes sociales ocupan mucho tiempo y pueden resultar agotadoras, pero aprecio mucho todo el apoyo recibido y trato de corresponderles, aunque no siempre resulta sencillo. Sé que me debo mucho a la gente que, a través del crowdfunding y todos los mensajes de apoyo que voy recibiendo, me están animado a hacer lo que hago y a continuar por este camino. Por suerte, el 99,9% de la gente que me sigue son personas cuerdas y amables.
No es fácil mantener el equilibrio entre la persona y el personaje y hay quien se lo pueda tomar mal. Pero necesito mantener mi espacio privado y personal lo más intacto posible.

¿Qué te deparan los próximos meses?
Mañana (el pasado sábado) presento el disco en el Kafe Antzokia de Bilbao y después voy a hacer una pequeña gira en solitario teloneando a Loyd Cole por el Estado, con fechas en Valencia, Madrid y Santander. Ya en Octubre tocaremos por aquí, esta vez con la banda. Empezando por Donostia el día 1 y le seguirán otros conciertos en Oñati, Durango, Ondarroa, Barcelona… ¡Estoy muy ilusionada!

Animo eta zorte on Izaro!

Eskerrik asko!

Estos son los primeros conciertos de presentación del álbum:

23 septiembre – Kafe Antzokia (Bilbao)
25 septiembre – Loco Club (Valencia) + Lloyd Cole
28 septiembre – Teatro Barceló (Madrid) + Lloyd Cole
30 septiembre – Escenario Santander (Santander) + Lloyd Cole
1 octubre – Gazteszena (Donostia)
2 octubre – Oñati
7 octubre – Aula de Música (La Garriga)
8 octubre – Euskal Etxea (Barcelona)
14 octubre – Garoa (Donostia)
21 octubre – Inkernu Taberna (Eskoriatza)
28 octubre – Plateruena (Durango)
30 octubre – Maitenia Taberna (Ziburu)
9 noviembre – Arrigorri (Ondarroa)
11 noviembre – Herri Antzokia (Legorreta)
12 noviembre – Otoio Taberna (Lekeitio)
18 noviembre – Bonberenea (Tolosa)